• Capítulo XIII

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  - ¡Señor ayúdeme! Eran las palabras de Sofía mientras intentaba abrir la puerta del vehículo bajando la manija de la ventanilla. Estaba totalmente desorientada.
  - ¿Señorita Sofía Montiel?
  - ¿Quien es? ¿Cómo sabe mi nombre? ¡Ayúdeme a salir! ¡Quiero salir!
  Esta persona desconocida ingresa al auto por el lado del acompañante y se sienta. En ese preciso momento, ingresa nuevamente el chofer, al vehículo por donde justamente había salido.
  - Sofía, Soy Carlos Mayor, pero podés llamarme Don Carlos. Soy socio de tu marido Javier Menéz.
  Sofía orientándose de a poco, corrige bruscamente al Jefe narco.
  - ¡Ex marido! las palabras de Sofía sonaban poco amigablemente.
  ¿Y que haces tu aquí? Preguntaba a Carlos mientras miraba al Chófer a quien también le dijo.
  - ¡Dale! ¡Arranque señor! ¡Me quiero ir! ¡Me quiero ir mierda!
  Carlos, impaciente por naturaleza, aceleró la entrevista para obtener la información e irse. Pues el objetivo era localizar a Javier Menéz.
  - Mire señora, con un tono agrío y seco. Necesitamos saber el paradero de su esposo.
  - ¡Ex esposo! Mierda.
  El jefe narco golpeó de un puñetazo el techo del auto con tal magnitud que Sofía y el Chofer se sobresaltaron del susto.
  - ¡Mirá pelotuda! ¡O me decís dónde carajos puedo encontrar al pelotudo de Javier! ¡O te mato a vos primero y luego sigo con tus hijos, y luego sigo con toda tu familia. Las palabras sin escatimar dulzura de Don Carlos, tan resonantes fueron que hasta el chofer tuvo ganas de salir corriendo de vuelta, subirse al árbol más cercano y resguardarse de aquel temible monstruo.
  - ¿En la casa de el lo buscaron? Fueron las palabras apagadas de una Sofía cada vez más blanca del miedo.
  - ¿Señora usted me esta jodiendo? Obvio que sí. Además si te están por matar, porque te afanaste una tonelada de marihuana no te vas a quedar en tu casa, sentado en el sillón mirando alguna pelotudes en la televisión, ¿No crees?
  Sofía inmóvil, asintió con la cabeza.
  - ¿Una tonelada de marihuana? Asombrada.
  - ¡Sí, eso se robó el hijo de mil puta!
  Pasó un minuto en silencio. Para Don Carlos fue una eternidad, ya no quería más vueltas.
  - Pregúntele al Juanito. El amigo de él. El debe saber donde está Javier. ¿Lo conoce?
  - Ah, ¡El gordo trolo ese debe saber algo! Debe estar enojado también. Exclamaba Don Carlos con una sonrisita hipócrita en su rostro. Luego se dirigió al chófer del taxi.
  - ¡Chofer!
  - ¡Sí señor! Exclamaba el chofer con más miedo que otra cosa. No pensaba desobedecer.
  - Lleve a la señorita a su casa.
  - ¡Muy bien, señor!
  Sofía seguía inmóvil, su día no parecía tener fin.
  Pasaron 10 minutos interminables, después de doblar en una esquina, el Chevrolet blanco estaciona frente a una casa de estilo colonial, muy bien condecorada con plantas y macetas.
  Sofía a duras penas pudo bajar del automóvil, intentó pagar el viaje pero el chofer ni el Jefe se lo aceptó.
  Sofía llegaba entraba a la casa de su madre. Sana y salva. En el peor de los caso, salva.
- Señor ¿Al mismo lugar de siempre? Fueron las palabras de un chofer ya sin temor y con mucho más confianza que antes.
  - Si. Un monosílabo cortante fue lo único que exclamó Don Carlos.
Luego de varios minutos de realizar el trayecto en silencio. Una frenada enfrente de un local interrumpió el letargo.
  - ¡Llegamos! El chofer suspira.
  - ¡Gracias! Expresa Don Carlos abrazándolo al chófer de la nada. Siempre puedo confiar en mi hermano de sangre para estos asuntos importantes. Luego de ese extraño momento, el hombre que vestía de traje de negro egresaba del vehículo. Alguien le abría la puerta desde adentro, mientras el automóvil ya doblaba en la esquina y se perdía en la obscuridad de la noche.

 

La Danza de la Mariposa ©Donde viven las historias. Descúbrelo ahora