El pronóstico indicaba que el día iba a estar cálido, por lo menos hasta el atardecer, pero el cielo engañó a todos al parecer. Nubes grises acaban de formarse, y la eminente garúa no se hacía esperar.
A la altura del Mil trescientos cuatro de la Avenida San Martín, yacía un edificio rústico y opaco, de color beige oscuro. La entrada resguardada por dos enormes árboles y un cartel, da la bienvenida a los visitantes del lugar.
Las primeras gotas se hacían presente en la Funeraria Palomar. El lugar empezó a ser concurrido masivamente. La gente solidarizándose con la situación de una familia muy querida por todos, más tratándose de un niño inocente y lleno de vida como lo era Nicolás.
Pasaron quince minutos, y un auto negro, largo con una insignia de cruz apareció en la puerta de la funeraria. La gente en un conmovedor silencio, liberaron el paso, para que seis hombres, vestidos de negro intachables, carguen el ataúd del interior del automóvil hacia el interior de la sala velatoria. Bajo una llovizna el ataúd es ingresado a la sala donde ésta estaba adornada con muchas coronas de flores, y un cuadro inmenso con el retrato de Nicolás con la frase en dorado. "Hasta la eternidad, nuestro querido ángel."
En la sala principal ya estaban sentados en el banco principal, Rodrigo, quien no entendía nada de la situación y creía que su hermanito sólo estaba durmiendo, y Anabel, destruida por la situación, y preocupada porque no tenía novedades de su hija.
La velación de Nicolás era a cajón abierto y la gente desfilaba para dar sus últimos saludos y sus últimas plegarias. El silencio predominaba en la sala. La lluvia caía a cántaros y el viento castigaba las puertas dobles de la sala velatorio que ya estaban cerradas haciendo un ruido infernal.
Pasaron diez minutos y la puerta doble se empezó a abrir. El misterio se propagó cuando ingresaba un señora de rulos, con un bastón ortopédico y algunos vendajes. Su ojos verdes pardos, estaban inundados de lágrimas, su piel blanca como la mismísima muerte. En una rápida reacción Rodrigo, saltó de su asiento y corrió a los brazos de su madre. El abrazo fue muy conmovedor. Sofía se reencontró con su hijo de nuevo después del fatídico hecho.
Anabel se acercó también, abrazó a su hija, a su nieto, y emprendieron el camino a despedirse por última vez del cuerpo de Nicolás. Al llegar, Sofía cayó duramente en el suelo, el llanto desconsolado se propagó por la habitación. No había nada más por hacer.
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La Danza de la Mariposa ©
AcciónUn homicidio perfecto, un secuestro inoportuno, historias entrelazadas, sangre y muertes. ¿Podrán resolver éste caso? ¿Cómo influyen las mariposas y sus danzas en ésto? Descúbranlo aquí.