Capítulo 5

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- Bueno mejor nos vamos ya, Andrés.
- Vale, un minuto y voy.

Se dirige a mi habitación y se mira en el espejo. Yo me quedo en la puerta de mi habitación observándolo ya lista para salir. Lleva sus dos manos a la cara y hace caras raras delante del espejo, despeina su pelo en una tentativa fallida de arreglarlo y dice:

- Aaaagghhh, y tú te quejas de tu pelo. ¿Has visto esto? Pfff.
- Ala, ala, ala. Pareces una chica. Venga, yo te lo arreglo.
- Graciassss. Eres la mejorrr.
- Jajaja. Claro, claro, cuando te conviene.

Con un peine y el secador le arreglé el pelo y Andrés, todo feliz, se puso a saltar en mi habitación y haciendo más caras raras en el espejo.

- Mira que a veces eres todo un niñito, eh.
- Ñeh. ¿Vámonos?
- Fuimonos.

Caminamos hasta uno de los muchos Starbucks de Madrid y nos encontramos con nuestro grupo de amigos fuera del establecimiento. Nos saludamos entre todos y entramos.
El dulce aroma del maravilloso café americano me invade todo el cuerpo y me invoca memorias hace mucho ya olvidadas. Me fijo en un chico sentado en una mesa junto a la pared más lejos de donde estoy yo, está tranquilo observando su móvil y tomando lo que parece ser un café.

-Bella, ¿qué pasa? Venga, la cola está allí.

Mis amigos me habían adelantado y yo seguía mirando el chico como si estuviera viendo algo imposible.

Flashback

Mi padre trabaja en una gran empresa farmacéutica de Madrid y de vez en cuando tenemos que viajar por alguna conferencia internacional. Hace poco más de seis meses estuvimos en Nueva York.
Fui a desayunar con mi hermana, mi cuñado y mi sobrino a un Starbucks cerca del hotel, mientras mis padres se fueron a la conferencia.

Enquanto entro al Starbucks me deleito con el maravilloso olor a café que impregna todo en la cafetería e hicimos cola para pedir. Enseguida entró un chico joven, de unos 19/20 años y se puso detrás de nosotros en la cola. A cada rato me miraba y me sonreía y yo, obviamente, sonreía de vuelta.

- Ethan deja eso, jajajaja.
- Pero tiaaaaa, quiero leche con chocolate. Yammm.
- Vale, vale.
- ¿Y no hay cereales?
- Si hay, están aquí arriba, toma. - le di sus cereales favoritos a la mano.
- Bella, dime qué quieres, yo pido por ti. - me dice mi cuñado, Bruno.
- Vale. Mmmm... un Muffin de estos de Arándonos y Yogurt - dije apuntando con el dedo en la vitrina llena de dulces - y un café con leche pequeño. Ethan, ven conmigo, a ver si conseguimos donde sentarnos.
- Vale, tia Bella.

Me dio la mano y nos fuimos en busca de una mesa grande lo suficiente para los 4.
Al rato llegaron con nuestro desayuno y pudimos desayunar tranquilamente.
A cada rato mi mirada se encontraba con los ojos azules del chico de la cola, que ahora se encontraba en una mesa justo delante de la nuestra.

- Janny, voy al baño. Cuida la cartera, por favor. - dijo Bruno dándole un pequeño beso en la frente a mi hermana.
- Yo también voy, Bella cuídanos las cosas, por favor. Ethan ven con mami.
- Ok, tranquila, ve.
- Voy mami.

En cuanto me encontré sola me puse a hacer fotos a los bonitos vasos de Starbucks con el hermoso decorado Nueva Yorkino.

- Hola, ¿sóis venezolanos? - dijo el chico de ojos claros mirándome con una bonita sonrisa.
- Si. Bueno, mi hermana lo es, yo soy española. Vivimos en España, Europa.
- Ah, muy bien. Mi madre es venezolana. Por eso hablo español.
- Que bien.. - sonreímos los dos durante un rato.
- Bueno, ¿y que hace una europea en el centro de Nueva York?
- Mi padre está aquí para una conferencia y por eso aprovechamos y nos vinimos todos de vacaciones.
- Ah vale. ¿Entonces te quedas más unos días? ¿Te puedo dar mi número?
- Mmm...ya me voy mañana a otra zona. Así que...
- Ah ya... Bueno que pena. Igual espero que disfrutes el resto de tus vacaciones.
- Gracias. - mi hermana se dirige a la puerta así que yo recojo las cosas y me dirijo a la puerta también.
- Adiós, cuídate.
- Gracias, igual.
Intercambiamos un último juego de miradas y una última sonrisa y me fui.

Fin del Flashback

Fui donde mis amigos, me pedí mi café americano y no paré de observarlo con cuidado. Me parecía imposible. "No puede ser él", pensé.

- Mmm, estas rara. ¿Qué pasa?
- Nada.
- ¡Bella! - llamó la chica del mostrador con un café con mi nombre escrito.
- Oye Andrés - recojo el café - vayan sentándose, ahora vuelvo.

Doy un sorbo al maravilloso, y demasiado caliente, café y me acerco al misterioso chico. Este se da cuenta y me mira levantando la mirada sin moverse. Mira el teléfono y me vuelve a mirar como si no se creyera lo que estaba viendo.

- Hola.
- Hola.
- ¿Eres tú? ¿La europea de Nueva York?
- Si. ¿El nueva-yorkino del Starbucks?
- Si. ¡Qué coincidencia encontrarte aquí!
- La verdad es que si...
- Yo, mmm, no sé qué decir, debo admitir que pensé en verte pero me pareció una idea demasiado absurda e imposible.
- Pues si... Bueno, ¿y que hace un Americano en Madrid?
- Vine a visitar un amigo que vive aquí, me quedo un mes.
- Me alegro. Pues yo justo hoy quedé con unos amigos, están fuera en las mesas. Si no estás ocupado podrías...
- Si, me encantaría.
- Bien, sígueme.

Sonreímos y nos dirigimos a donde estaban mis amigos, en la explanada del Starbucks.

- Oigan chicos, quiero presentaros a alguien. Este es un chico al que conocí hace unos...mmm...6 meses, creo, cuando estuve con mi familia en Nueva York.
- Ah, ¿si? - dijo Adán con cara de celoso.
- Si, Adán. Jajaja.
- Mucho gusto. Me llamo Abby.
- Mucho gusto, yo Joel. - dijo el chico de ojos azules.
- Si, mucho gusto. Yo soy Aria.
- Joel. - repitió.
- Y yo Noah.
- Un placer, Noah. Joel. - volvió a repetir.
- Yo Adán, como ya debes de haber notado.
- Si, lo había notado. - se rió.
- Yo soy Andrés, uno de los mejores amigos de Bella.
- Mucho placer Andrés, yo Joel. - cada vez que repetía su nombre, este me sonaba más bonito.
- Mark, es un placer Joel.
- El placer es mío Mark.
- Juan, un placer.
- Joel.
- Manuel.
- Un placer Manuel.
- Alejandro, puedes llamarme Alex.
- Perfecto.
- Nicol, todos me llaman Nicky.
- Ok Nicky.
Terminó su recogido por la mesa y volvió donde estaba yo.
- Entonces te llamas Bella.
- Si, y tú Joel.
- Si. Por lo menos ya sé tu nombre, vamos progresando. Mejor que la última vez, jajaja. Al menos hoy no me rechazaste.
- No te rechacé. ¿Para qué darte mi número si ya me iba?
- No sé, hay una cosa que se llama whatsapp que sirve para enviar mensajes para cualquier sitio del mundo. Jajaja.
- Ya. Bueno, lo siento. Tampoco voy dando mi número a cualquier chico que me mire, ¿sabes? Jajajaja
- Nada, si, es normal. Entiendo, no me conocías de nada.
- Ya...
- Pero quiero cambiar eso.
- Entonces hoy es tu día de suerte. Y, si te portas bien, al final del día te doy mi número. Jajajaja.
- Vale, me parece justo.
Adán se posicionó detrás de mi y me rodeó con su brazo.
- Bella, Bella, Bella. ¿Cómo estás?
- Bien, Adán- dije yo retirando su brazo - ¿y tú?
- También. ¿Que tal Ethan?
- Bien, hoy por la mañana lo llevé al colegio. ¡Es más mono!
- ¿Ethan? - preguntó Joel.
- Si, Ethan es el sobrino de Bella. - Adán parecía que estaba en un concurso para ganar mi atención.
- Aaaaah, el niñito que estaba contigo en el Starbucks.
- Exacto, ese mismo.
- La verdad es que es muy bonito. Me acuerdo que quería leche y cereales. ¿Te acuerdas? Tuviste que cogerlos tú porque él no alcanzaba.
- Siiiii. - el intento de Adán fue fallido.
- Ampf...

Y así estuvimos todo el final de la tarde. Adán y Andrés intentando ganar mi atención, yo hablando con Joel y con las chicas y los chicos en un concurso estupido de "quien es el mejor", menos Mark, ese siempre es muy tranquilo.

Parecen niñitos. Siempre que hay alguien nuevo los chicos se ponen en plan "macho alfa" intentando "ganar". Y no lo entiendo. Eso era una de las cosas que más apreciaba en Simón, él nunca buscaba atención, nunca intentaba obtener la aprobación de los demás. O quizás si pero no cambiaba para lograrlo.

En el fondo la opinión de los demás le importaba mucho, si no... no se hubiera suicidado (aún siento un cuchillo en el corazón cada vez que lo digo), pero no se le notaba. Siempre hacia sus tonterías como si no existiera nadie más, siempre intentaba hacerme reír, aunque tuviera que hacer el payaso.

Eras increíble, Simón.

Al terminar la noche yo y Andrés acompañamos a Joel a la casa de su amigo, resulta que se está quedando a 15 minutos de nosotros. Andrés y Joel se hicieron amigos y eso me encantaba.
Después de darle mi número a Joel, Andrés me acompañó a casa. Se quedó, como siempre, un ratito hablando con mis padres y viendo la tele y después se fue a su casa.

¡Wow.. que día! ¿Coincidencia?

Un momento define una vidaHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora