Capítulo 4

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Cómo le echo de menos. Lo daría todo, absolutamente todo, para poder cambiar el pasado. Pero no puedo, ¿verdad?

Simón, al contrario de lo que él pensaba, era el mejor chico que había conocido jamás, lo tenía todo para ser el mejor chico, mejor amigo, mejor hijo, mejor esposo, mejor padre, todo lo que él quisiera ser.
Pero infelizmente él no lo veía así, él no se valoraba y apenas veía sus defectos. Él mismo era su mayor enemigo.
Al inicio todo era perfecto, todo eran alegrías, chistes y sonrisas. Pero con el tiempo... con el tiempo todo cambió.
Ya no todo eran buenos momentos: tenía sus momentos buenos y sus momentos horribles, a cada rato le daba una bajona y quería hacerse daño o, peor, suicidarse. Varias veces dejó completamente de comer e incluso llegó a cortarse en múltiples ocasiones.
Aún así, Simón era el chico más fuerte y valiente que alguna vez tuve el placer de conocer. Cuando él nació su madre se suicidó y su padre le culpaba por ello. Su padre se emborrachaba y le pegaba. En clase le hacían bullying. Él odiaba su cuerpo por muy perfecto que este fuera, a mi parecer. Y su mente... ¡Diossss, su mente!
Sin duda tenía una mente privilegiada. No sólo era un genio en todo lo que se propusiera, él era todo un artista. Su mente nunca nadie entendió, apenas yo tuve el privilegio de poder entrar en un trocito de esta.
Tenía un corazón de oro y hacia todo para hacer feliz a todo el mundo. Pero infelizmente la gente nunca le valoró, nunca nadie se fijó en sus cualidades devido a sus momentos malos.
Y es que por muchas cosas buenas que él hiciera, en cuanto se pusiera mal, la gente pensaba mal de él. Y, también infelizmente, los malos momentos eran todo lo que recordaban.
Yo, sin embargo, nunca pensé como los demás. Yo siempre vi su potencial, sus cualidades, las cosas buenas que hacía.

Cómo me duele usar los verbos en el pasado... "Hacía", "era", "tenía", etc...

Con el tiempo se fue deprimiendo cada vez más y más, cuando quise darme cuenta ya no habían momentos felices ni buenos, todo eran problemas, cortes, libretas deprimentes y tentativas de suicidio.
Le pedí que se tratara, que fuera a un psiquiatra o psicólogo. Le supliqué miles de veces que por lo menos llamara a una de esas líneas de apoyo para personas que piensan en matarse.
Lo intenté absolutamente todo, le llevé a pasear a sus sitios favoritos, le organicé fiestas y le di regalos. Hice todo a mi alcance pero aún así empeoraba de día para día.
Muchas veces me llamó llorando y diciendo "es hoy, hoy pondré fin a este sufrimiento" pero, debido a que lo conocía como nadie en este mundo, siempre pude detenerle.

Yo pensaba que siempre podría detenerte.

Me acuerdo en cierta ocasión de su llamada a las 2 de la mañana. Corrí a su casa (vivía dos calles arriba de donde vivo yo) y le encontré en el baño de su habitación casi muerto, repleto de sangre.

Aún tiemblo sólo en recordarlo.

Imediatamente llamé a mis padres y estos llamaron una ambulancia (yo ni eso pude hacer ya que estaba llorando y temblando mientras intentaba hacer que se despertara). En el hospital le cuidaron y le aconsejaron a su padre que le llevara por lo menos a un psicólogo. Su padre hizo caso omiso y mis padres lo llevaron a un psicólogo.
Por un momento todo mejoró. Pero cuando yo pensé que ya mi pesadilla había terminado todo se volvió a derrumbar.

Día 25 de Mayo de 2014
En respuesta a su llamada, una vez más, salí corriendo en su dirección. Esta vez se encontraba en la azotea de su edificio, observando la gran ciudad. Corrí en lo que, pensé, sería un intento más. Pero todo cambiaría ese día.

Un edificio muy alto. Una azotea amplia con vistas hacia toda la ciudad. Una noche oscura que jamás olvidaría.
- No, no. Por favor no lo hagas. ¡Te lo suplico! - dije entre lágrimas mirando su silueta dibujada en el cielo negro decorado con estrellas.
- ¿Por qué Bella? ¿Por qué no? Nadie notará mi ausencia. ¡No hago nada en este mundo y estoy harto de él!
- Por favor...no lo hagas... Y-yo te necesito. Yo notaría tu ausencia. Yo...no podría vivir sin ti.
- ¡Mentira! ¡Eso es una mentira! Una mentira más en un mundo de mentiras. Déjame. Vete. Si no quieres verme ¡vete!
- No lo entiendes...
- Eso no es verdad. Tú eres la que no entiende: No sirvo para nada. Soy un mal chico, un mal amigo y un peor hijo. Nunca fui muy bueno en clase y ni nunca conseguiré un trabajo. Si llegase a casarme sería un marido horrible y si tuviera hijos sería el peor padre. Estoy completamente harto de este mundo. Los moretones cada vez son más difíciles de ocultar y los cortes más profundos y aún así no logro terminar con mi sufrimiento.
- Todo mejorará. ¿Me escuchas? Todo mejorará y saldremos de esta juntos, como siempre hicimos. ¡Por favor!
- Escúchame Bella. No puedo más, no puedo ni quiero. Hoy terminaré con todas las libretas de historias tristes y dibujos deprimentes. Hoy romperé todos y cada uno de los espejos que alguna vez me dijeron lo feo y horrible que soy. Sé que lo dije muchas veces y nunca lo cumplí...pero hoy será diferente.
- No... - las lágrimas me nublaron la visión y cuando vi que de verdad lo haría di un paso hacia él.
- Bella, ni te acerques. Por favor. Aléjate.
- Y-yo te quiero...
- Y yo a ti, Bella. Te quiero y te querré hasta mi último segundo.
Sabía que aquellas palabras, aquel "Te quiero", no eran simples palabras al aire. No lo decía por alegrarme los oídos. Lo sentía de verdad. Al igual que yo. Nunca sentí tanto dos palabras como aquel día. Pero lo peor es que lo sabía: sabía que aquellas palabras eran palabras de despedida.
Desde esas últimas palabras todo pasó a cámara lenta:
Me miró a los ojos, movió su mano en señal de despedida y cerró los ojos dejando así brotar sus lágrimas. Se dejó caer hacia atrás cayendo así al vacío. Yo corrí en dirección a él, me di contra el muro de piedra que evitó que me cayera tras él y me dejé caer en el suelo llorando.
Lloré, lloré y lloré como nunca había hecho en toda mi vida.
Mi corazón dolía como no sabía ni que era posible, mi cuerpo se paralizó y me era completamente imposible mover un solo músculo.
Pasó lo que para mí fue una eternidad y entonces todo dejó de doler. Por apenas unos segundos el dolor desapareció y los sonidos con él. La imagen turbia que veían mis ojos dio lugar a un cuadro perfectamente negro y no había nada. No sentía nada.
Cuando volví a mi me levanté con las fuerzas que ni yo sabia que aún poseía y bajé corriendo las infinitas escaleras del edificio. Y entonces le vi, en el suelo, yacía muerto.
Corrí hacia él y lo abracé. Un calor infernal recurrió mi cuerpo mientras lloraba las últimas lágrimas que poseía y gritaba las únicas palabras que existían en mi mente en ese entonces:
"Vuelve Simón, vuelve."
Me quedé ahí llorando en su pecho hasta que vino una ambulancia y nos llevaron a los dos.
Una vez más no existía ni un solo ruido, cuando me hablaban apenas escuchaba un suave murmullo casi imperceptible.
Solo fue cuando llegamos al hospital que el silencio tranquilizador dio lugar a un ensordecedor ruido.
Me hicieron todo tipo de exámenes y llamaron a mi familia.
Mi ropa aún cubierta de su sangre era todo lo que tenía de él...y hasta eso me quitaron.

Ese día perdí a mi mejor amigo y a la persona que más quería. La vida me lo quitó. Perdí lo más preciado que "poseía". Ese día Simón al suicidarse no sólo se mató a si mismo, con él se llevó a una gran parte de mi, porque podría jurar que ese día algo en mi murió.
Lo perdí y no por mi culpa, al menos mi consciencia está limpia porque sé que aproveché al máximo el tiempo. La culpa la tienen todos los que le trataban mal, la tiene su padre por no quererle.
Una pequeña parte de mi aún sufre pensando en qué podría haber cambiado...
¿Podría yo haber hecho algo más para salvarlo? ¿Podría él aún estar aquí?
Es verdad que la vida me dio muchas oportunidades pero también fue ella misma la que me quitó muchas.

Así es: "Somos hechos de momentos. Todo nuestro pasado, nuestras elecciones, lo que nos hicieron, la gente que conocimos, todo, absolutamente todo en nuestro pasado es lo que hace de nosotros ser quien somos. Pero un momento define nuestra vida." Ese momento es el que definió la mía.

Vuelve Simón, vuelve...

Un momento define una vidaHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora