Resulta que mi papa se había ofrecido, con apenas una semana de antelación, para substituir a uno de sus compañeros en el viaje porque este se había enfermado.
La semana pasó volando y por fin había llegado el día tan esperado. El viaje por el cuál más esperé de toda mi vida.
Nos despertamos súper temprano y a las 6am ya estábamos en el aeropuerto.
Anthony aún estaba despierto y hablamos hasta el último segundo que tuvimos haga que entré en el avión.
Los dos estábamos tan felices, tan ansiosos por finalmente vernos.
Sentía mariposas en el estomago, fuego en el corazón, hielo en las manos, temblor en las piernas y hasta huracanes en el cerebro.
En cuanto aterrizamos no pude evitar dar un pequeño chillido de alegría.
Por fin lo vería en persona. Al chico por el cuál, admito, estoy perdidamente, locamente, hipnotizadamente y peligrosamente enamorada. Mi sonrisa irradiaba mi felicidad y todo el mundo notaba lo feliz que estaba. Corrí por el gran aeropuerto y en cada movimiento se me notaba más la felicidad.
- Tranquila hija. No es para tanto. - dijo mi papá dándome un beso en la frente.
- ¿Que no? Está demasiado enamorada, ¿no la ves papá? Ay hermanita, hermanita... te entiendo, sé lo que es.
- No, no la entiendes Janny. Recuerda que tú veías a Bruno casi todos los días. Ella nunca lo vio. - mi mamá sabía exactamente qué estaba yo pensando.
- Exacto mamá. Gracias.
- De nada hija. Pero respira hondo que si no te da algo. - dijo acariciando mis mejillas completamente tensas de la gigante sonrisa.
Pasamos el control y recogimos las maletas.
Puse el wifi del aeropuerto en mi móvil y le avisé:
"Ya estamos saliendo."
Al segundo me respondió:
"Ya la estoy esperando."
Le había dicho que no era necesario venir a recogerme al aeropuerto ya que nosotros teníamos un medio de transporte que la empresa provenía. Aún así él quiso venir y ahora que sabía con seguridad de que estaba a apenas unos pasos de verlo mi mente empezó a pensar en los miles de detalles.
"¿Qué hago? ¿Corro hacia él? ¿O camino como si nada? ¿Le abrazo? ¿Le saludo con dos besitos? ¿Le saludo con la mano?"
A cada segundo mi mente pensaba en miles de preguntas a las que yo no podía contestar y sin siquiera pensarlo empecé a decir palabras casi imperceptibles, en voz alta:
- Ay Dios mío. Está fuera... nononono. No puedo. No puedo salir. ¿Cómo me veo? ¿Y si no le gusto? ¿Y si no soy como él piensa? ¿Cómo le saludo? ¿Corro hacia él? Aaaaayyyyy.
- Hahahahaha. Tranquila Bella. Respira. - mi hermana como siempre muy risueña.
- Cariño, está más que claro que le gustas y estoy segura que seguirá siendo así. Y salúdale como te salga. Si cuando lo veas sientes la necesidad de correr a abrazarlo hazlo. No pienses demasiado, ¿vale? Sólo sigue tu corazón, verás que todo irá bien.
- Vale... Gracias, mamá.
- De nada, mi amor.
Respiré hondo una última vez y me dirigí a las puertas que se abrieron inmediatamente debido al sensor. Enseguida lo vi.
Ahí estaba, con un hermoso ramo de flores en la mano y una sonrisa enorme en los labios.
El tiempo se congeló y pude observar cada mínimo detalle en él.
Jamás lo había visto sonreír tanto, sonreír de verdad. En las fotos siempre que sonríe es con la boca cerrada. Nunca le había visto tan feliz...
Su sonrisa era perfecta. Tal como él. Todo en él era perfecto y verlo allí, esperándome, solo ayudó a que me diera, aún más, cuenta de ello.
Llevaba una sudadera sin mangas blanca que solo ayudaba a definir su físico, tan lindo, tan perfecto, tan irresistible...
Llevaba también unos vaqueros y unos tenis. Dicen que los chicos no se preocupan con lo que visten, que apenas cogen lo primero que ven pero debo admitir de que él estaba perfecto. Tan perfectamente conjuntado, todo en el se veía perfecto.
Su pelo estaba igual que siempre: brillante, sedoso y bien peinado.
Hasta su tono de piel era perfecto.
Jamás había visto alguien tan guapo, o al menos jamás me había fijado. Jamás había sentido todo lo que sentí con tan solo verlo.
Y mi madre tenía razón. Debía seguir mi corazón y eso hice. Corrí a abrazarlo.
En cuanto empecé a correr él dio dos largos pasos en mi dirección, se notaba que quería verme, que estaba ansioso por estar conmigo.
Lo abracé y el tiempo se volvió a congelar por unos segundos.
Abrazarlo por primera vez fue la mejor sensación de todas, por fin pude sentir que esa conexión tan perfecta no era solo tecnológica.
Por fin pude ver ese "en línea" y ese "escribiendo..." en mis brazos y se sentía tan bien.
Su piel, tan suave y aterciopelada. Su olor, tan dulce y fresco a la vez. Su temperatura, un calor tan confortante.
Volví a pensar en mi cabeza: Todo se sentía perfecto. Todo encajaba por fin. Este día, estoy segura, jamás lo olvidaré.
Anthony me abrazó con cuidado para no estropear las flores y pude escuchar en mi oído su suspiro. Eso quería. Quería verme, tenerme, abrazarme.
Los dos pensábamos lo mismo. Los dos sentíamos lo mismo. Los dos estábamos por fin en paz.
Cuando nos soltamos los dos tuvimos la misma exacta reacción: mirarnos con cara de "no me lo puedo creer".
Tapé mi boca y mi nariz con ambas manos de los nervios, intentando disfrazar mi sonrisa. Él sonrió una vez más al ver esa reacción y me entregó el hermoso bouquet de flores.
Las olí, olían tan rico.
- Gracias. - pude notar como mis cachetes se volvían rojos como un tomate.
- Está aquí... En serio está aquí... - dijo incrédulo.
- Si, lo estoy. Y nunca sentí tanta felicidad.
- Ni yo. Estaba tan ansioso por este momento, parecía que los minutos no pasaban.
- Haha, si. Es verdad. - mis ojos amenazaron con dejar brotar lágrimas de felicidad y yo respiré hondo para aguantarme. Miré hacia atrás y vi que mi familia estaba llegando. - Esta es mi familia.
Se los presenté, uno a uno, y Anthony los saludó respetuosamente.
Mi hermana no paró un solo segundo de hacerme ojitos de "tenías razón, es bien guapo" y yo no pude evitar sonreír.
Mi familia siguió caminando y nosotros les seguimos unos pasos detrás.
A cada momento sonreíamos y es que no lo podíamos evitar, esto si era felicidad... felicidad pura.
Anthony sabia que tenía que irme en el transporte que la empresa provenía, con mi familia, pero aún así nos acompañó hasta entrar en el mini autobús.
Se ofreció enseguida para llevar mi maleta y siempre tenía el cuidado de que yo estuviera bien.
Me compró una botella de agua en una máquina y también un Kinder Bueno Blanco, sabía que era mi chocolate favorito. Como vienen dos lo compartimos.
Cada ves que, al caminar, nuestra piel se tocaba suavemente sentía una corriente eléctrica por todo mi cuerpo.
- Te había dicho que tenemos transporte, no tenías que venir...
- Lo sé. Pero quería mucho venir. Necesitaba verla.
- Jeje... Gracias por todo.
- Entiendo que se tenga que ir con su familia, yo tengo que ir a hacer unas cosas que mi padre me pidió y seguramente usted querrá cambiarse de ropa o sencillamente descansar, ponerse cómoda. En un vuelo muy largo. ¿Nos podríamos ver luego de eso? Me gustaría estar con usted... quizás incluso pasear por Nueva York.
- Me encantaría. Le pregunto a mis padres y enseguida te lo digo.
- ¿Para qué dices que nos lo vas a preguntar? Ya sabes la respuesta: claro que si, cariño. - mi madre estaba escuchando lo que decíamos.
- Bueno, pues ahí tienes tu contestación.
- ¡Bien! ¿A qué hora nos vemos? La recogeré en la entrada de su hotel.
- No sé. Yo calculo que a las 2pm ya estoy más que lista.
- Perfecto. Nos vemos en la entrada de su hotel a las 2pm entonces.
- Perfecto...
Me dirigí a la puerta del mini autobús y Anthony se apresuró a abrirme la puerta.
- Hasta ahora entonces. - dije despidiéndome con dos besos en la mejilla.
- Hasta ahora señorita. - sonrió y una ves más me derretí por dentro.
Entré y el cerró la puerta. Me despedí una última vez con la mano y me quedé observándolo mientras nos alejábamos.
Anthony, Anthony, Anthony...
No entiendo cómo lo hiciste pero entraste en mi para quedarte. No hay un solo segundo en el que no esté pensando en ti. Eres mi brújula, mi dirección y mi destino... mi todo.
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Un momento define una vida
Romansa"- Todo mejorará. ¿Me escuchas? Todo mejorará y saldremos de esta juntos, como siempre hicimos. ¡Por favor! - Escúchame Bella. No puedo más, no puedo ni quiero. Hoy terminaré con todas las libretas de historias tristes y dibujos deprimentes. Hoy r...
