La familia.

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NARRA ALENA

Samuel y yo recogíamos nuestras cosas para volver por fin a casa. 

Era Junio, habíamos pasado 249 días exactos dentro de aquel hospital de Madrid, durante 24h. Por fin volveríamos a pisar la ciudad, nuestra casa, volveríamos a salir, a grabar, a divertirnos, a hacer vida normal, y lo mejor, juntos.

Hace un mes no lo veía tan claro, pero estaba ocurriendo. Samuel y yo. 

Se acabaron las malas rachas, los malos tragos, los problemas, las peleas, los lloros, los sufrimientos, ya está, nada más puede pasarnos para lo que no estemos preparados.

Y no estábamos solos, nunca lo estuvimos, y nunca lo estaremos. Tenemos a los mejores amigos, a la mejor familia, tenemos todas las personas que queremos y que necesitamos a nuestro lado.

Guardo las últimas cosas en la mochila, me la echo al hombro, y me giro para mirar a Samuel. Lleva unas bermudas cortas azul turquesa, una camiseta blanca de manga corta con cuello redondo de botones, y unas playeras grises. Su pelo, largo y rebelde, le da un aspecto antisocial y desenfadado que me encanta. A pesar del tiempo, de todo lo que ha pasado, sigue siendo como un dios griego, como un príncipe de cuentos, mi principe.

Observo como mira a sus alrededores, contemplando cada rincón de la habitación que le ha acogido tanto tiempo. Recorre cada escondrijo con sus manos, palpando la historia.

Y se gira, y me mira. Se acerca a mi, y me abraza por la cintura, acercándome a su cuerpo lo más posible. Me besa en los labios, y noto la humedad de sus lágrimas.

-Se acabó, ya está. Adiós a todo esto.- me susurra, emocionado.

Todo esto significa mucho, para ambos. Ha sido nuestra mayor batalla, y hemos vencido. Nos ha dado tiempo para ver quien somos, que tenemos, lo que queremos, y lo que de verdad merece la pena. Ha sido una auténtica declaración de intenciones, de lo que buscamos en un futuro, de lo que queremos mantener, de por que cosas estaríamos dispuestos a luchar hasta el punto de jugarse la vida, o de invertir dicha en vida en tirar de los dos, juntos, hacia adelante.

-Lo hemos conseguido.- digo, yo también entre lágrimas, y me fundo en sus labios, y lloro, diciendo con gestos todo aquello que las palabras no pueden expesar.

-Ahora nos toca a nosotros estar bien, Alena.- y me mira, y me pierdo en sus ojos café, y deseo que el tiempo se detenga, que las agujas del reloj no pasen, que eso dure para siempre. Juntos, como nos prometimos, para siempre.

-Gracias por no romper tu promesa, Samuel.

-Sabes que nunca rechazaría una perpetuidad contigo. No estaba dispuesto a perder la oportunidad.- y sonríe. 

Le vuelvo a abrazar, e inhalo su olor, y siento su calidez, su palpitar, su energía.

Está vivo. Estamos más vivos que nunca.

Le tomo de la mano, y salimos del hospital. Desde fuera, echo la vista atrás, recordando cada minuto de aquella etapa. El miedo, la desesperanza, la pelea, la victoria, la alegría, el amor, y su mirada nada más despertar. He visto a Samuel muerto, si, pero también le he visto sonreír, le he visto alegre, y renovado. He visto como Willy, Luzu, Lana, Alex, y Frank sufrían, lloraban, luchaban y reían por Samuel. He visto que, tras esto, nada nos detendrá, nada evitará que sigamos aquí, juntos, y sonrientes.

Me tallo los ojos, y delante mío, los de siempre, los tontos estos, que son de lo mejor que tengo.

-Vamos, hombre, ¿todavía estás llorando? Madre mía las hormonas...- vacila Luzu, y me yo golpeo su hombro.

-Callate, coño. Siempre cargándote la emotividad.- le riño, y luego me giro al hospital, y levanto la mano.- Ale, a tomar por culo, espero no volver a verte.- digo riendo, y entonces tomo la mano de Samuel.- Y tu y yo vamos a celebrarlo como se merece.- y le beso.

-Bueno bueno, como se notan aquí los ocho meses sin...-interrumpo a Frank con una colleja.- Ala ala, que humor...- y todos estallamos en carcajadas.

Antes de entrar en el coche, Luzu agarra a Lana de la cintura, y se situan delante de todos.

-Bueno chicos, nosotros, ehm...tenemos algo que decir.- dice nervioso, y mira a Lana con una sonrisa. Todos nos quedamos unos segundos en silencio, esperando.

-¿Cuanto más vas a alargar el hype?.- bromea Willy.- Venga, chaval.

-Lana, bueno, nosotros...-comienza a trabarse.- Estamos embarazados.- todos nos miramos entre nosotros, estupefactos, sin creerlos. ¿Qué? ¿Luzu y Lana? ¿Papás?

-¡Es absolutamente genial!.- fui la primera en romper el silencio, gritando y abrazándolos a ambos y besándo sus mejillas.

-Un mini-Luzu hablando delfínico, eso hay que verlo.- todos nos reímos con la broma de Samuel.

-Bueno, pues uno más en la familia, tendré que desarrollar el papel de tito Alex.- comenta, y todos nos miramos sonriendo.

-Y tu y yo...- Samuel me abraza por la cintura y me susurra al oído.- Igual aprovechamos el momento, que así mini-Luzu tiene un amiguito.- me besa la mejilla, yo giro entre sus brazos, y le beso en los labios.

Tras una pantalla. (Vegetta Fanfic.)[COMPLETADA.]Donde viven las historias. Descúbrelo ahora