Capítulo 3

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Acomode el maletín sobre la mesa de entrada del juzgado de paz. Mire directamente a uno de los tipos que estaba del otro lado y frunci el ceño, sin querer recordé las palabras de mi sobrino: "de tanto enojarse el tío un día se va a volver muy viejito".
-¿Cuántas veces voy a tener que venir por acá para que el juez me reciba el caso? Esto es una vergüenza, lo vengo persiguiendo desde de zona Sur.
-Señor, calmese. Ahora el doctor Halvinstang está de vacaciones así que...
-¿De vacaciones dijo?
-Si.
-Pero si es pleno mayo por dios ¿Quien carajo se toma vacaciones en mayo?
-Señor Stancovitch, entiendo que es difícil pero usted tendría que estar mas acostumbrado que yo a todo esto.
Me quedé mirando al pobre pibe que ahora se dirigía hacia mi detrás de la mesa. No lo podía creer ¿Me acababa de decir que esta irresponsabilidad tenía que ser una costumbre?
-¿Hace cuánto trabajas acá? No, no, ¿Hace cuánto estás ejerciendo?
-Hace dos años.
-Dos años, ¿Sabes hace cuánto estoy ejerciendo yo? 15 años.
-Lo se, todos en el ámbito jurídico sabemos de su nombre. Pero lo lamento, aún así sigue siendo el fan que persigue a la estrella de rock-solto mientras comenzaba a meter unos papeles dentro de una carpeta azul, pude notar como una sarcastica sonrisa se dibujaba en los labios del sujeto.
-Decile al juez que estuve por acá. Qué para la próxima compro la entrada y no me colo al concierto. La seguridad que tiene son puros pubertos.
Agarre el maletín y camine escaleras abajo, hoy opte por no tomar el ascensor.
Una vez ya en la planta baja empuje la puerta giratoria y salí hacia la calle. El sol de la mañana me dio la bienvenida a la rutina del día. Saque de mi bolsillo las llaves del auto, y me encamine hacia el estacionamiento en busca del auto.
La oscuridad que cubría el subsuelo, donde se encontraba el estacionamiento me tomaron por sorpresa, apenas había un foco que alumbraba el único pasillo que llevaba hacia el resto del aparcamiento. Trate de mirar entre medio de la escasa luz algún rastro que me diera la visibilidad de mi automóvil.
A lo lejos pude ver el incomparable azul Francia de mi coche y camine ligeramente hacia el. Le quite la alarma, abrí la puerta del conductor y subí. No sé porque pero me sentía perseguido, observado y mi respiración no dejaba de delatar la evidente paranoia que comenzaba a colmar cada parte de mi cuerpo. Encendi el auto y comencé el camino hacia mi estudio.

Al llegar me encontré con la imagen de mi secretaria y sus inconfundibles ojeras; trate de no reír cuando llevo su mirada hacia mi regalandome una cansada sonrisa.
-¡Vamos que es lunes, Dana!-la anime y me acerque para saludarla con un beso en la mejilla.-¿Cuántos años tenés? Me voy a asustar si decís que cien. Aunque para ser sincero...
La chica dió un suspiro poniendo los ojos en blanco y nego, una sonrisa divertida se acercó a sus labios.
-Tengo 22, Roberto, pero igual me siento de 100.
-Eso es malo.
-Si, eso creo.
La puerta del estudio se abrió y por ella ingreso Manríque. Me había olvidado que hoy teníamos otra cita.
Me acerque hacia el y extendi mi mano para saludarlo, el hombre la estrecho duditativo.
-Buenos días, Manrique-solte su mano y mire mi reloj de muñeca-Puntual como siempre.
-Es la segunda vez que me ve señor ¿Cómo sabe que soy puntual?
Por primera vez note un aire positivo en el rostro de aquel hombre, pero aún así no me hizo sonreír sino todo lo contrario.
-Bueno, vamos. Pasemos a mi oficina así le doy un par de noticias.
Ambos entramos a la primer puerta que se encuentra a la derecha de la recepción del estudio, y cierro la puerta detrás de mi. Le ofrezco a Manrique que se siente del otro lado del escritorio y este no duda nada en hacerlo, se sienta cómodamente en el al momento.
-¿Quiere un café, un vaso con agua, un vaso de jugo? ¿Algo?-le pregunto mientras comienzo a sacar de una de las tantas carpetas apiladas en mi escritorio, unos papeles.
-No gracias, señor, ya desayuné antes de venir y mi próxima comida es recién a las 12 del medio día.
-¿Lleva alguna dieta?
-No, solo que me gusta tener todo en orden.
Me quedo pensando un poco en eso último "Todo en orden", típico. Las personas que esconden secretos o que llevan sobre sus espaldas historias pesadas, tienden a buscar tener en control aquello que si pueden controlar por ejemplo: la limpieza. Lo demás no pueden controlarlo, no pueden limpiarlo de sus almas, están sucios, se sienten sucios y eso los domina. El auto engaño siempre es una buena salida para tanto desastre interno.
-Bueno. Ayer me llegó la notificación que le comenté. El caso fue aceptado. Las pruebas fueron entregadas por la otra parte, por lo tanto tenemos muy poco tiempo para comenzar a dar nuestros próximos movimientos.
-¿Voy a ir preso, Doctor?-la voz del hombre frente a mi suena con claro nerviosismo, levanto la mirada de los papeles y me encuentro directamente con sus oscuros ojos llenos de lágrimas. No me conmueve, así que me muestro neutral.
-No lo se, Manrique, las pruebas son jodidas y todas lo culpan. Usted sabe que cuando hay pruebas el asunto se pone feo. No vamos a culpar al tiburón por una mordedura cuando no hay herida. En este caso si hay herida.
-¿No puede sobornar al juez?
-¿Usted tiene plata para que lo sobornemos?
-No.
-Bueno, entonces-me encogi de hombros-Las cosas son como son, escaparse de la verdad es inútil, siempre nos termina alcanzando.
-La verdad es como Dios. Esta en todos lados.
-Algo así.
-¿Cree en Dios, doctor?
-No. Soy ateo.
-¿Por qué?
-Porque soy un hombre que cree en el hombre y en su maldad. Inevitablemente no puedo creer en un invento del mismo.
-¿Sus papás creían en Dios?
Me quedo mirándolo y doy un suspiro. De nuevo está desviando el tema, me pone los pelos de punta.
-No se.
-¿Cómo que no sabe?
-Manrique ¿Podemos hablar del caso? El próximo viernes es la primera...
-¿No tiene padres?
-No soy creación simple de la materia. Claramente los tengo.
-¿No los conoce?
-No.
-¿Por qué no?
-A ver, Manrique, no tengo por qué estar contestando este cuestionario-frunzo el ceño y me pongo los lentes para leer, los cuales los saque del bolsillo de mi saco. Desajusto un poco la corbata, me aprieta.-Prosigo. La primera audiencia es el viernes 22, a las 8 de la mañana. Para esto mismo necesito que tengamos otra reunión el jueves, así ya tengo todo listo de lo que tiene y no que decir. Tenemos que ser precisos en estos casos, cautelosos, cualquier paso en falso le va a costar su libertad. Para esto mismo necesito que me cuente con detalle que pasó.
-No me gusta hablar de eso, doctor, me hace sentir mal-Manrique pierde su mirada en un punto fijo, una esquina de la oficina. Esta pensando, más que pensando creo que está recordando.
Me cruzó de piernas y me recargo en la silla.
-Mire, Manríque, yo no puedo darle una charla de diván porque esa no es mi profesión. Yo aca tengo un propósito y usted otro, por lo tanto para llevarlo a su fin necesito de su ayuda. Tiene que contarme.
Su mirada no se aleja de la esquina, lo noto nervioso como si alguien le estuviera diciendo algo, es la misma reacción que detona en pánico ante la culpa. Me giro para mirar a su misma dirección y solo veo una esquina vacía. Regreso mi mirada hacia el y este me está mirando ahora neutral, el hombre nervioso de hace 5 minutos desapareció.
-Yo era un hombre felizmente casado, amaba a mi esposa más que a mí mismo y tenía una hermosa hija de 5 años. Llevabamos viviendo en esa casa apenas dos meses cuando paso lo primero.
-¿Lo primero?
-Si. La muerte de mi hija.
La habitación se colma de silencio, soy incapaz de hablar. Manrique era un hombre feliz, un tipo normal ¿Pero hace cuánto? Me intriga saber, pero no es mi trabajo, no me corresponde.
-Lo escucho.
-Despues de la muerte de mi hija mi matrimonio se torna pesado. El amor empieza a ser difícil y doloroso, yo y mi esposa nos convertimos en muertos vivos prácticamente. Yo me enfocó en mi trabajo y ella en el suyo, hacíamos el amor todos los días, creo que esa era la única forma de encontrar el amor o inventarlo, porque además de eso no nos relacionabamos, yo no sabía como había estado su día, ella tampoco sabía como había estado el mío.
A los dos años de la muerte de mi hija llega una vecina nueva, la cual se hace gran amiga de mi esposa y empieza a frecuentar cotidianamente nuestra casa. Yo estaba enamorado, pero me sentía solo-se encoge de hombros.-La soledad y el amor no van de la mano, pero en mi relación con Judith, mi esposa, estaban abrazados. Despues de una discusión con Judith está se va unos días a casa de su madre, esos días se convierten en un infierno para mí, comienzo a consumir alcohol como un loco, me vuelvo dependiente. Durante esos días viene mi vecina en busca de Judith, le comento que no está, me largo a llorar durante el relato del por que estoy solo sin mi mujer. Ella me abrazo y me sentí protegido, la a invite a pasar-los ojos se le llenan lágrimas.-Era la primera que le era infiel a Judith. Le fui infiel a la única mujer que me amo en mi vida-larga el llanto y me quedo mirándolo en silencio.
-Necesito que siga, Manrique-digo luego de dos minutos.-Es necesario.
El hombre toma aire y se limpia las lágrimas con las palmas de sus manos.
-Luego de varios encuentros con Lucía a escondidas de Judith, decido terminar con todo, pero con Judith. No era merecedor de una mujer como ella ¿Sabe? Cuando termino la relación no le doy ni un por qué, solo me limitó a decirle que ya no la amaba. El amor no hace daño, doctor, y yo le hacia daño a Judith. Le hice un favor sacandola de mi vida, soy un hombre enfermo.
-¿Enfermo?
-Estoy loco de acá-se señala la cabeza-Me doy miedo. No quería hundir conmigo a mi mujer.
-Ex mujer-se me escapa la corrección de los labios y me insulto internamente. Limitate, Roberto.
-Si, ex mujer-asiente con melancolía.
-Manrique, no quiero ser cruel pero ¿Podemos ir a lo que nos compete? Si quiere un psicólogo tengo un amigo que es muy buen profesional, lo puede ayudar.
-No, estoy cansado de esos.
-Ayudan a la gente.
-A mi nunca me ayudaron.
-Capaz por que lo suyo es más complejo, tal vez un psiquiatra si. En fin. ¿Cómo conoció a Paola?-pregunto luego de leer rápidamente el expediente.
-Paola era hija de Lucía. Era una nena hermosa. Morochita de unos ojos marrones preciosos.
-¿Que lo llevo a matarla?
Manrique guarda silencio y niega.
-El me dijo.
-¿Lucía tenía esposo? ¿El fue?
-No. No tenía esposo, es viuda.
-¿Quien fue?
-El.
-¿Quien?
-El hombre del cuadro.
-¿El hombre del cuadro?-lo miro sin entender e internamente trato de pensar algún buen especialista que trabaje en conjunto conmigo en este caso, algún psiquiatra que me certifique la locura de este hombre. Además eso lo puede salvar de ir preso.
-Bien. Así que el hombre del cuadro le dijo que mate a Paola. ¿También le dijo que la violara?
-Si. La viole y despues la mate-lo que dice lo hace ponerse pálido de repente y comienza a hacer arcadas.
-Espere ¡Dana!-llamo a mi secretaria y está no tarda nada en aparecer por la puerta.-Traeme ya un balde y una toalla. Dale que me van a manchar la alfombra.
Dana aparece de inmediato con lo pedido, y le ordenó que salga de la oficina. Nuevamente yo y Manrique quedamos solos. El hombre se abraza al balde y comienza a lanzar, desvío mi mirada hacia la ventana.
Al escuchar que termina le entrego la toalla y este se limpia la boca.
-¿Por qué vómito?
-Porque me doy asco. Era una criatura, doctor, era un angelito y yo le hice todo eso.
-¿Entonces no quiso hacerlo?
-¡No! ¡Claro que no! El me dijo que lo haga, me obligo-dice desesperado.-Me dijo que si no lo hacía iba a matar a mi mujer.
Me quedo sin palabras, las palabras están todas dando vueltas en mi cabeza, uniendo partes, buscando encajar y armar la historia. Este hombre está loco, claramente.
-¿Qué pasó despues?
-Cuando vi que no respiraba la metí en el baul de mi auto, y maneje hasta un descampado donde la tire.
-¿Todo termina ahí?
-Si. Por lo menos eso.
-Bien. Es para lo único que me pago, así que no me interesa más.
Digo friamente y saco un anotador del tercer cajón del escritorio, comienzo a tomar un par de apuntes en esquemas.
-Muy bien. Quiero comentarle que vamos a trabajar en conjunto con un amigo mío, un excelente profesional en su rama. El jueves le comento bien.
Manrique me mira un poco asustado, limitándose a asentir y sin soltar el balde de sus brazos.
Me quedo con esa última imagen mientras vuelvo a mi casa ese día por la noche, en mi auto. Las calles están llenas, pero yo me siento extrañamente vacío y solo. Muy solo.
Al estacionar el auto en mi garage, entro a casa y me encuentro con un gran paquete a un lado de la puerta. Me quito los zapatos y comienzo a sacarme la corbata, mirando atentamente la caja. Observó que cuelga un pequeño cartelito, me acerco y lo leo.
"Se que el surrealismo es parte de todo"
No hay nada más, solo eso, ni siquiera un remitente. Dudo en abrir la caja, pero me es imposible no hacerlo, la ansiedad es mi peor enemiga.
Así que comienzo a abrirla y me encuentro con un gran cuadro de la obra "El espejo falso" por René Magritte. Me quedo anonadado ante tremenda obra, la vi varias veces en internet pero jamás en persona, verla así de golpe y físicamente me deja mudo. Trago saliva y sonrió ante tanta majestuosidad, es simple pero hermosa, guarda mucho en su lienzo.
Su tamaño es mediano así que lo cargo entre mis brazos y la llevo hasta mi despacho, colgandolo detrás del sofá. Me quedo unos minutos de pie contemplando su majestuosidad, le da vida a mi oficina hogareña así que me reconforto.
Matilda se asoma por la puerta distrayendome.
-Hola, Matilda ¿Cómo le va?
-Muy bien, señor ¿Usted?
-Excelente ahora. Mire lo que es eso-señalo el cuadro y la mujer lo mira atentamente, ingresando al cuarto.
-Que bonito. Pero es raro.
-El surrealismo es raro-digo encogiendome de hombros, sin dejar de mirar la obra.-¿Quien la envío?
-Llego por correo, señor, no tengo idea. No me fijé mucho porque no sabía que era, mire si se me caía o algo-rie un poco-espere a que usted venga y lo decifre por sí mismo. ¿Quien se lo regalo?
-No se, no tenía remitente.
Me quedo pensativo.
-Es raro, ¿Cómo dejan que alguien envié algo por correo sin remitente? Vio que son bastante jodido los del correo con eso.
-Si.

Una vez que me quedo solo en casa me quedo pensando un buen rato en quién será el o la remitente, esto me provoca insomnio durante toda la noche y me veo obligado a dar vueltas durante toda la madrugada.

VOCES DEL SILENCIO.Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora