Capítulo 34; Disculpas vacías.

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Veo el lujoso todoterreno; me preparo psicológicamente para subir al auto y soportar el resto del día con él sin sufrir alguna crisis emocional interna.

-Hola.-Me saluda. Tiro la puerta con fuerza para ahogar el sonido de su voz.

Me siento enferma de solo verlo. No puedo evitarlo, todo él me produce repugnancia.

-¿Cómo estuvo tu día?-Pregunta en voz baja, con su estúpida amabilidad que ha comenzado a fastidiarme.

No le respondo, me limito a ignorar su presencia como lo he hecho las últimas dos semanas. Soy incapaz de dirigirle la palabra, de hecho estar en el mismo lugar que él me produce una horrible sensación de ansiedad y repulsión.

Vivir en la misma casa me ha sido infernal.

Me siento mal por no haber regresado a casa, por no ser lo suficientemente valiente para admitir la humillación más grande de mí vida. No puedo volver sin tener que explicarle a mi madre o a mi hermano la horrible razón del porque.

Pienso en la dignidad que he perdido, estoy demasiado avergonzada como para compartirla con alguien más. Algunas veces es mejor tragarse la humillación y el dolor, y además no quiero oír a nadie diciéndome lo estúpida que fui.

-Espero que hayas tenido un buen día.-Dice, viendo que no responderé.-¿Estás emocionada por la primera cita de control?-Me pregunta, no entiendo para qué me habla, sabe perfectamente que no voy a responderle.

Me miro las uñas, y cuento mis dedos de la mano derecha. Últimamente contar los dedos de mis manos se ha vuelto una extraña obsesión, los primeros tres días lo hacia para asegurarme de que los antidepresivos no estaban alterando mi capacidad de percepción de la realidad, luego seguí haciéndolo porque me resulto divertido.

Los cuento uno y otra vez. Pero, debo dejar de hacerlo, las pastillas me producen ansiedad, algo muy extraño, considerando que son para controlar la ansiedad y el dolor, quizás es porque mi sistema no está acostumbrado a la ingesta de aquellos químicos. En todo caso, por las noches sufro ataques de pánico y me preocupa que al contar mis dedos haya más de la cuenta o falte alguno.

Aún no me ha sucedido, pero no puedo concentrarme en nada pensando en que sucederá.

Una señal médica clara de que debo dejar el consume de antidepresivos. Debería, pero, no lo haré. Me gusta su efecto, y funcionan casi de forma instantánea.

Cuando me sentía mal solía tomar un par de vacaciones del dolor y utilizaba un frasco durante una semana. Me obligaba a mantenerme a raya y solo lo hacia por cierto período de tiempo inferior a diez días. Ahora, siento vergüenza de admitir dentro de mí cabeza, que llevo ingerido dos frascos y medio en dos semanas.

La amitriptilina requiere de orden médica para su venta, aunque no en todas las farmacias, si trabajas en el mundo de la Medicina, sabes perfectamente donde puedes conseguirla sin mayor problema.

-¿Alison?-Joseph me llama. Le tiembla la voz, suena como si fuera a llorar.-Lamento mucho lo que sucedió.-

He perdido la cuenta del número de veces en las que ha pedido perdón.

-Tú y ese bebé son lo único que en verdad me importa.-

Quisiera reírme pero me siento muy mal para obligarme a hacerlo.

-Y sé que lo que hice estuvo mal, muy mal, increíblemente mal.-Me gustaría que se pusiera a llorar, así yo podría sentirme horriblemente mal con tranquilidad por la noche.-Y lo siento tanto, muchísimo.-

Está al borde de llorar.

Debería hablarle, decirle que a mí no me importa. Que su arrepentimiento no significa nada. Debería decirle que me siento tan mal por su culpa, que he violado toda mi capacidad de racionamiento médico y he comenzado a dirigir antidepresivos con un pequeño bebé dentro de mí.

For You- Joseph MorganHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora