23- No diré nada.

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•Gabo

Después de unos cuantos besos y caricias más, Lorenzo me enseña el papel rojo que lleva en las manos.

Es una carta de Diego hacia Francisco donde confiesa su amor por este último.

Después de leer todo, ambos nos volteamos a ver muy sorprendidos y confundidos.

—Quien pensaría que tu papá y nuestro director técnico hayan tenido un romance.— Le comento a Lorenzo. El asiente con la cabeza, mirando hacia el piso.

—¡¿Qué?!— Gritan Ricky y Dedé empujando la puerta para así entrar al cuarto.

—¿Qué hacen aquí?— Les pregunta Lorenzo con cierta molestia.

—Na... Nada.— Responde Ricky con un evidente nerviosismo.

—Si... Cuando oímos eso no pudimos quedarnos ahí mirando más tiempo.— Dice Dedé relajado.

—¡¿Cómo?!— Gritamos al unísono Lorenzo y yo. —¿Nos estuvieron viendo todo este tiempo?— Cuestiona el número nueve de forma alarmada.

—Si...— Contesta Ricky con pena. —Pero vaya que se estaban dando unos tremendos besos...— Comenta el mexicano un poco más animado al recordar lo que estuvo viendo.

El goleador entrecierra sus ojos mientras ve al número siete.

—Mejor nos vamos...— Dice el brasileño.

—No, yo soy el que debe irse.— Comenta mi pareja. Yo lo miro.

—No, Lorenzo— Tomo su mano mientras se para de la cama. El voltea a verme.

—Mañana hablamos.— Dice dedicándome una cálida mirada, haciendo que me calme ya que pensé que se había enfadado conmigo.

Después de eso se va. Cuando se oye la puerta cerrarse, mis amigos van a sentarse a mi cama junto a mí.

—Y bien ¿cómo es eso que Diego y Francisco tuvieron un romance?— Pregunta Dedé.

—No se. Lo único que tenemos de evidencia es esa carta que traía Lorenzo.

—¿Y de donde la tomó?— Me pregunta Ricky.

—Estaba en la habitación de su padre.

Ambos jugadores se quedan pensativos y sorprendidos. No los culpo.

—Por favor no se lo digan a nadie.— Les pido intercalando mi mirada ente mis amigos.

—Te lo prometo.— El mexicano levanta la palma de su mano, cosa que me provoca una sonrisa.

—También yo. No diré nada.— Comenta Dedé.

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•Lorenzo

Quedé de verme con Gabo en los jardines que están en la parte de atrás del IAD.

Palmeo mi muslo con miedo de que algún maestro vaya a verme, aunque aquí es casi imposible que alguien me descubra.

En eso escucho unas voces.

—Pero... ¿Estás segura de que esto saldrá bien?

—Que si... Lo que haremos nos va a beneficiar a las dos.

Son Zoe y Martina. Están a unos metros de mi, junto a un árbol.

—Tengo miedo. Temo que algo vaya a salir mal y que...

—¿Chicas?— Pregunto interrumpiendo a Zoe. Ambas me miran algo preocupadas.

—Lorenzo.— Dice Martina. —¿Qué hacés aquí?— Cuestiona con nervios.

En la cancha | O11CEHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora