Vera Lodge
Me abrace a mi misma, mientras caminaba de un lado a otro.
No pasaba ningún taxi, y hace media hora que me habían sacado aquellos grandulones a la fuerza. Estaba completamente oscuro, y lo único que se escuchaba era el sonido que los grillos emitían.
Aún seguía sin creer lo que había pasado hace algunos momentos. Fui engañada cinco meses completos, sufriendo y llorando una pérdida que nunca existió, nunca pasó.
Rendida, y sin la esperanza de que pasará algún medio de transporte, comencé a caminar por la banqueta de la callé. Lo único que iluminaba el camino eran los focos que colgaban de los palos de madera, ni siquiera la luz de la luna podía alumbrar mi camino.
El frío viento comenzó a soplar, moviendo mi cabello de un lado a otro, y logrando darme un escalofrío, no tenía suéter, y parecía que bajaría la temperatura. Comencé a balbucear una canción, intentando distraerme, por lo menos podía hacer eso.
Aunque no tenía ni idea de a donde me dirigía, pues ni de broma volvería a casa con Joel. Un fuerte ruido logro captar mi atención, fue el rechinar de las llantas de un auto, me di media vuelta y una camioneta bastante familiar, paró a mi lado.
–Sube.
–No –comencé a caminar aún más rápido, pero el logro alcanzarme con facilidad, después de todo, un auto no se comparaba con mis pasos.
–No te pregunte si querías o no, te estoy ordenando que subas –exigió con un tono de voz autoritario.
Sólo cuatro veces me había hablado de esa forma, y sabía que cuando lo hacia, el asunto era serio. Más sin embargo no quería ir con el, ahora mismo no tenía ánimos ni de verle la cara.
–¡Ahora! –exigió.
–Te odio –murmuré por lo bajo, rodé la camioneta y abrí la puerta del copiloto para poder subirme.
Una vez dentro, el auto comenzó a andar, mire de reojo a Joel, quien tenía la quijada apretada. Negó con la cabeza y golpeó el volante con fuerza, di un pequeño salto sobre el asiento, pues la acción me había tomado totalmente desprevenida.
–No puedo creer que hayas hecho eso, ¿porqué mierda te fuiste? ¿Tienes una mínima idea de lo peligroso que es estar afuera? –resopló, se veía realmente enojado, aunque la que debería de estarlo, sería yo.
–¿Y tu? ¡ME MENTISTE! –grité, ahora si mantenía mi vista fija en el.
–¡Lo hice por tu bien! –devolvió el grito, el seguía mirando la autopista, sin siquiera tener indicios de querer dejar de mirar el camino.
–¿Por mi bien? Ja –solté la carcajada, no podía creer lo que estaba diciendo.
–No te burles, Vera –dijo serio, eso no me quitó la sonrisa en mi rostro.
–Te odio Joel, y no harás nada para cambiar eso –me cruce de brazos y mire hacia el frente. El balbuceo queriendo decir algunas palabras, más sin embargo ninguna de ellas salió por su boca.
El semáforo se puso en color rojo, por lo cual Joel paró el auto. El silencio inundo el interior de la camioneta, volví a mirarlo de reojo. Miraba por la ventanilla, mientras que sostenía su mano izquierda contra sus labios, notaba que su respiración había aumentado.
El semáforo cambió a verde y el acelero demasiado rápido, mi cuerpo se inclinó hacia al frente y estuve a nada de chocar contra el vidirio.
–¿Estas bien? –murmuró asustado, examinándome con la mirada. Su vista iba de la calle hacia mi, una y otra vez.
–¡QUE MIERDA TE PASA! –estaba demasiado enojada. Aquello me había tomado por sorpresa, su actitud era realmente molesta, pudo causar un accidente.
–Lo siento, perdón –murmuró.
Volvió la vista al frente y en lo que resto de camino no me dirigió la palabra.
–Eres un imbécil –hablé antes de bajar del auto y correr en dirección a la casa, saqué las llaves de mi bolsillo y le di la vuelta a la manija, se abrió con rapidez y no lo dude cuando ya me encontraba a unos pasos de llegar a mi habitación.
Cerré la puerta a mis espaldas y me lance en la cama. Un sollozo involuntario, salió de mi boca. Las lágrimas comenzaron a descender por mi mejilla, sintiéndome terriblemente mal.
–¿Puedo pasar? –escuche la voz de Joel.
–¡No! –grité, el me ignoro por completo, pues había entrado a mi habitación.
Se sentó al borde de la cama y sentí su mirada en mi. Seguí en la misma posición; boca abajo.
–Tenemos que hablar –susurró.
–No quiero hablar con nadie, y menos contigo. Sólo quiero irme, quiero estar con mi familia –lloriquee con más fuerza.
–No puedes –dijo rápidamente.
–Claro que puedo –chillé.
–Ya es hora –soltó un suspiró de frustración–. Tengo que decirte algunas cosas, cosas que te oculte por un largo tiempo, es hora de que sepas la verdad.
ESTÁS LEYENDO
Plan de escape |EDUA#2|
FanfictionAmbos sufrían en silenció, queriendo apartarse del mundo, desaparecer por completo de aquí. ¿Qué pasará si el destino tiene planeado unirlos de nuevo? Seguramente nada bueno. Ambos se llevarán con una gran sorpresa, más aún el, pues se encontrara co...
