Capítulo 4

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El estaba por disparar, fui más rápida y me agache esquivando la bala.

–Perra –murmuró al momento que mi bala llego hasta su pecho, sin hacerle daño alguno.

Empezaron a aplaudir, estaba por ganar. Cuando estaba apunto de dar mi último intento, la luz se apagó por completo y dos disparos salieron de ambas armas.

–¡Ah! –chillé al caer. Me había dado en el pecho, justo en el protector. Pero el impacto fue tan fuerte que me hizo caer al suelo.

–¡¿Qué mierda fue eso?! –oí al entrenador hablar.

–Sebastián... –murmuré.
La luz volvió y pude darme cuenta del chico herido. La bala había rosado su hombro, al parecer.

–E-estoy bien –dijo rápidamente, la puerta se abrió y comenzaron a entrar personas. Yo seguía en el suelo, sentía como si me hubiese roto algo y un zumbido inundo mis oídos.

–¡Vera! –cerré los queriendo no verlo. Seguramente me llevaría un buen regaño de su parte.

–Estoy bien –dije tranquila, me intente levantar pero me invadió un leve mareo.

–Vamos a casa –pasó sus brazos por mi cintura y me levanto del suelo.

–No puedo irme, Sebastián...

–Ese tipo no me importa en lo absoluto, sólo tu, así que vámonos –no tuve más opción que acceder. Nos montamos en su auto y pronto lo puso en marcha.

Jugueteé con mis manos sintiéndome nerviosa. Mi espalda dolía un poco pero no era algo del otro mundo.

–¿Porqué lo hiciste? –preguntó.
Justo cuando pensé que lo había olvidado y no me preguntaría por lo sucedido.

–Fue mi idea el venir, tengo que mejorar, lo sabes...

–Si, pero eres pésima en esto. No puedes intentar ser algo que claramente jamás lograrás ser –dijo enojado. Me sorprendió la forma en que me hablo, y he de admitir que su comentario logro afectarme.

–No tienes que recordármelo –baje la mirada–. Se que jamás seré buena en esto, no sirvo para nada, sólo soy un maldito estorbó. Hubiese preferido morir en lugar de Erick.

–¿Qué has dicho? No quiero ni que lo repitas. Jamás vuelvas a decir algo así –golpeó el volante del auto furioso.

¿Qué tenía de malo? Sólo decía la verdad. Llegamos a casa y bajó del auto con rapidez, me tomo del brazo con algo de fuerza mientras caminaba conmigo hacia la entrada de la casa.

–No entiendo que está pasando contigo –negó con la cabeza–. Tu no eres así Vera, te desconozco completamente.

–Tal vez porque no me conoces bien –murmuré.

—¿Qué quieres decir?

–Lo que entendiste –me solté de su agarre y corrí hacia mi habitación.

Abrí el armario de la habitación y tome una de las camisetas de Erick.

Me lance en la cama abrazando la camisa contra mi pecho, respire profundamente, llenándome de su olor. Una lágrima resbalo por mi mejilla, por más que lo negara, lo extraña muchísimo, me hizo tanto daño, pero también me hizo tanto bien.

Unos toques en la puerta me hicieron salir de mis pensamientos.

–No quiero verte, Joel –sollocé.

A pesar de decirle que no entrara, le importo una mierda y de igual forma se adentró a la habitación.

–¿Qué pasa contigo? –susurró. Se sentó en el borde de la cama, mientras que yo le daba la espalda. Sentí su mano acariciar mi cabello con suavidad–. No comprendo Vera, ayúdame a hacerlo.

–No quiero hablar ahora, Joel –dije con tranquilidad.

–No me importa si quieres o no –habló–. Soy tu hermano y siempre estaré acá para ti.

Me guarde las ganas de decirle que no lo era, que no era mi hermano, sólo un simple conocido.

–Vete –chillé, las lágrimas comenzaron a salir de nuevo, me abrace más a la camisa de Erick, absorbiendo su aroma.

–¡Ya estoy cansado de esto! Hablare con el de una vez por todas –gritó, me acomode en mi lugar y lo mire.

–¿Con quien?

–C-c-con –lo pensó por un momento–. ¡Palomares!

–¿Y el que tiene que ver con esto?

–Le diré que te de un descanso, no volverás a ir ahí.

No le contesté, recargue mi cabeza en la almohada y cerré los ojos para después caer en un profundo sueño.

[...]

Al levantarme, me di cuenta de que Joel ya no estaba en la habitación. Seguramente se había ido al entrenamiento, dejándome completamente sola.

Estire la mano para alcanzar mi móvil, oprimí el botón de inicio y la pantalla se encendió, marcando las 12 P.M

No tenía nada que hacer, estaba más que sola en esta enorme casa. Joel jamás me dejaba sola y creo que está sería la primera vez de muchas.

El tono del teléfono inalámbrico comenzó a sonar, me acomode las pantuflas y corrí hasta la planta baja, donde está el teléfono.

-¡Joel!-

-¿Hola? El no está en estos momentos pero si quiere puede hablar en un par de horas más-

Un silencio invadido la línea, el tipo dejo de hablar y pronto colgó la llamada, dejándome en duda.

Aleje el teléfono de mi oreja y devolví la llamada. Contesto a los tres tonos.

-Para depósito de cuentas telefónicas, marque uno. Para programar una cita, marque dos. Para datos del personal, marque tres...

Colgué la llamada un tanto extrañada.
¿De dónde venía ese número?

Plan de escape |EDUA#2|Donde viven las historias. Descúbrelo ahora