Capítulo 14

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Vera

Mi corazón latía con fuerza, verlos después de tanto tiempo había causado algo en mi y las ganas de volver sólo se hacían mayores.

–No puedo creer tu imprudencia.

Contestó totalmente enfadado, pero aún sin despegar la vista de la carretera.

–Lo siento –murmuré.

–No –negó–. No lo sientes, y ahora por tu maldita culpa no tenemos a donde ir.

Golpeó el volante con fuerza, sabía que tenía la culpa pero eso sólo me hacia sentir mal. Si no hubiese abierto la puerta, ahora mismo no estaríamos huyendo.

–Perdón –repetí–. No pensé que fueran ellos.

–Claro –soltó una risa amarga–. Y es que tu nunca piensas más que en ti, que hubiese pasado si no salíamos a tiempo, ¿ah?

Trague saliva. Sabía que ellos venían con una sola intención y esa era acabar con la vida de Joel.

–Ya déjame –dije cansada–. Si no quieres mis disculpas, ¡bien! Me da igual.

Me cruce de brazos y pegue la vista sobre la ventana, mirando como la noche se oscurecía aún más.

–Estas acabando con mi paciencia.

Lo escuche susurrar por lo bajo. No contesté, pues eso era algo que sabía de sobra, el me lo había estado repitiendo cada que tenía la oportunidad.

Encendí la estación de radio, por lo menos la música podía hacer que olvidara el mal rato y los gritos que mi acompañante me proporcionaba.

Sentí como la música dejo de sonar, voltee en dirección a Joel quien descansaba su mano sobre el botón.

–Deja la música –contesté borde.

–No –respondió.

–Para el auto –dije de un momento a otro–. ¡Qué lo detengas!

Sentí como el auto se detuvo por un instante, aproveche aquello y salí del auto golpeando con fuerza la puerta.

–¿Qué te pasa? –gritó.

Escuche como bajaba del auto, sentía sus pasos detrás de mi, casi pisándome los talones.

–¿Qué, que pasa? –me di media vuelta teniéndolo frente a frente–. Pasa que te has comportado como un imbécil últimamente, me culpas de todo, me gritas, me haces sentir mal con tus palabras y simplemente no puedo, te quiero lejos de mi.

–No te hagas la inocente –dijo burlón.

–No pretendo hacerlo –contesté.

–Debimos cumplir con el trato desde el primer segundo y tal vez esto no estuviese pasando ahora –soltó con enojo. Abrí mi boca ligeramente, sintiendo como las lágrimas se aproximaban.

–¡Pues lo hubieras hecho! –grité, sentía mis ojos llorosos–. Y así no tendría que ver tu cara todos los malditos días. Hubiese sido lo mejor.

Plan de escape |EDUA#2|Donde viven las historias. Descúbrelo ahora