Me abrace más a mi almohada, intentando ahogar el sollozo que estaba por salir. Las lágrimas descendían por mi mejilla y llegaban hasta el borde de mis labios.
Acerque mi mano al buró y tome el retrato que me acompañaba todas las noches, el que me dejaba intranquila y con deseos de terminar con mi insignificante vida. Pero sólo era eso, porque era tan cobarde como para poder intentarlo.
–Te extraño tanto, Erick –chillé acariciando el vidrio que cubría la foto del ojiverde–. Me prometiste que estaríamos juntos, no lo cumpliste.
Mire al techo y deje escapar el sollozo que tenía guardado, me sentí liberada al instante.
La puerta de mi habitación se abrió al instante, dejándome ver a un Joel adormilado. Talló sus ojos y soltó un bostezo. Camino hasta la cama y se acostó a mi lado.
–Ya pasará –susurró.
Quitó de mis manos el retrato de Erick, para volver a colocarlo en el buró.
–No puedo dejar de pensar en el –admití. El sonrió y como pudo, beso mi frente, pues tenía los ojos cerrados a causa de que estaba adormilado.
–El no hubiese querido que tu estuvieras así por el, lo sabes, ¿no? –asentí rápidamente–. Pues ahí esta, déjalo ir.
¿Dejarlo ir? No creo ser capas de poder hacerlo.
[...]
Me levanté antes de que Joel despertara, tenía el sueño algo pesado pero aún así intente hacer el menor ruido posible.
Después de vestirme con lo necesario, tome mi mochila y baje de prisa las escaleras. Agarré las llaves de repuesto y saqué mi celular para llamar a uno de los taxis de la basé. No es como si fuera a pedir uno público o algo así, pues se enterarían de aquel edificio y posiblemente, o más bien, todo valla mal.
Tardo quince minutos en llegar, por suerte en se tiempo Joel no se había despertado, afirme la mochila a mi hombro y subí al auto.
–Hola, buenos días... –tarde en recordar el nombre del sujeto–. Oh, Francis, casi lo olvido.
–No pasa nada, señorita –sonrió.
Puso el auto en marcha y poco a poco nos alejamos cada vez más de casa.
"Casa" que extraño suena llamarle así, pero eso es lo que ha sido estos cinco meses, un hogar para mi. Después del accidente y de despertar en el hospital, Joel se encargó de mi. Comentando que estaba en peligro y que no podía volver con mi familia aún, porque si lo hacia, eso implicaría que también a ellos los pondría en peligro, y claramente no quería eso.
–Ya hemos llegado, señorita –avisó, levanté la mirada dándome cuenta que era cierto. ¿Cómo habíamos llegado tan rápido?
–Muchísimas gracias –dije antes de bajar, saqué un par de billetes y se los entregue–. Aquí está su dinero.
–¿Qué? Pero usted sabe muy bien que a los taxis de base no se les paga, porque es para el bienestar de ustedes –dijo confundido, negué con la cabeza y como no acepto el dinero, lo deje encima del asiento.
–No se niegue, usted se lo merece –le di una sonrisa. Camine hacia la entrada de aquel lugar, desde el día de hoy, pondré más esmero en esto. Yo fui quien tuvo la idea de entrar aquí, así que por lo tanto, me veo obligada a salir de el problema.
Abrí la puerta de la oficina del señor Palomares, sin siquiera tocar. Su vista se posó en mi rápidamente, me acerque y recargue ambos brazos en la mesa de cristal.
–Estoy lista para mi primer misión –dije segura.
–¿Qué? –soltó una risa–. No me hagas reír, por favor ve a tu entrenamiento. Con las habilidades que tienes, dudo mucho que hagas daño alguno.
Lo mire de mala forma antes de salir de su oficina, estúpido Palomares. Lancé mi mochila al suelo y abrí el armario que contenía los chalecos antibalas. Una vez lista, abrí la puerta que daba a la sala de entrenamientos, aún no había mucha gente pero estaban practicando.
–Bien, la práctica del día de hoy será algo diferente –comenzó a explicar el entrenador–. Y muy riesgosa, depende de ustedes el querer practicarla.
–Yo lo haré –dijo un chico sin miedo.
–Y yo igual –comenté, todos me miraron con asombro.
–¿Estas segura de eso? –pregunto el entrenador.
–Más que segura.
–Bien, ¿alguien más? –todos se miraron entre si, más nadie quiso participar–. Bien, entonces será Sebastián contra Vera, ¿que opinan ustedes?
Nadie contesto, sólo comenzaron a silbar y a gritar como locos.
–¡Ya diga de que trata maestro! –grito un chico.
El entrenador nos miro y se posó frente a nosotros.
–Van a fingir que ambos son enemigos, he intentarán matarse.
–¿Qué? –dijimos ambos confundidos.
–Eso, imaginen que están en una misión y su "objetivo" está frente a ustedes, tienen que matarlo a toda costa. El chaleco antibalas sólo los protege del pecho y estómago, pero los brazos, piernas y rostro, están completamente sin protección alguna.
Y al momento de escucharlo decir eso, toda mi valentía cayó al suelo, mire nerviosamente a Sebastián quien sostenía una sonrisa.
–Mierda –murmuré.
Nos pasó las armas y Sebastián se posó frente a mi.
–Todos pasemos a la parte de atrás, el cristal cuenta con protección –avisó el entrenador. Todos salieron de la habitación dejándonos solos, los vi de reojo, se estaban acomodando al rededor de la ventana.
Trague saliva y sostuve el arma apuntando en su dirección.
–¡Listo! –se escucho un gritó y el entrenamiento comenzó.
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Plan de escape |EDUA#2|
Fiksi PenggemarAmbos sufrían en silenció, queriendo apartarse del mundo, desaparecer por completo de aquí. ¿Qué pasará si el destino tiene planeado unirlos de nuevo? Seguramente nada bueno. Ambos se llevarán con una gran sorpresa, más aún el, pues se encontrara co...
