18

3.9K 345 73
                                        

—¿Se va?

Jackson asintió, su mirada perdida en la lluvia del día. Había amanecido nublado, dejaron a la niña en la guardería antes de dirigirse a la Universidad cuando comenzó a llover. Hiccup y Eugene lo notaron extraño, con desgano, por lo que sentados en el comedor, Frost se había dedicado a comentarles lo que le sucedía mientras revolvía la comida sin ánimos de nada.

—¿Cuándo? —preguntó Eugene.

—En dos meses... —murmuró, dejando el tenedor de lado.

Los castaños se miraron. Ni Hiccup ni Eugene pensaron que Jackson sentaría cabeza con alguna chica en su vida, ni mucho menos de que adoptara a una niña que no es de su sangre. Se preguntaron, como siempre: ¿qué tiene de especial esa mujer como para que él sufriera tanto por su partida?, ¿sería su físico? ¿su actitud? ¿o lo buena madre que es?. No lo sabían, además, no la conocían lo suficiente como para responder a eso.

—Pues tienes tiempo para estar con ella, amigo —Eugene sonrió mientras palmeaba el hombro del deprimido—. Deberías dedicarte a conquistarla en vez de estar aquí llorando como una nena.

—Vaya, si tienes cerebro después de todo —se burló Hiccup a su lado.

—Idiota.

—No creo que sirva —dijo Jack—. Siempre que algo sale bien entre nosotros, no entiendo que le pasa por la cabeza porque al día siguiente no me habla. O vuelve a ser la fría Arendelle. Es como si retrocedieramos.

—Debe hacerse la difícil —opina Eugene con una mueca.

—O simplemente no quiere que el adiós sea más doloroso —añade Hiccup manera comprensiva—. Si están juntos (pero juntos de verdad), quedaran destrozados.

Ambos alzaron una ceja en su dirección.

—¿Qué?

—¿Desde cuando eres un experto en esto? —preguntó Eugene cruzandose de brazos.

Haddock suelta un bufido.

—¡Por favor! No hace falta ser un experto para ver que éste —señala a Frost— está ya flechado por esa chica. Además... —hizo una mueca, bajando la voz—, Astrid me ha hecho ver esas estúpidas películas románticas.

—Parece que también estás colado —se burló Fitzherbert—. En cambio yo, soy libre como el viento.

—Porque esa naríz no te favorece —rio Hiccup provocando una mala mirada de parte de su amigo.

Ignorando su discusión, Jack pensó en las palabras de sus amigos. Debería estar conquistándola como dijo Eugene, pero no quiere que el momento del adiós sea ya doloroso de lo que es, tal como mencionó Hiccup. A unas cuantas mesas del comedor de la Universidad, se encontraba la platinada almorzando junto a su nueva amiga, quien no paraba de hablar de un tema u otro. Elsa no lograba entender como podía estar hablando sobre un chico y al segundo del color del labial que quería comprar.

—¿Entonces, se me vería bien un rosado o un color burdeo? —preguntó la rubia.

—Bueno..., hay muchos colores que combinan contigo —comentó con sinceridad—. Deberías pasarte a la tienda donde trabajo, tu ya sabes donde es.

—¡Cierto! —dijo sonriente—. Se me olvida que trabajas en una tienda de maquillaje.

Elsa sonrió.

Así pasó todo el día, con un Jack malhumorado y con una Elsa sonriente para ocultar lo que sentía. Y así siguió los siguiente tres días antes de que por fin el muchacho se decidiera por invitarlas a la playa por un fin de semana. La joven se sorprendió por ese cambio de humor, pues ya no sabía que hacer para que él sonriera como siempre; aún así, accedió. Compraron lo necesario para esos dos días y Jackson se dedicó a reservar la habitación de un hotel para no tener ningún percanse.

La Niña ||Jelsa||[TERMINADA]Donde viven las historias. Descúbrelo ahora