El día siguiente transcurrió tranquilo. No así la mañana siguiente a esa. Como todas las mañanas, Bella se levantó a hacer el desayuno para Eric y Leo, este último se iría al día siguiente de vuelta a la ciudad, dado que su padre había decidido pasar unos días más en el rancho. Eric entró a la cocina y con toda naturalidad la besó y le sonrió. Le encantaba ver a Bella tan natural por las mañanas, lo único que le faltaba para que su felicidad fuera completa, era un anillo en su dedo anular y tenerla en sus brazos cada mañana, suponía que una pancita de embarazada tampoco le quedaría tan mal. Miró su vientre plano con anhelo.
-Está todo bien?
-Si!- dijo reaccionando.
Desayunaron tranquilos y como era costumbre, Leo salió antes por la puerta y Eric se quedó para despedirse de ella con un beso.
-Que tenga un buen día- dijo con los ojos aún cerrados.
-Lo será. Si aún estás aquí cuando vuelva- acarició su mejilla y después de un último beso, se fue a aencontrar con su hermano.
-Te amo- Había tenido la necesidad de decirlo en voz alta, aunque él ya no la oyera.
Y él no la oyó, pero su madre, que había bajado en ese momento, y había evitado entrar para no arruinar el momento en que su hijo besaba a su secretaria, si. Eligió ese momento para hacer su entrada, y sentarse a su lado.
-Buenos días, querida!
-Bu-buenos días, Elisa.- Se hizo el silencio, Bella podía escuchar los latidos acelerados de su corazón- Cuánto hace que esta ahí?
-El tiempo suficiente. Quieres hablar?
-Sobre que?
-Ustedes.
-No... no creo que pueda existir un nosotros- Isabella empezaba a abrirse sin darse cuenta ante la necesidad de un consejo materno. Sus ojos se llenaron de lágrimas, que no tardaron mucho en caer por sus mejillas.
-Por qué dices eso? Visto desde afuera no parece así, sabes?
-Es que los de afuera no pueden ver lo diferentes que somos.
-Tan grandes pueden ser las diferencias?
-Lo son. No podría hacerlo feliz. Y no sirvo para esto.
-A qué te refieres?
-El rancho. No sirvo.
-No te gusta?
-Me encanta! Per no sirvo. No puedo vivir aquí toda la vida, y él ama esto más que a nada en el mundo.
-No estés tan segura de eso.
-Usted es su madre. Debe saber mejor que nadie que él no pondría a nadie por encima del rancho. Y no lo juzgo, digo, es hermoso este lugar, yo misma aprendí a amarlo en muy poco tiempo. Pero no puedo vivir aquí.
-Explícate mejor, Bella. Por qué dices que no puedes vivir aquí?
-En el baile lo escuche hablar con un amigo suyo- dijo avergonzada- no lo hice a propósito, pero estaban hablando y no quise interrumpir.
-Y que dijo?
-Hicieron una lista... hace mucho, creo.
-Una lista?
-Si. De la mujer perfecta, o algo así.
-Entiendo.
-Eric puso que tenía que ser una excelente amazona y llevarse bien con los animales del rancho.
-Te vi con ese caballo salvaje, Bella. Cuáles son tus dudas?
-No pude montar un caballo manso. Y las gallinas me atacaron. No volví a acercarme tanto a un animal. No me llevo bien con ellos. Y no se montar. Dos puntos claves de su lista en mi contra. Y me caí cinco veces de un caballo manso! así que no voy a volver a intentarlo!
-Son dos puntos sin importancia, Bella.
-No lo son para él. Era lo primero en su lista, porque es lo que él busca en una mujer.
-Esas cosas no son importantes si no hay amor, Bella.
-Lo son, si pueden matar su espíritu. Sé que Eric ama cabalgar, y sé también que desde que estoy aquí lo hace cada vez menos.
-Porque no es tan importante para él como verte.
-Ahora. Pero cuando pasen los años? Se va a sentir resentido conmigo, porque por mi culpa habrá dejado de hacer lo que más ama.
-Sabes, Bella? creo que te tienes en muy baja estima. Cualquier hombre podría amar a una mujer como tú.
-Pero yo no puedo amar a cualquier hombre.- Elisa sonrió con satisfacción- Dios! Por qué no me enamoré de Leo?
-Habrías enfrentado a dos hermanos, y eres demasiado buena como para hacer una cosa así.
-No se cuanto tiempo más estaré aquí. No se cuanto más aguante mi corazón- dijo Bella, se despidió y subió a empezar su día.
****
Después de terminar su trabajo, cerca de media mañana, Bella salió al porche a pensar en la conversación que había tenido esa misma mañana con la madre de su jefe. Estaba tan ensimismada que no escuchó el galope del caballo que se acercaba, y solo lo vió cuando lo tuvo enfrente. Bill se bajo a los gritos del caballo y comenzó a dar órdenes.
-Rápido! necesito hombres! y una cuerda!
-Qué sucedió?
-Un árbol se cayó encima del jefe. No puedo levantarlo solo- al ver la cara de espanto de la joven agregó- se cayó sobre su pierna, está bien, pero lo está aprisionando- para este entonces, toda la familia estaba afuera escuchando las malas noticias.
Un hombre le había alcanzado una cuerda gruesa y estaban ensillando a toda prisa a todos los caballo. Recordó lo que Eric le había dicho sobre que Libertad era el más veloz. Y pensó que si su pierna perdía circulación durante mucho tiempo, corría el riesgo de perderla. No pensó en lo que hacía, le sacó la cuerda al vaquero de las manos, puso dos dedos en su boca, y silbó hacia el corral en el que domaban al majestuoso animal.
-Libertad! Ven!
El caballo, de un cabezazo le arrancó las riendas de la mano al joven que las sostenía y con toda elegancia saltó el vallado, parándose finalmente a su lado. El caballo no tenía montura, así que se le dificultaba subir. Miró a Bill.
-Ponga sus manos. Rápido! Sabe que corre el riesgo de perder la pierna, y si allí no se puede llegar en auto, lo que supongo es así, porque sino no estarían ensillando caballos, no hay tiempo que perder. Eric dijo que éste es el más rápido.
Ante la negativa de Bill, Libertad se agachó para que Bella pudiera pasar la pierna por encima de su lomo sin dificultad, y cuando lo hizo, se puso nuevamente de pie.
-Por donde?
-El límite norte- pudo articular impresionado, y levanto la mano señalando el camino.
-Llame a una ambulancia!
Bella sostenía las riendas con fuerza y apretaba las piernas para no caer. En pocos minutos Llegaban a donde se encontraba el árbol caído sobre la pierna de su amor.
-Pero... QUÉ CARAJOS, BELLA?! QUÉ MIERDAS ESTÁS HACIENDO AQUÍ CON ESA BESTIA!?
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Y que le guste el rancho
RomanceEric Campbell, un apuesto ranchero, lleva años buscando a la mujer ideal. Ésta debe ser hermosa, carismática, humilde, amable, y por supuesto, debe gustarle vivir en el rancho. Isabella Jacobs es, efectivamente, hermosa, amable, humilde y tal vez u...
