La mañana siguiente estuvo muy fría. Eric despertó con algo húmedo en su cara, abrió los ojos despacio y se encontró con dos cachorros moviendo la cola, bajó la cabeza y se encontró con Bella, desnuda y dormida en sus brazos. Supuso que su familia habría alertado a los hombres, así que éstos no tardarían mucho en entrar por la puerta. Decidió despertarla, no quería que vieran desnuda a su mujer, ese espectáculo era sólo para sus ojos. Acarició su cabello, sus mejillas, sus labios.
-Bella?
-Hmmmm?
-Arriba, dormilona!
-Mmmmmmno! no quiero!- lo apretó más fuerte.
-Yo tampoco, cariño, pero los hombres seguro van a venir, y si alguno llegara a verte desnuda no voy a tener otra opción que arrancarle los ojos.-dijo riendo. Eso provocó que ella abriera los ojos.
-Cuanto van a tardar?
-Ya está amaneciendo, así que no creo que mucho más.
-No hay tiempo?
-Para qué?- Bella no respondió, sólo se sonrojó y desvió la mirada. Eric soltó una carcajada.- No hay tiempo, cariño. Pero tampoco lo haríamos otra vez. Debe dolerte, y te dolería más si volviéramos a hacer el amor.
De repente Bella abrió los ojos bien grandes y se sentó de golpe, haciendo que la manta cayera amontonada en su cadera, dejando su torso desnudo a la vista de Eric.
-Y los perritos?-él se obligó a desviar la mirada y agarro a los dos traviesos que aún estaban a su lado.
-Estos dos me despertaron a mí. Cúbrete, por favor, mi control está llegando a su límite.- dejó uno en su regazo mientras ella sujetaba la manta contra su pecho.
-Podemos llevarlos al rancho hasta que encuentre un lugar?
-No será necesario buscar ningún lugar.- Bella lo miró asustada.- Por Dios, Bella! te dije que no voy a hacerles daño! van a quedarse. Necesito perros en el rancho, y es mejor que aprendan de pequeños a pastorear.
-Te los vas a quedar?- sus ojos brillaban.
-Si. Nos los vamos a quedar.
-Oh, Eric! Gracias!- se tiró en sus brazos y le beso toda la cara. Él reía, tan felices estaban que no sintieron cuando la puerta del granero se abrió, hasta que los cinco pequeños fueron a enfrentar a los desconocidos, sus ladridos alertaron a la feliz pareja. Eric buscó su ropa interior y su vaqueros, se los puso y salió al encuentro con sus hombres, antes de que vieran a la enteramente sexy mujer que estaba desnuda a su lado.
-Muchacho!- sonrió Bill- tu familia está muy preocupada.
-Estamos bien, Bill- vió que uno de los peones más jóvenes desviaba la mirada detrás de él, se giró y pudo ver que Bella había logrado ponerse la ropa interior, pero como no alcanzaba a la ropa, se había estirado y había dejado a la vista su respingado trasero cubierto por un pedazo de sexy encaje. Se cruzó tapando las vistas y miró al joven con furia.
-Se te perdió algo?
-N-no...no... señor.
-Bien. Fuera, entonces. Todos! Bill, dile a mis padres que estamos bien, que en un rato volveremos a la casa.- Iba a girarse, pero recordó a los cachorros- ah! y lleva a estos pequeños al rancho. Son cinco, y la madre.
Se acercó a Bella y volvió a cubrirla con la manta, luego le alcanzó la ropa que todavía luchaba por agarrar, ella lo miró sonriente.
-Tres empleados nuevos tendré que conseguir.
-Por qué?
-No me sirven los hombres ciegos.
Ella le dió un golpe en la cabeza y se vistió. Eric la tomó de la cintura y la pegó a su cuerpo.
-Estás bien?
-Ajá...
-Segura? No estás arrepentida?- Bella lo miró con cariño y puso una mano en su mejilla.
-Nunca podría arrepentirme de los que pasó anoche. Fuiste muy dulce conmigo.
-No quería que fuera en un granero. Lo lamento.
-Fue perfecto, Eric. Si lo hubieras planeado no lo hubiera disfrutado tanto.
Volvieron a la casa despacio, en silencio, tomados de la mano, a Eric el esfuerzo de la noche anterior le había pasado factura, y ahora su pierna dolía como los mil demonios.
Ese tiempo, ella lo aprovechó para pensar en su futuro. Cuánto tiempo sería Eric feliz con ella? Cuánto tiempo les quedaría como pareja? Por mucho que hubieran hecho el amor, ella seguía sin ser la mujer que Eric necesitaba en el rancho, a su lado. Y tarde o temprano, él se daría cuenta y la echaría, o peor, no haría nada, y sería infeliz toda su vida. Ella no podía permitir que Eric se arruinara la vida a su lado. Durante diez días estuvo dándole vueltas a diferentes posibles soluciones, ninguna la convencía. Siempre llegaba a la conclusión de que si ella se quedaba con él, él sería infeliz a la larga. Así que había tomado una decisión que le partía el corazón, pero era la correcta. Volvería a la ciudad. Se llevaría los recuerdos de lo que habían vivido juntos y seguiría con su vida.
Eric había notado el momento en el que Bella se había distanciado de él. Había sido cuando volvían al rancho aquella mañana, después de la tormenta, después de la noche que habían hecho el amor. Ella decía que no estaba arrepentida, pero su actitud distante le decía todo lo contrario. Se maldijo una y mil veces por haberse apresurado. No debía tomarla hasta no estar seguro de sus sentimientos. Ahora ya estaba hecho, lo había arruinado todo. Bella no lo miraba a los ojos y siempre que le hacía una pregunta, le contestaba con monosílabos. Su familia había vuelto a la ciudad hacía una semana, y ellos no habían vuelto a dormir en la misma cama. La relación había vuelto a ser la de antes, ella cada mañana se levantaba a hacer el desayuno, pero ya no hablaban durante este. Los besos eran los mismos simples y castos del principio. Hasta esa mañana. Esa mañana, como todas, Eric entró a la cocina, y cuando se acercó para besarla, ella bajó la cabeza. Sus ojos estaban llenos de lágrimas. Eric sintió como el mundo se derrumbaba a sus pies.
-Qué sucede?- preguntó con cautela, quizá estaba malinterpretando todo.
-Voy a volver a la ciudad- Bella no lo miraba. Eric trago duro.
-Puedo saber por qué?
-Yo... no sirvo para vivir aquí. Nunca lo lograré.
-No es así! No digas eso, Bella, por favor!
-No me lo hagas más difícil, por favor.
-Pídeme lo que quieras, Bella. Te daré lo que sea. Pero no me dejes, por favor!
-Basta, Eric! No puedo vivir aquí! Es que no entiendes!?
-NO! NO ENTIENDO!- ambos lloraban, y ninguno podía consolar al otro, aunque estuvieran muriendo por abrazarse.
-No puedo vivir aquí! Lo intenté! De verdad lo hice!
-Pues sigue intentando!
-Ya no puedo... me caí cinco veces de un caballo manso, Eric. No puedo montar. No me entiendo con los animales. No se nada de la vida del rancho.
-Eso no tiene importancia!
-Si la tiene! La tiene para tí! Te oí en el baile con tu amigo. Tu lista... Eso era lo más importante. Yo no puedo hacerte feliz, Eric. Terminarías cansandote.
-No es así! Esa lista es una estupidez!
-Si lo es! Tu amas cabalgar. Y desde que estoy aquí lo haces cada vez menos. Terminarías siendo infeliz. Voy a irme, Eric. Ya tomé la decisión. No lo hagas más difícil.
-Es por que apresuré las cosas, verdad? No debí hacerte el amor tan rápido.
-No tiene nada que ver con eso! Es un hermoso recuerdo que me llevo de ti.
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Y que le guste el rancho
RomanceEric Campbell, un apuesto ranchero, lleva años buscando a la mujer ideal. Ésta debe ser hermosa, carismática, humilde, amable, y por supuesto, debe gustarle vivir en el rancho. Isabella Jacobs es, efectivamente, hermosa, amable, humilde y tal vez u...
