Eric no necesito cumplir con su amenaza, a las 7:40, Bella salía de la casa vestida con unos vaqueros que se ajustaban a su figura y una camisa igual de ceñida, en el pelo se había hecho una sencilla cola de caballo. Caminó a su encuentro cuando notó que sus hombres dirigían la mirada a la hermosa mujer que se acercaba a donde se encontraban, estaban empezando a murmurar por lo bajo, por lo que les dedicó una mirada letal, ellos, inteligentes, volvieron a lo suyo.
-Vaya! yo creí que tendría la dicha de cargarte en mi hombro!
-No voy a permitir tal cosa, señor Campbell!- dijo sonriendo- está seguro que puede dejar su trabajo para dar una vuelta ahora? puede ser más tarde si así lo desea- Eric pensó que podría dejarlo todo por pasar un momento con ella, pero no lo dijo.
-No hay ningún problema! los hombres pueden arreglárselas un rato sin mi. Quieres ir a caballo o a pie?
-No se montar.
-Bien, será a pie por ahora. Otro día te enseñaré, no es nada difícil, cualquiera puede hacerlo, incluso desde el principio con un caballo manso.
-Me encantaría aprender, gracias- se acercó a ella y la tomó de la mano, acto seguido caminaron hacia el lado opuesto a donde se encontraban sus peones, no quería que volvieran a mirarla de aquella manera. Estuvo tentado a abrazarla por la cintura para marcar territorio, pero no lo encontró prudente.
Caminaron tomados de la mano un buen rato, hasta llegar a un arroyo donde el ganado bebía y pastaba. En el camino habían pasado por varias construcciones, que el le indico eran para emergencias, había herramientas y otras cosas que podían llegar a necesitar de urgencia cuando no tenían tiempo de volver hasta el granero que estaba cerca de la casa. Había lugares en donde el terreno era irregular y Eric había tenido que tomarla de la cintura para ayudarla a bajar, el contacto de sus manos era firme, pero suave, no era brusco, ni doloroso. Se sentía bien, no se sentía amenazada, se sentía segura. No así con los otros hombres, habían sido amables con ella, pero le costaba estar relajada con un hombre cerca. Era por eso que se sentía tan confundida cuando tenía a su jefe cerca. Con él siempre se había sentido cómoda, nunca sintió miedo ni aprensión.
-Ahora tiene poco caudal de agua, pero hay tormentas que lo hacen desbordarse. Cuando pronostican alguna tenemos que llevar al ganado a una zona más elevada. Y cuando llega de repente, bueno, tenemos que salir corriendo, y cuando volvemos, Jovita nos espera con sopa caliente.
-Parecen una gran familia.
-Lo somos- dijo complacido porque ella lo hubiera notado.
Caminaron un buen rato, y cuando regresaron ya era la hora del almuerzo. Eric no quería separarse de Bella, así que decidió almorzar con ella. Cada minuto que pasaba más convencido estaba de que era la mujer para él.
Afuera los hombres lo miraban con pesar. Bill, el capataz, conocía a Eric desde que era un niño, y lo quería como a un hijo. Por lo que cada vez que aparecía una nueva chica, ya imaginaba el corazón roto del joven. Había sido después de la segunda decepción amorosa de Eric que había decidido, junto a los hombres, a abrirle los ojos con lo relacionado a las mujeres. Hacerle un par de bromas a las refinadas damas que llegaban de la ciudad, hacía que salieran corriendo. Finalmente, Eric entendía que lo que las motivaba a ir al rancho no era otra cosa que avaricia, y terminaba por olvidarse rápidamente de ellas.
Ahora era el turno de la señorita Jacobs. El ranchero había dicho que era su secretaria, pero sus ojos habían terminado de expresar lo que no dijo con palabras. Estaba "enamorado" de la chica. Pues bien, una caída del caballo y unas gallinas aleteando iban a hacer que salga corriendo. Nunca habían tenido que idear alguna otra broma, ya que luego de las gallinas salían corriendo como si alguien quisiera matarlas, argumentando que ni por todo el dinero del mundo aceptarían vivir en aquel rancho apestoso, con animales apestosos, y alguna cosa apestosa más. Creían que una caída accidental en el chiquero sería gracioso, aunque muy poco probable de conseguir, ya que ni miraban en esa dirección debido al olor.
Para ambas bromas su jefe debía estar alejado. La primera consistía en hacerle montar un caballo de doma, después de una caída no volvían a intentarlo. Con la excusa de enseñarles a montar y con la mentira de que le traerían al caballo más manso del rancho, las jóvenes aceptaban aprender para impresionar al apuesto ranchero. Los trabajadores esperaban que volvieran otro día para, ahí si, darles un caballo manso, pero ellas nunca volvían.
La segunda era mucho más graciosa, y la razón por la que las mujeres salían corriendo. Pasaban días riendo por la expresión de la joven de turno al salir corriendo del gallinero. Les daban una cesta y las mandaban a recoger huevos, para ese entonces, Jovita ya les habría dicho que era tan sencillo como entrar, juntar y salir, claro que sin conocer los planes del capataz. Pero había un condimento especial para la situación, Bianca, una serpiente albina, mascota de uno de los peones. La dejaban en una jaula en el gallinero. La intrusión alteraba a las aves, que saltaban y aleteaban en la cabeza de las muchachas y salían corriendo por sus vidas. Del gallinero a la habitación para hacer las maletas, y de ahí de vuelta a casa sin mirar atrás. Eric pasaba mal un par de días y luego se recuperaba como por arte de magia.
-Pensé que no te veríamos por unos cuantos días- le dijo un día Bill, extrañado con su pronta recuperación de la última separación.
-No me gusto nada como habló del rancho. Me di cuenta que cuando encuentre a una mujer por la que esté dispuesto a dejar todo esto-dijo abriendo los brazos para abarcar todo el rancho- me casaré. No creo encontrar alguna a la que le guste, pero con probar no pierdo nada, no?
-Y por qué no te buscas una chica del pueblo? una que esté acostumbrada a esta vida.
-Las conozco a todas de toda la vida, y nunca sentí nada por ellas, supongo que nunca sentí nada por ninguna mujer en realidad, más que atracción física. Se que digo que estoy enamorado, pero realmente no lo estoy.-suspiró- Quiero formar una familia. Tengo casi 30 años, sé que aún soy joven, pero no quiero ir a la graduación de mis hijos con bastón. Quiero poder romperle la cara al primer tipo que le rompa el corazón a mi hija. Quiero poder hamacar a mis nietos en mis rodillas sin pensar en el dolor de la artrosis.
-Estás yendo un poco lejos en el tiempo, no te parece?
-Sí, pero nada de eso será posible si no encuentro a la mujer que está hecha para mi.
Bill pensó que estaba haciendo una buena obra, de esa manera su jefe no perdía el tiempo con mujeres que no lo querían o no podían adaptarse a su vida.
La mañana siguiente fue muy calurosa. Bella miraba desde el fresco interior de la casa como los hombres intentaban controlar a un hermoso corcel de pelaje negro como la noche, se había quedado aturdida viendo la ferocidad del animal que intentaba que lo suelten. Agarró un bidón de 5 litro de agua y unos cuantos vasos y salió a verlo de cerca.
Los hombres vieron que Isabella salía de la casa vestida con unos pantalones cortos y una sencilla remera de tirantes. Iba cargada con agua, asique uno de los hombres se acercó a ayudarla. Cuando llegó a la valla todos los hombres se acercaron a saciar su sed. Tuvo que volver por otra botella cuando se terminaron el bidón.
-Es hermoso-dijo observando embelesada al majestuoso corcel que luchaba contra las riendas.
-Lo es- le respondió Bill.
-Lo puedo tocar?
-No creo que sea conveniente en este momento, no parece gustarle mucho la gente- De repente el animal se cruzó con su mirada y dejó de luchar. Quiso moverse hasta donde estaba pero el muchacho que sostenía las riendas no lo permitía.
-Cómo se llama?- Bella no quitaba los ojos del animal.
-No tiene nombre. El jefe no encuentra uno que le convenza.
Libertad, pensó, pero no lo dijo, ella no tenía el derecho de nombrar a un caballo que no le pertenecía. El corcel asintió con la cabeza, como si hubiera leído su mente y hubiera aceptado el nombre.
-Le gustaría aprender a montar?- pregunto aprovechando que había visto salir a Eric con algunos hombres al límite norte del rancho, había unos alambres que arreglar. La mirada de Bella se iluminó.
-Cree que me deje montarlo?
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Y que le guste el rancho
RomanceEric Campbell, un apuesto ranchero, lleva años buscando a la mujer ideal. Ésta debe ser hermosa, carismática, humilde, amable, y por supuesto, debe gustarle vivir en el rancho. Isabella Jacobs es, efectivamente, hermosa, amable, humilde y tal vez u...
