Amanecer con su cuerpo desnudo a su lado era un sueño hecho realidad. Como cada mañana, la dejó durmiendo y su fue a dar una ducha, recordaba aquella mañana que no había querido bañarse para conservar su aroma natural, sonrió de lado, ahora la tenía cada noche a su lado. Volvió a la habitación y sonrió cuando encontró la cama vacía. Se habían casado dos semanas después de volver al rancho. Eric no había querido esperar, así que luego de tres días, había llamado a su familia para que ayudaran a Bella con los preparativos. Liz había llegado con su perro rata, y Bella había entendido porque Eric había amenazado con dispararle.
Bella se seguía levantando cada mañana para hacer el desayuno. Aún cuando estaba tan cansada y con nauseas, ya tenía doce semanas de embarazo, pero las nauseas no habían disminuido, arrancaban luego del desayuno, así que él salía cada vez más tarde a trabajar, aún cuando ella insistía en que se encontraba bien. Su pancita había empezado a crecer y Eric estaba maravillado. Pasaba horas hablando con el bebé, y acariciando y besando el pequeño bulto.
Entró a la cocina y se encontró a su esposa sacando una fuente del horno, llevaba un camisón y estaba descalza. Eric se acercó y la abrazó por la espalda, recorrió su cuerpo con las mano y la instó a girarse. Cuando la tuvo de frente la tomó de las caderas y la sentó en la mesada más alejada de la cocina, era demasiado protector, y no quería que se queme.
-Sabes? Cada mañana, cuando te veía así... descalza y con ese apetitoso trasero parado, me daban ganas de sentarte en la mesada y hacerte el amor.
-Por qué nunca lo hiciste?
-No sabía si tu sentías algo por mí... y no quería arriesgarme a perderte.
-Nunca me habrías perdido por hacerme el amor!
-No podía estar seguro.- dijo desabrochando su pantalón, acto seguido sacó su camisa por la cabeza.- Pero ahora es diferente, no?- preguntó con picardía buscando su centro con los dedos. Bella cerró los ojos y se dejó llevar por la pasión. Eric besó su cuello y gimió alto cuando estuvo dentro de su esposa. Se movía despacio, siempre lo hacía, no quería dañar al bebé, y sudaba más por el esfuerzo de contenerse que por el físico.
-Eric Campbell, Hazme el amor como Dios manda! Te juro que estoy a punto de tomar mis cosas e irme!
-No lo harás!- dijo subiendo la intensidad de sus embestidas. Después de un rato ambos estaban exhaustos. Bella lo abrazaba y rodeaba su cadera con las piernas, Eric tenía la cabeza apoyada en su hombro y la sujetaba de las caderas.- Te hice daño?
-Me rompiste, amor! Pero es que hace más de dos meses que no me hacías el amor con tanta pasión!
-No quiero dañarte... ni al bebé...
-No lo harás! Ya no se como decirtelo! El doctor también te lo dijo! No eres sádico, ni nada! Y al bebé le hace bien! Ayuda mucho para el momento del parto...
-Falta mucho para el parto...
-Pues si no me haces bien el amor puede haber complicaciones- mintió, su líbido estaba por las nubes con el embarazo, y que Eric se contuviera sólo la ponía de mal humor.
-Estás segura de que no les hará daño?
-Cien por ciento!
-Bien... creo que me voy a tomar el día!- dijo sujetándola con fuerza y subiendo las escaleras.
No salieron de la cama en todo el día, aunque Eric no le dejó saltearse ninguna comida. Le llevó el desayuno, el almuerzo, la merienda y la cena... y un pote de helado Mascarpone.
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Y que le guste el rancho
RomanceEric Campbell, un apuesto ranchero, lleva años buscando a la mujer ideal. Ésta debe ser hermosa, carismática, humilde, amable, y por supuesto, debe gustarle vivir en el rancho. Isabella Jacobs es, efectivamente, hermosa, amable, humilde y tal vez u...
