Capítulo 28

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Eric ya no trabajaba en el rancho. Salía a cabalgar temprano en la mañana y volvía a última hora. Los únicos animales con los que tenía contacto eran Misty y sus cinco cachorros. Por las noches arreglaba el papeleo que Tania hacía mal. Luego se acostaba en la segunda habitación. Por las mañanas la rutina empezaba de nuevo, se levantaba y pasaba media hora parado en la puerta de la cocina, mirando el horno. Recordaba las ricas galletas que Bella le preparaba cada mañana. Un día, Jovita preocupada le había preparado un Lemon Pie, para tratar de animarlo, pero él no había probado bocado, y sin ofender a la anciana, lo tiró a la basura. Había bajado de peso y aunque no ahogaba sus penas con alcohol, si pasaba mucho tiempo en soledad. Hasta que una mañana, mirando el horno, sintió tanto deseo de tenerla a su lado, que encontró la solución a todo. Iría a buscarla. Se instalaría en la ciudad. Así ella no tendría ninguna excusa, no había caballos ni gallinas en la ciudad. Sólo su amor, y era lo único que ambos necesitaban para ser felices. Esperó que ella lo amara, porque si no era así, su corazón roto no tendría solución. Salió de la casa y se acercó al corral donde entrenaban un nuevo caballo.

-Hey! que bueno verte!- dijo Bill. Había costado, pero al parecer su jefe había terminado por recomponerse de otra desilusión amorosa.

-Buen día, Bill. Necesito hablar contigo.

-Dime.

-Hiciste muy buen trabajo estoy 20 días que estuve... ausente...

-Siempre para servir.

-Quiero dejarte a cargo.

-Te vas de vacaciones?

-Voy a instalarme en la ciudad.

-Muchacho, tu amas el rancho...

-Más la amo a ella, Bill... recuerdas que te dije que cuando encontrara una mujer a la que amara más que al rancho me casaría?

-Lo recuerdo, pero creo que debes pensarlo bien.

-Ya pensé todo. Ella dijo que no servía para vivir aquí. Dijo que lo había intentado todo. Así que, si ella hizo el intento por mí... por qué yo no puedo hacerlo por ella?

-Serás infeliz en la ciudad, Eric. Lo sabes.

-No si ella está a mi lado. Creo que se merece que lo intente como ella lo hizo. Dijo que se cayó cinco veces de un caballo manso. Yo creí que ella nunca había querido aprender... Tu estabas con ella? Qué fue lo que salió mal?

-Ay, Dios! creo que aquí me despido de mi trabajo.- Eric frunció el ceño. No entendía por qué decía aquello su capataz.-Hace un tiempo... después de ver el tipo de mujeres que traías al rancho, le empezamos a hacer algunas bromas a las mujeres...

-Qué tipo de bromas?

-Inocentes... una de ellas era enseñarles a montar... siempre que se caían se iban llorando a la casa...

-Cómo se caían del caballo?

-No le dábamos uno manso... le dabamos uno.... de doma...

-QUÉ?!

-Era una sola caída... no les pasaba nada... nunca les paso nada...

-Pero Bella dijo que se cayó cinco veces... por qué volvieron a darle ese caballo?

-Porque ella no entró llorando... volvió a intentarlo... cinco veces...

-El mismo día?

-Si. Nos sentimos muy orgullosos de ella. Pensamos que iba a volver... íbamos a darle un caballo que pudiera montar, pero nunca regresó.

-Cuáles eran las otras bromas?

-No vas a enojarte?

-Dímelo, Bill.

-Joe tiene una serpiente albina de mascota.

-Lo se. La tiene bien encerrada. Por favor dime que esa cosa no estuvo cerca de Bella.

-La pusimos en el gallinero...

-El día que se lastimó?

-Si- dijo bajando la mirada avergonzado.

-Por Dios, Bill! Te das una idea de lo aterrado que estaba ese día?! A Bella le faltaba una vacuna! Podría haber muerto!

-Lo sé... pero es que las otras mujeres sólo tiraban la cesta y salían corriendo, pero ella trató de calmarlas y se lastimó... Lo lamento. Yo entiendo si quieres despedirme...

-No voy a despedirte. Pero por lo menos puedo entender un poco más la negativa de Isabella. Aunque estaba equivocada. Ella cree que no puede montar, pero no sabe que le dieron un caballo de doma. Cree que no se entiende con las gallinas, pero es que hubieran atacado a cualquiera! Y ni hablar de cuando montó a Libertad, ayudó a parir a una yegua y salió bajo la tormenta a rescatar a unos perros.

-Esa mujer nació para vivir en un rancho.

-Por supuesto que nació para vivir aquí! y hoy mismo voy a buscar a mi mujer! Quítale el polvo a tu traje, Bill! Si Bella me acepta en menos de un mes me caso!

Llegó a la dirección que Bella había dejado en la empresa y se encontró con un pequeño edificio de tres pisos. Bajó y se acercó al encargado.

-Buenas tardes, busco a Isabella Jacobs. Vive en el segundo piso, pero no se que departamento...

-La señorita Jacobs no se encuentra. La vi salir hace unos momentos.

-Sola?

-Disculpe, señor, pero no se quien es usted, y no me parece prudente dar información de una de las propietarias del edificio.

-Tiene razón, lo siento. Soy Eric Campbell, soy el prometido de Isabella.

-Su prometido?- el señor sellers lo miró con desconfianza.- Y cómo es que no sabe cual es su departamento?- eric cerró lo ojos con pesar.

-Tiene razón... no soy su prometido, pero deseo serlo, por un corto tiempo.

-No lo comprendo. La señorita Jacobs ha sufrido demasiado, si sólo pretende jugar con ella, le sugiero que se busque a otra mujer. Esa niña ahora tiene quien la cuide.

-No! con corto tiempo me refiero a que quiero casarme con ella pronto.

-Usted es el jefe?

-Si... Yo fui su jefe...

-Y para qué viene? Ella volvió destrozada del rancho.

-Lo entiendo, yo también me quede muy mal, estas semanas fueron un infierno para mí.

-Semanas? Si ella volvió hace unos días!

-Días?

-Si, quiero decir, hace unas cuantas semanas volvió, pero hace unos días ella regresó al rancho, y volvió con el corazón roto.

-Ella fue al rancho?- una luz de esperanza se encendió en su interior.

-Si... no se enteró?

-Si yo me hubiera enterado, usted, mi amigo, no volvía a ver a Bella, se lo aseguro. Vine con la intención de llevarla conmigo para siempre.

-Y piensa convencerla con las manos vacías?- Eric miró sus manos.-Si quiere que se case con usted, debe regalarle un anillo, si quiere curar su corazón, chocolates, si quiere que sonría, flores. Y si quiere que se tire en sus brazos, traiga helado de Mascarpone. Últimamente le fascina!

Eric no lo pensó dos veces, agradeció al hombre y salió corriendo. Anillo, chocolate, flores y helado. Tenía todo anotado mentalmente.

Y que le guste el ranchoHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora