Capítulo 27

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El mismo auto que la llevó aquella tarde de lunes al rancho, la devolvió a su hogar. Hogar... esa palabra le quedaba muy grande a su pequeño departamento. Le faltaban los olores y los sonidos de la naturaleza para ser un hogar. Le faltaba ser el rancho de la familia Campbell. Le faltaba Eric. Llenó la alacena de comida y se tiró en la cama a llorar durante una semana entera. Durante toda esa semana había pensado que si existiera una sola buena razón para volver al rancho, la aprovecharía. Volver sólo porque lo amaba no era justo para él. Lo sería si él también la amara, pero no le había dicho nada de eso. De hecho, el apodo mas cariñoso había sido "cariño", pero nunca había usado "mi amor", o "mi vida". Nunca había dicho nada que le hiciera pensar que él sentía más que deseo o cariño por ella. Luego de pensar en eso, buscó esa buena excusa. Pero nada bueno se le ocurría.

Una mañana alguien llamó a la puerta, parecía ansioso, porque golpeaba fuerte. Se ilusionó, pensó que podría ser Eric, que iba a buscarla para llevarla de los pelos de vuelta al rancho, a su lado. Pero no era Eric. Su ilusión cayó por los suelos. Era el encargado del edificio, el señor Sellers, hacía días que no la veía y se había preocupado. Agradeció al rechoncho señor por su preocupación, pero cuando estaba por despedirse unas horribles arcadas le sobrevinieron y tuvo que salir corriendo al baño. El señor Sellers se tomó el atrevimiento de entrar al departamento para sostenerle el cabello y alcanzarle un vaso de agua.

-Está bien, señorita?

-Si. No se lo que me pasó.

-De todas maneras, creo que lo mejor sería que vaya a visitar a un médico, no le parece?

-Estoy bien. No creo que sea necesario.

-Yo puedo acompañarla. Si es miedo lo que tiene. No tiene por que hacerlo sola.

-Lo haría?- sus ojos se llenaron de lágrimas. El hombre había dado en el clavo. Tenía miedo, y estaba sola.

-Por supuesto! Podemos ir ahora mismo si quiere.

-Creo que lo mejor será que me saque la duda pronto, verdad? si hay algo mal, más vale saberlo.

El señor Sellers la llevó en su auto y se quedó a su lado todo el tiempo, ella le agradeció una y mil veces por lo que estaba haciendo por ella.

El médico le pidió que se acostara en una camilla y la revisó. Tocó su estómago, oyó sus pulmones, revisó su garganta. Y luego de escuchar el motivo por el cual habían ido realmente, le pidió que entrara al baño y le dejara una muestra. Cuando ella salió, el médico entró, y cinco minutos después volvió para sentarse detrás de su escritorio.

-El señor es su padre?- El encargado no la había abandonado ni un solo segundo.

-El señor Sellers es un buen amigo.- dijo tomando la mano del anciano.

-Muy bien, señorita Jacobs, la felicito, está embarazada!

-Qué?

-Tiene aproximadamente unas tres semanas de embarazo.

-Es normal que aparezcan las nauseas tan temprano?- preguntó extrañado el señor Sellers, que tenía tres hijas y cuatro nietos, uno más en camino. No recordaba que en su familia hubieran aparecido los síntomas tan pronto.

-En realidad no. Pero puedo ver que la señorita está un poco baja de peso. Esa puede ser la razón. Tiene que alimentarse bien. No se salte las comidas, duerma bien, y trate de evitar el estrés.

Bella seguía impresionada cuando volvían al edificio.

-Puedo hacerle una pregunta?

-Dispare.

-El padre?

-Yo... lo dejé.

-Le va a decir, verdad? el hombre tiene el derecho... y la obligación.

-No se si quería hijos...

-Usted quería?

-Si. Quiero una familia grande. Como la que él tiene- dijo llorando- una familia unida.

-Bueno, si quiere un consejo... llámelo hoy mismo.

-No. Voy a hacer algo mejor! Voy a ir a buscarlo. Voy a volver a mi hogar!- lo abrazó fuerte y bajó del vehículo- Gracias por todo, señor Sellers! nunca voy a olvidarlo!

A la media tarde estaba de vuelta en el rancho. Se sintió en casa cuando bajó de su auto y sintió los olores. Los hombres estaban domando un nuevo caballo, pero no vió a Eric con ellos. Dió un paso a la casa, pero se detuvo en seco cuando oyó el galope de un caballo acercándose, giró esperando que fuera Eric, pero su corazón dio un vuelco cuando vió que se trataba nada menos que de Tania. Se bajó del caballo con una gracia que Bella pensó, ella jamás tendría. Tenía puesto un vaquero, una camisa a cuadros ajustada al impresionante cuerpo y unas botas de montar.

-Buscas a alguien?- preguntó con ironía.

-A...a Eric...

-Mi prometido no está en este momento.- Tania la miró con superioridad.

-T-tu prometi-do?- No podía creer que fuera tan tonta. Había sabido desde el inicio que esa mujer era perfecta para Eric. Ella misma se lo había dicho cuando la conoció. Y ella misma había sido la que le abrió los ojos con respecto a la felicidad de su amado. De todas maneras, no entendía por qué Eric había insistido tanto en que se quedara. Fuera cual fuera la razón, él la había olvidado. Sólo habían pasado poco más de 20 días, y él ya estaba comprometido con otra mujer.

-Si. Mi prometido. Y si no necesitas nada importante, voy a pedirte que te vallas. Eric está demasiado estresado con el tema de la boda. Un visitante inesperado lo pondría aún más nervioso.

-No... claro... yo ya me voy...

-Bien.

Media hora después de que Bella volviera a su casa, Eric llegaba de cabalgar un rato. Tania lo esperaba en el porche.

-Hay algún mensaje urgente?

-No... solo me quedé para ver si necesitabas algo más... unos masajes, o algo...

-Escucha, Tania, creo que fui bastante claro cuando te dije que el único trabajo que realizarías sería el papeleo del rancho. No debería tomarte más de dos o tres horas. Y luego te vas a tu casa.

-A ella la tenías viviendo en tu casa. Y era tu secretaria. Cuál es la diferencia?

-La diferencia no te concierne. Vete a casa.

-Claro que me concierne! Me conoces de toda la vida y tengo que seguir viviendo en el pueblo. A ella la conoces un día y al otro la tienes viviendo contigo!

-Basta! Tienes dos opciones, Tania. Te contraté porque mi hermana me lo pidió. Pero si no estás conforme puedes irte. Pero no quiero oírte hablar de Bella, entendiste? Tenía mis razones para tenerla aquí. Ahora elige. Haces tu trabajo, o contrato a alguien más?

-Bien. Haré el maldito trabajo. Me parece estúpido que aún la defiendas. La mosquita muerta te abandonó.

-BASTA TANIA! Quieres saber por qué la metí en mi casa? Porque la amaba. La amo. Y la voy a amar toda mi vida. Así que, no quiero oír que la insultas de nuevo. Por que voy a olvidarme que eres amiga de mi hermana.

Y que le guste el ranchoHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora