Ningún despertador sonó esa mañana, asique cuando se despertaron, el sol ya había salido, aunque todavía no era tan tarde como para que Jovita estuviera en la casa.
Eric fue el primero en despertarse, iba a levantarse cuando se percató de algo, o mejor dicho, alguien apoyado en su pecho, aún tenía el brazo rodeandole los hombros. Ese momento fue el mejor de toda su vida, tenerla en sus brazos lo hacía sentir completo.
Bella abrió los ojos, pero no se movió, estaba demasiado cómoda y a gusto en brazos de su jefe. Había dormido mejor que nunca en su vida. Sin intención soltó un suspiro de satisfacción.
-Bella?
-Hmm?
-Hay que levantarse
-Mmmmno... un ratito mas- Eric rió.
-Tengo tantas o más ganas que tu de quedarme, creeme, pero tengo trabajo que hacer. Y no sería cómodo que Jovita nos encontrara así.- De mala gana, Bella se separó y se sentó en la cama. Eric, sintiéndose vacío de repente, se levantó y caminó a la puerta, pero antes de llegar ella se había levantado y tomado su mano.
-Señor Campbell?-él giro y la miró de frente.- Gracias... por quedarse conmigo. No sabe lo importante que fue para mí. Se lo agradezco mucho.
-No fue nada, Bella. Siempre que lo necesites estaré aquí para tí. Sólo tienes que buscarme.-se quedó mirándola un rato- Me prometes que me buscaras cuando no puedas dormir?
-Sí.- dijo con una tímida sonrisa- Gracias de nuevo.
Eric la miraba fijamente. Llevo su mano a la mejilla de ella. Llevaba su fino pijama de algodón arrugado, el cabello desordenado, sus hermosos ojos celestes adormilados, y brillaba. Toda ella. La vió mas hermosa que nunca. No quería aprovecharse de su debilidad, pero no podía pasar un segundo más sin besarla. Asique bajó la cabeza y depositó en sus labios un simple, tierno y casto beso. Se separó despacio y estudió su rostro. No había rastros de rechazo, sino un profundo sonrojo. No pudo evitar sonreír con dulzura. Esa mujer se robaba partes de su corazón cada día que pasaba. Soltó su mejilla y se fue a cambiar.
Una ducha por la mañana era ideal para despertarse y empezar el día, pero esa mañana no tenía intenciones de tomarla. No cuando aún sentía el tacto de su mejilla en el pecho y el roce del pelo en su hombro, sin contar su delicada fragancia en toda su piel donde habían estado en contacto.
Cuando bajó, la joven estaba preparando el desayuno, como todas las mañanas, en pijama. Ella levantó la cabeza cuando escuchó que entraba y le sonrió. Puso dos tazas con café en la mesa del comedor y unas galletas que había dejado preparadas Jovita el día anterior. Cuando terminó lo vio fruncir el ceño.
-Y mi Lemon Pie?
-Está en la heladera. Pero es un postre!- dijo cuando lo vio caminar a la cocina.
-Tonterías. El Lemon Pie es para todas horas. Y yo quiero mi porción!- Lo sacó de la heladera y se sirvió un pedazo.
Desayunaron en un agradable silencio. Cuando Eric la miraba ella bajaba la cabeza sonrojada, pero cuando el desviaba la vista, ella aprovechaba para apreciar sus atractivos rasgos. Y en ningún momento las sonrisas abandonaron sus caras.
Gracias al silencio, Eric pudo escuchar la llegada de un auto. Se levanto de la silla y miró por la ventana. Su rostro dejó atrás la expresión relajada para tomar la de furia. Dando grandes zancadas se acercó a la puerta y tomó una escopeta que había cerca. Salió al porche apuntando al inesperado visitante. Bella nerviosa e intrigada, vio por la ventana que se trataba del hermano de su jefe. Leo lo miraba con media sonrisa y las manos alzadas. Asustada salió a detener a Eric.
-Que haces aquí?
-No puedo venir a visitar a mi hermanito mayor?
-Trajiste el perro?-Leo se carcajeó
-No. No lo traje.
-No te creo.
-Velo tu mismo.
-Bella- ella, que se había quedado a un costado mirando a ambos aterrada saltó en su lugar y lo miró.-revisa el auto. Fíjate que no haya ningun perro ahí.
Bella se acercó a Leo que aun tenía las manos en alto con las llaves en una de ellas.
-Buenos días, señorita Jacobs.
-Buenos días, señor. Permiso- dijo sacandole las llaves.
-Adelante. No te asustes. Es pura espuma.- Bella asintió y abrió una de las puerta, miró adentro y la cerró. Hizo lo mismo con las tres restantes.
-No hay nada.
-Y el baúl?- Bella se situó atrás del coche y lo abrió, reviso entre las maletas, pero no vio nada.
-Tampoco.
-Segura? Puede ser pequeño.
-Segura, señor. No hay ningun perro en el auto.
-Bien- dijo. Bajó el arma y entró a la casa a terminar su desayuno.
Leo se acercó a ella y notó que estaba temblando. Se notaba a leguas que era una muchacha muy sensible y no estaba acostumbrada, o no le gustaba para nada, la violencia.
-No estés asustada. Él sólo jugaba. Siempre me recibe armado- dijo bromeando. El chiste relajo un poco a Balla que aún estaba impresionada, pero no del todo. Leo la agarró del codo y entraron a la casa.
Eric estuvo a punto de volarle la mano de un tiro a su hermano cuando lo vio entrar a la casa tomando el brazo de Bella. Leo lo notó y automáticamente la soltó.
-Quiere un café?- ofreció Bella al ver que su jefe no se ocupaba de su visitante.
-Por favor- dijo Leo con una sonrisa.
-Cómo lo toma?
-Sólo- entonces reparó en el plato de su hermano, que tenía una porción de Lemon Pie a medio comer.- y un pedazo de esta exquisitez.- Bella se estaba girando para servirle cuando Eric contestó.
-No hay mas.
-Es cierto eso, señorita Jacobs?
-Yo...
-Bueno, ya... si hay. Pero no te convido- contestó viendo la incomodidad de la joven.
-Que raro... juraria que lo primero que nos enseñaron en el jardín de infantes era compartir.- dijo con una deslumbrante sonrisa que no hizo más que irritar a su hermano.
-Bella lo hizo para mí.
-Ella lo hizo?-dijo gratamente sorprendido. Ella se puso de todos colores.- Ahora me dieron más ganas de probarlo. Pero no te preocupes-dijo mirando a la joven- Voy a esperar a que se vaya a trabajar para probarlo. De todas maneras- dijo después de un rato- por que desayunas tan tarde? no tendrias que estar afuera hace rato?
-Me quede dormido.
-Interesante- dijo enigmático, al ver el intenso rojo en las mejillas de la joven secretaria. Tenía que recordar preguntarle a su hermano que había cambiado en su relación desde la noche anterior, que habían hablado por teléfono.
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Y que le guste el rancho
RomanceEric Campbell, un apuesto ranchero, lleva años buscando a la mujer ideal. Ésta debe ser hermosa, carismática, humilde, amable, y por supuesto, debe gustarle vivir en el rancho. Isabella Jacobs es, efectivamente, hermosa, amable, humilde y tal vez u...
