Capítulo 3: Primer beso - Parte 2

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Punto de vista: Suho

No sé qué pasó. En un momento estábamos peleando y, de pronto... lo estaba besando. Me separé de él automáticamente cuando escuché a esos idiotas gritar al unísono:

—¡Suelta a nuestro unicornio, pervertido!

—Yo no... —empecé a decir, sin saber muy bien cómo explicar lo que había pasado.

Levanté la vista hacia Lay y lo noté totalmente quieto, estaba petrificado en el suelo, con los ojos muy abiertos y sin pestañear. Por un instante pensé en disculparme, pero el orgullo pudo más y, cambiando totalmente mi expresión, grité mirando a todos lados:

—¿Quién fue el bastardo que me empujó? ¡Maldita sea!

Esos idiotas y mis amigos se miraron entre sí, y entonces Kai señaló con el dedo acusador:

—Es culpa del ojón, el que tiene complejo de enano.

—¿A quién le dices ojón con complejo de enano, intento de negro con complejo de carbón? —replicó D.O. con mucho enfado, poniéndose de pie de un salto para enfrentarlo.

—¡Pueden dejar de discutir, bastardos! —interrumpí, furioso—. ¡Me las pagaras, maldito enano! —le dije acercándome peligrosamente hacia D.O. Juro que en ese momento tenía unas ganas inmensas de matarlo.

Iba a darle un golpe con todas mis fuerzas, pero en ese preciso instante Lay comenzó a llorar desconsoladamente. Todos nos quedamos en shock y nos detuvimos al momento, olvidando la pelea. Entonces, el enano número dos —llamado Xiumin— se le acercó rápidamente, se arrodilló a su lado y le preguntó con voz dulce:

—¿Qué pasa, mi pequeño unicornio? Dinos quién te hizo daño.

—Yo... yo ya no me podré casar jamás —dijo gritando entre sollozos—. Ese bastardo me ha robado mi primer beso... ¡Y yo que lo había guardado para el indicado!

Sus amigos se le acercaron y trataron de consolarlo, pero parecía que nada daba resultado, seguía muy alterado.

Sin embargo... para ser sincero, en ese momento todo lo demás me daba igual. Solo podía pensar en lo que acababa de decir: "Era su primer beso". Y por alguna extraña razón que no entendía, saber que yo había sido el primero me hizo sentir una alegría extraña en el pecho, una sensación que no esperaba pero que me gustó... demasiado.


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