Punto de vista: D.O.Al terminar el almuerzo, los chicos y yo tomamos nuestras cosas para irnos, pero cuando estábamos por salir, el idiota del negro —o mejor dicho, intento de africano— nos atravesó en la puerta. Lo miré mal, al igual que mis amigos a los suyos.—¿Qué quieres, negro? —dije finalmente, harto de sus tonterías.Él me vio y rio con suficiencia, para luego decir:—Oye, ojón, tienes esos ojos tan grandes y eres ciego... ¿No ves que soy pasión canela? —dijo mientras apretaba la mandíbula con fuerza.—¡Pasión canela mi trasero! Todo el mundo sabe que eres negro como el carbón —le respondí sin miedo.Él iba a levantar su mano para pegarme, pero de pronto un chico desconocido tomó su mano y lo detuvo en el acto. Todos miramos sorprendidos. El extraño soltó su agarre y se interpuso entre los dos, mirando fijamente a Kai.—No lo toques —dijo con voz seria y autoritaria.—¿Y tú quién diablos eres? —dijo molesto Kai, casi escupiendo veneno por la boca.—Eso no es de tu incumbencia —lo ignoró por completo y se giró para verme a mí con una sonrisa suave—. No permitas que ningún bastardo sin gracia te toque —me dijo mientras acariciaba mi mejilla con delicadeza. Y sin esperar respuesta, se marchó para luego reunirse con otros seis chicos que lo esperaban más atrás.Todos nos quedamos en silencio, procesando lo que acababa de pasar. Miré a Kai y se veía mucho más enfadado y cabreado de lo usual. Iba a retomar mi camino, pero entonces él tomó mi muñeca con fuerza y me guió hacia la salida. Comencé a protestar, pero no me dejó zafarme de su agarre ni un segundo.Al notar que no me podría librar de él tan fácilmente, traté de buscar ayuda de mis amigos, pero estos estaban ocupados discutiendo con los otros orangutanes de cuarta, así que ni cuenta se dieron.Sin darme cuenta, ya estábamos apartados de todos. Me guió por los pasillos hasta encontrar un salón vacío, me metió dentro a la fuerza y cerró la puerta tras él con seguro. Al girarse, comenzó a acercarse peligrosamente a mí, con esa mirada que me ponía nervioso. Yo me iba apartando poco a poco hasta quedar contra una mesa. Cuando levanté la vista, él ya estaba justo a mi lado. Me sostuvo entre sus brazos y entonces me miró fijamente a los ojos y dijo prácticamente gritando:—¿Se puede saber quién diablos era ese bastardo?Me estremecí. Jamás le había temido, pero en este momento sí lo hacía.—Responde de una vez —insistió, bajando un poco la voz pero igual de intenso.Me estremecí nuevamente. Lo miré a los ojos; podía notar toda su ira, pero también había algo más... se veía dolido.—Yo... yo no lo sé —respondí finalmente con la voz baja.Él bajó su mirada hacia mi mejilla, justo donde anteriormente aquel chico me había tocado.—Ese bastardo te tocó... —dijo con rabia contenida.¿Qué demonios le sucede? Está actuando muy extraño. Es como si estuviera celoso... Espera un segundo... no será eso, ¿o sí?Entonces hablé, pero ahora yo era el que estaba enfadado:—¿Qué demonios te pasa, idiota? ¿Es que te volviste loco o qué?—Me pasa... bueno, no sé qué me pasa, pero juro que si algún bastardo te toca de nuevo, lo mato —aseguró con determinación.Reí despectivamente y entonces le dije mirándolo directo a los ojos:—Si no fuera porque eres tú, el gran hombre que se mete con cualquiera que tenga faldas, juraría que estás celoso.Él me miraba intensamente. Por un instante se sonrojó y apartó su mirada de la mía, perdiendo esa seguridad que tenía segundos antes. Poco a poco fue acercándose a mis labios, mientras los miraba con un hambre feroz. No entendía por qué, pero no me aparte, ni mucho menos traté de esquivarlo; solo lo miraba ansiosamente.Cuando ya estaba muy cerca de mí, volvió a mirarme a los ojos, como si tratara de pedir permiso. Yo mordí mi labio inferior sin darme cuenta. Entonces él tomó mis piernas y me subió a la mesa, quedando yo sentado y él de pie entre mis piernas. Las abrí instintivamente para darle acceso a mí. Él se terminó de acercar y comenzó a besarme con hambre, con desesperación. Yo suspiré y él gimió bajito cuando pasé mis brazos por su cuello y até mis piernas alrededor de su cintura. Bendita fuera esa mesa que tenía el porte perfecto.Al terminar el beso, apoyó su frente contra la mía y me miró. Sentía mi cara ardiendo del sonrojo, pero por alguna razón me sentía bien, tranquilo. Y entonces él dijo con voz ronca por el beso:—Si te atreves a mirar a alguien más, te irá muy mal.Reí por su actitud y le respondí retadora:—¿Qué pasa si quiero un castigo?Él me miró con algo de perversión en la mirada y dijo:—No me tientes... Solo te lo digo: si te atreves a dejar que alguien más te toque, le partiré la cara a él y a ti no te dejaré caminar en una semana.Me sonrojé aún más y aparté la mirada, murmurando:—Ni que fuera de tu propiedad... solo fue un beso.—Lo eres. De ahora en adelante lo serás. Y para que no quede duda, yo solo te seré fiel a ti —aseguró totalmente serio.Lo miré con la boca abierta y no logré decir nada, ya que volvió a besarme, pero esta vez con mucha más ternura y cariño.No comprendía nada. Siempre fue un idiota y un bastardo... aunque si lo pienso bien, la mayoría de las veces en que discutíamos o se metía conmigo, era cuando yo estaba con alguien más hablando. O sea, que él peleaba conmigo y yo terminaba enfadándome, y terminábamos muy mal ambos sin razón.Al terminar el beso, me miró a los ojos y dijo:—Lamento haberte levantado la mano antes... Prometo que no lo volveré a hacer. Solo trataba de llamar tu atención, aunque fuera mal.—Mala idea. Tratar de llamar mi atención siendo un idiota —dije, aunque ya no tan molesto como antes.—Sé que he sido un idiota, pero tú también lo has sido —dijo mirando nuestras manos, que en ese momento estaban entrelazadas sin que nos diéramos cuenta.—¿Qué se supone que somos ahora? —pregunté, mirando también nuestras manos unidas.—Solo sé que no quiero que estés con nadie que no sea yo. Seamos amigos... con algo más, ¿te parece? Pero con la condición de que nadie te toque —propuso.Lo miré confundido. Entonces quité mis manos de las suyas y lo aparte suavemente. Me levanté de la mesa y caminé hacia la salida. Él me miraba sorprendido por mi reacción. Cuando abrí la puerta, le dije molesto:—No soy amigo con beneficios de nadie. A menos que tengas claro qué es lo que seremos, no me hables. Además, haré con quien se me dé la gana lo que yo quiera.Entonces salí y cerré con fuerza la puerta, para luego echar a correr.Al llegar al patio trasero, traté de respirar para calmarme, estaba muy exaltado. En el fondo yo lo quería, siempre lo supe; después de todo, me gustaba desde la secundaria. Pero él siempre fue un bastardo que se metía con una y con otra, y para colmo me trataba mal. Así que yo comencé a tratarlo de igual manera... ¡y ahora me sale con esto! ¿Quién demonios se cree ese negro, intento de carbón?Cuando por fin regulé mi respiración y comencé a caminar, de pronto me quedé petrificado.Vi cómo Lay y el idiota de Suho estaban tomados de la mano, y se sonreían mutuamente de una forma tan dulce... Entonces me acerqué a ellos. Al verme llegar, se apartaron rápidamente y separaron sus manos
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Rivales
Fiksi PenggemarDel odio y el amor hay un solo paso, pero hay una gran brecha que solo algunos son capaces de superara. Que pasar cuando un grupo de chicos que no hacen mas que pelear, se vean en bueltos en diatintas situaciones. A-Grupo de Estudiantes de Elite D...
