Capítulo 30: La primera vez (1/2)

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bueno primero que nada aquí se viene un especial KaiSoo, espero les guste y tiene unas pequeñas parte subidas de tono jajaja espero lo disfrute.

esta dedicada para una gran amiga y seguidora de esta lectura.

  @NeniGonzalez6  (se que tu sucia mente deceaba esta parte jajaja)  y a hora lo que nos convoca un nuevo capitulo. 



Punto de vista: D.O.Estar en casa fue un día muy agotador. Estaba descansando en mi cuarto cuando tocan el timbre. Sabía que mis amigos no vendrían ya que nunca venían sin llamar antes, y sabía que no eran amigos de mis padres porque, como siempre, no están en el país, trabajando en el extranjero.Bajé por las escaleras y fui a la entrada. Y antes de que la nana fuera a abrir, dije:—Tranquila, ya abro yo... sigue con lo tuyo.—Como diga, señor —respondió ella amablemente.—Te he dicho que no me digas señor, me haces sentir viejo —dije caminando hacia la puerta, sonriendo.La chica rio y se fue a la cocina. Cuando finalmente abrí la puerta, me quedé helado:—Dios... Kai, ¿qué te pasó? —le sostuve antes de que cayera al suelo.Tenía un ojo morado que se estaba poniendo negro, el labio partido y se afirmaba el estómago con una mano, como si le doliera mucho.—No es nada... puedo pasar, ¿verdad? —dijo este algo cansado, casi sin fuerza.—Sí, ven... vamos a mi cuarto, rápido —dije ayudándole a entrar y cerrando la puerta tras de nosotros.Subimos las escaleras lentamente, ya que este se quejaba por los dolores con cada paso. Cuando al final llegamos a mi habitación, cerré con llave para privacidad, le ayudé a sentarse en el borde de la cama y me hinqué a su lado, mientras examinaba sus heridas con miedo y rabia.—Me puedes decir qué sucede... ¿quién te hizo tanto daño? —dije preocupado y molesto; no con él, sino con el bastardo que le hizo eso.—No es nada, de verdad... solo una pelea —dijo, mientras acariciaba mi cara con mucho cuidado para no herirme.Me paré rápidamente y fui al baño, tomé el botiquín de primeros auxilios y volví, para comenzar a curarle con mucho cuidado.—¿Estás enfadado? —preguntó, entre quejidos por el roce del algodón con alcohol sobre sus heridas abiertas.Sin embargo, no le respondí, porque sí estaba molesto, con él, con su familia, con el mundo entero. Sin embargo, no paré de curarle; no dejaría que se infectara ni que le doliera más de lo necesario.El debió notarlo en mi silencio, ya que tomó mis manos y las sostuvo para luego decirme con voz suave:—No te enfades... te lo diré, pero no lo hagas tú, por favor —le miré sorprendido; no conocía esta faceta protectora de él y me gustaba, me gustaba mucho.—Bueno... lo que pasa es que... —se quedó callado un momento, buscando las palabras.Me paré y me senté junto a él en mi cama, para luego tomar su mano y acariciarla lentamente con mis dedos, dándole tiempo.—Todo estará bien... confía en mí —le dije bajito.El solo me miraba. Podía notar la duda en sus ojos, sin embargo, yo solo quería saber cómo ayudarlo. Ya antes había notado que este llegaba al instituto con moretones o cortes. Al principio pensé que era normal, ya que es parte del grupo más conflictivo del instituto, sin embargo, con el tiempo me di cuenta que había algo más. Tenía mis sospechas, pero simplemente traté de no pensar en eso... después de todo no era de mi incumbencia ya que él y yo no éramos nada, ni siquiera amigos, pero ahora era diferente. Bueno... siempre lo fue, siempre me angustiaba verle todo amoratado y lastimado.Le miré a los ojos y apreté un poco su mano y dije:—Dime qué sucede, por favor... cariño.Este sonrió y dijo:—Sale tan lindo "el cariño" de tus labios que creo nunca me cansaré de oírlo —dijo sonriendo con esa sonrisa que me mata.Yo le sonreí y apreté nuevamente su mano para que este entendiera que debería seguir contándome lo sucedido.—Bueno... sucede que esta tarde, tras despedirme de ti, volví a casa. Y el bastardo de mi padrastro estaba golpeando a mi madre, así que como de costumbre me metí en medio y me peleé con él. Claro... él quedó peor que yo, te lo aseguro —dijo eso último riendo, pero era más como una mueca de dolor.—¿Tu madre... por qué no le deja si le golpea? —pregunté, tras eso me arrepentí al instante—. Yo lo siento, lo dije sin pensar, perdona.—Está bien, mi amor... es algo que yo también me pregunto y ya hace mucho tiempo —dijo este acariciando mi rostro.A lo que yo solo podía sonrojarme. ¡Dios! Me había dicho "mi amor".—¿Qué sucede? —preguntó este algo angustiado por mi repentino silencio y mi cara roja.—Es que... me llamaste "MI AMOR"... eso me tomó de sorpresa —dije mirando nuestras manos enlazadas.—Si te molesta yo... —entonces le interrumpí rápidamente.—Te equivocas... no me molesta ni nada, es solo que no lo esperaba es todo... mi amor —le devolví el término con todo el sentimiento.El me miraba sorprendido por unos instantes para luego reír alegremente, mientras besaba cada parte de mi rostro: frente, nariz, mejillas...Luego nos recostamos en la cama, mirando hacia el techo, abrazados delante. Y entonces recordé algo que me hacía ruido:—¿Por qué viniste para acá y no donde algunos de los "mongólicos" de tus amigos? Ahí estarías más seguro.—La verdad es que... quería verte. Y no son mongólicos —dijo lo último riendo a lo que yo también reí.—No defiendas lo indefendible... bien sabes que incluso tú a veces lo dudas —le dije burlándome de ellos.—Woo... es bueno saberlo. Pues ahora verás —dijo eso y de un movimiento rápido se subió sobre mí para hacerme cosquillas.Yo, entre risas, traté de quitarle, sin lastimarle claro... sabía que seguía herido y dolorido.—Porfa... por favor... por favor no... cosquillas no... ¡soy muy sensible! —grité riendo.Este, de a poco, comenzó a dejar de hacerme cosquillas, y subió sus manos para sostener las mías contra la almohada. Y ahora estaba sobre mí mientras me miraba a los ojos fijamente. Fue así un rato, en silencio, hasta que de la nada dijo con voz ronca:—Eres tan hermoso... que duele.Yo solo me sonroje desviando la mirada. Este, poco a poco, se acercó tanto a mí que podía sentir su respiración mezclarse con la mía, cálida y acelerada. Yo solo le miré y al final fui yo quien terminó con la distancia entre nosotros, uniéndo nuestros labios.Lo que comenzó como un beso tranquilo y lleno de amor, se fue transformando en uno lleno de pasión y deseo insaciable. No podíamos separarnos el uno del otro; era como si nuestras vidas dependiesen de ello.De un momento a otro este bajó la guardia por el dolor de sus costillas, por lo que le di la vuelta y ahora estaba yo a horcajadas sobre él, dominando la situación.Cuando al fin nos separamos por la falta de aire, lo vi a los ojos y podía ver todo lo que él sentía por mí. En sus ojos solo estaba yo, nadie más. Él me amaba y yo a él.—Si vamos rápido yo puedo esperar... no te haré daño —dijo muy agitado por el reciente beso, entendiendo mi nerviosismo.Yo le miré y le sonreí. Él estaba pensando en mí, siempre cuidándome, sin embargo, yo le deseaba más que nada en el mundo.Sobre él comencé a quitarme la chaqueta. Este debía comprender por qué solo me miraba embobado, mientras ponía sus manos sobre mis muslos, subiendo poco a poco. Mi cuerpo se tensaba por el solo hecho de sentir sus manos sobre mí, ardía en piel.Este, como pudo, se sentó aun yo estando sobre sus piernas. Me ayudó con la camisa y entonces cuando ya estaba desvestido hacia arriba, le abracé mientras le miraba a los ojos y dije con voz seductora:—Señor Kim... creo que usted está con mucha ropa.El me volvió a sonreír para luego decir con malicia:—¿Por qué no me ayudas a quitármela, señorito Soo? —dijo eso con una sonrisa pícara en sus labios.Dios... este hombre es simplemente perfecto.Estaba algo ansioso y nervioso, ya que jamás he estado con nadie, era mi primera vez. Él lo debió notar ya que me ayudó y comenzó a besarme despacio, tranquilizándome, a lo que yo contesté a sus besos con la misma intensidad.De a poco él me volteó, dejándome recostado sobre la cama y se puso encima, acariciando cada rincón de mi cuerpo. Tenía demasiado calor, sentía que me quemaba. Seguimos besándonos y acariciándonos, hasta que ya estábamos desnudos, piel con piel.Él esparcía besos desde mis labios y bajando por mi barbilla, recorriendo mi cuello. Moví mi cabeza hacia un lado para darle mejor acceso a ese espacio sensible. Besaba, lamía y mordía cada parte de mí, marcándome como suyo.

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