Capítulo 62: ¡Eres un idiota!

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Punto de vista: Min SeokGrité su nombre una y otra vez, sacudiéndolo suavemente, aunque tenía miedo de moverlo de más. La sangre no paraba de salir de su cabeza y mis manos ya estaban totalmente manchadas de ese líquido rojo que me aterraba.—¡Chen! ¡Por favor, abre los ojos! ¡No te hagas el dormido, maldito idiota! —le decía entre lágrimas que caían sobre su rostro.Mis amigos se acercaron corriendo, apartando a la gente que nos rodeaba y gritando para pedir ayuda. Kai, al verlo, se puso pálido de golpe y se agachó a revisarlo.—Golpeó muy fuerte contra el borde de cemento de la gradería... hay que llevarlo al hospital ya —dijo Kai con voz temblorosa, pero actuando rápido.En cosa de segundos, entre todos lo levantaron con cuidado, pero yo no lo solté en ningún momento; fui pegado a él todo el camino hasta el auto de Baekhyun, quien condujo como loco hasta el centro médico más cercano.Durante todo el trayecto, yo tenía su cabeza apoyada en mis piernas, limpiando la sangre que seguía bajando con mi propia camiseta, susurrándole que se despertara, que no me dejara, que... que yo...Al llegar, los enfermeros salieron con una camilla y se lo llevaron corriendo adentro. Quise ir con ellos, pero me lo impidieron. Me quedé parado en la entrada, temblando de pies a cabeza, con las manos llenas de su sangre y las lágrimas corriendo sin parar.Sentí unos brazos rodearme y vi que era Luhan, quien me abrazaba fuerte.—Estará bien, Min... es fuerte, ya lo sabes —me decía él tratando de calmarme, aunque también se le notaba preocupado.Pasaron minutos que se sintieron como horas. Mis amigos estaban ahí, todos con caras de angustia, incluso los chicos que antes eran sus rivales y ahora eran parte de nosotros.Hasta que por fin salió un doctor. Nos acercamos todos de golpe.—¿Cómo está? ¿Está bien? —pregunté desesperado, siendo el primero en hablar.—Estable. Ha tenido mucha suerte. El golpe fue fuerte, pero no ha fracturado nada grave. Ha perdido mucha sangre y está inconsciente por el impacto, pero debería despertar en unas horas. Solo necesita reposo absoluto —nos informó el médico.Suspiré tan fuerte que sentí que me faltaba el aire. Se fue a arreglar los papeles y nos dejaron pasar a su habitación.Entré despacio. Él estaba ahí, acostado, pálido, con la cabeza vendada y conectado a unas máquinas que pitaban rítmicamente. Me acerqué a su lado y tomé su mano, que se sentía tan fría comparada con la mía.Mis amigos nos dejaron solos un momento para que hablara con él. Me senté en la silla junto a la cama y acerqué su mano a mi mejilla.—Eres un idiota... un completo, enorme y estúpido idiota... —empecé a decir con la voz rota, mientras las lágrimas volvían a salir—. ¿Por qué lo hiciste? Podrías haberte matado... ¿por qué te metes en problemas por mí? ¿Por qué me defiendes si solo soy un estorbo para ti?Hice una pausa para tragar el nudo que tenía en la garganta. Lo miré fijamente, a su rostro tranquilo, sin esa maldita sonrisa suya de siempre.—Me dijiste que yo te gustaba... que querías estar conmigo... y ahora haces esto... —susurré—. ¡Eres un idiota! Porque ahora... ahora me tienes aquí, aterrado, llorando por ti, sin saber qué haría si te pasaba algo... ¡Eres un idiota, porque lograste lo que querías! —grité bajito—. ¡Me importas tú, maldita sea! Me importas mucho más de lo que quise aceptar, más de lo que es seguro... y te odio por eso.Me quedé en silencio, solo escuchando el sonido de su respiración. Me incliné y dejé un beso suave en sus dedos.—Así que... por favor, despierta pronto. Porque te voy a matar yo mismo si te pasa algo... y porque... —me armé de valor y cerré los ojos— ...porque creo que yo también me estoy enamorando de ti, idiota.

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