Capítulo 1: Castigados... con ellos

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Punto de vista: BaekhyunDormía plácidamente en mi cama cuando un sonido incesante me despertó; era la alarma. Lentamente me fui moviendo hasta estar totalmente despierto, tomé la ropa que había dejado lista el día anterior y entré al baño para bañarme y arreglarme. Cuando estuve listo, fui a la sala, tomé mis cosas y salí; ya hacía un año y medio que vivía solo en mi departamento.Mi padre pensó que sería bueno que comenzara a vivir solo, pero vaya... en realidad solo quería que me fuera para traer a esa zorra a la casa sin que yo se lo reprochara. Después de la muerte de mi Omma, nada fue igual, claramente. Yo solo discutía con mi padre, y él nunca estaba en casa: o estaba en la compañía o con sus mujeres.......Cuando salí, le envié un mensaje a D.O.Baek: DODO, iré a Starbucks. ¿Te llevo algo?Pasado un minuto, me respondió.D.O: Te he dicho que no me digas DODO, engendro. Y quiero un moca con poca azúcar.Reí y simplemente seguí con mi camino. Al llegar, pedí ambos cafés y pagué. Todo iba perfecto hasta que un poste con patas se cruzó en mi camino y no me dejaba pasar.—¡Eh, idiota! Déjame pasar —le exigí a Chanyeol.—¿Y si no quiero, qué? —dijo sonriendo con suficiencia.—Pues tendré que partirte el trasero para que te muevas —dije, ya enfadado.—¿Tú y cuántos más, "princesa"? —dijo esto último con tono de burla.—¿Qué dijiste, bastardo? —pregunté prácticamente gritando. Me importaba poco estar en público, pero me cargaba a este idiota... bueno, eso decía yo.—¡Oh! Parece que la princesa se ha enfadado —se burló.Iba a responderle con algo peor, pero mi celular sonó. Con una mano sostuve la bandeja y con la otra saqué el teléfono que llevaba en el abrigo.—Sí, dime, Lulu —dije tratando de no mostrar lo enfadado que estaba.—Divaza, D.O. dijo que irías a Starbucks. ¿Podrías traerme un café expreso? —dijo con su voz tierna de siempre.Suspiré y me di la vuelta, ignorando al poste de Park Chanyeol. Regresé a la caja y pedí lo de Luhan, pagando de nuevo. Para evitar cualquier accidente con las bebidas, me lo pusieron todo en una bolsa. Decidí salir por la otra puerta para no tener que verle la cara a ese idiota, pero noté que, al verme irme sin darle más importancia, se enfadó... y quién sabe por qué razón.Cuando llegué al instituto, les entregué a mis amigos sus pedidos e iniciamos nuestra reunión matinal sobre las actividades del centro estudiantil.Tanto D.O., que era el presidente, yo como vicepresidente, y Luhan, que era el secretario, estábamos organizando las actividades para las próximas festividades. También formaba parte del grupo Lay, quien era el tesorero, aunque por ahora no había llegado.—Adelante, pasen —dijo D.O. casi en un susurro; nunca entendí cómo era que lo escuchaban tan bien.Esperamos un minuto y entró Lay.—Hablando del rey de Roma, que por aquí asoma —dije.—Lo siento, chicos, me quedé dormido —se disculpó él.—Está bien, Lay, eso siempre es así —dijo Luhan riendo, mientras nosotros sonreíamos por lo bajo.—Bien, sigamos con la reunión —ordenó D.O.Al terminar nuestro trabajo, fuimos a encontrarnos con Xiumin y Tao, quienes estaban terminando con sus prácticas de la mañana. Tao es capitán del club de artes marciales mixtas, mientras que Xiumin —o como yo lo llamo, el "Bollito"— es el capitán del club de kendo.Cuando ya estábamos todos juntos, íbamos a ir a nuestra primera clase del día cuando notamos que unos idiotas —que por cierto sabíamos perfectamente quiénes eran— estaban molestando a un chico de primer año. Entonces D.O. caminó hacia donde estaban esos idiotas y dijo:—¡Eh, bastardos! ¿Es que tendremos que hacer esto todas las mañanas?—Oh, pero si es el ojón del presidente —dijo el poste con patas de Chanyeol.—¿A quién le dices ojón, dumbo de cuarta? —intervine enfadado. No iba a permitir que molestaran a mi mejor amigo.—No te metas, princesita —dijo el "negro" de Kai.—¡No le digas princesa, intento de africano! —se metió en la discusión Xiumin.—Miren, chicos, salió el bollo regordete —dijo Chen, sonriendo como el gato de Alicia en el país de las maravillas.—¡Eh, tú, felino! El único que le dice "Bollito" somos nosotros —dijo Lay, poniendo un puchero en sus labios.—Eh, pero si es el tonto despistado —comentó Suho. La verdad es que no sé cómo puede ser parte de ese grupo siendo que está dentro de los 5 mejores promedios del instituto.—¡Eh, nadie le dice tonto a mi unicornio! —exclamó Tao, casi lanzándose encima del imbécil de Suho. De no ser porque lo detuvimos a tiempo, esto hubiera terminado mal desde antes.—Tú no te metas, intento de Piccolo —saltó Sehun respondiéndole a Tao.—¡No te metas con mi panda, bastardo! —le contestó Luhan a Sehun.—Me están hartando con sus juegos —amenazó finalmente Kris. Nos miramos fijamente por unos instantes, hasta que de pronto Suho se acercó a Lay y le quitó su unicornio de peluche, mientras decía—: ¿No estás un poquito grande para andar con peluches?Lay estaba a punto de llorar, y eso fue el límite. Todos comenzamos a pelear entre patadas y golpes, lanzándonos contra esos idiotas. ¡Nadie se metía con Lay, nadie!No sé cuánto tiempo estuvimos peleando, hasta que llegó la directora y nos mandó a todos a su despacho.—Chicos, realmente no sé qué pasa con ustedes doce, siempre termina igual —dijo la directora, ya cansada de la situación.—Lo que pasa, señora directora, es que... —empezó a explicar D.O., pero ella lo interrumpió.—No quiero excusas, chicos, siempre es lo mismo. Y ustedes seis —señaló hacia nosotros— me decepcionan. Son la élite de esta institución, deberían dar el ejemplo —dijo más enfadada.—De ustedes no me sorprende nada, ya me tienen más que harta con sus actitudes de niños matones —dijo ahora refiriéndose a nuestros contrincantes.Dio un gran suspiro y finalmente tomó la decisión:—Ya que no quieren llevarse bien, no me dejan de otra que mandarlos a detención a TODOS JUNTOS, para ver si así aprenden a convivir.—¡¿Castigados... con ellos?! —dijimos todos al mismo tiempo, con desagrado.—Sí. ¿Algún problema? ¿O prefieren que los castigue por un mes completo, todos juntos? —amenazó con la mirada fija.Todos negamos con la cabeza. Nosotros los mirábamos con rencor y ellos a nosotros con la misma intensidad.¿Qué diablos estaba pensando? Si no podemos estar ni cinco minutos sin discutir... ¿qué le hace pensar que podremos estar encerrados en una sala sin matarnos entre nosotros? —pensé para mis adentros.—¡AHORA, salgan de mi despacho! Y los quiero a todos a la hora de la salida en la sala de detención —ordenó tajante.Todos asentimos y nos fuimos, cada uno por su lado. Nadie dijo nada, porque si iniciábamos a discutir ahí mismo, probablemente nos terminarían castigando por un año completo junto a esos orangutanes.

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