Capítulo 34: Creo que me podría acostumbrar

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Cuando llegamos al departamento, fui a la cocina por lo necesario para que comiéramos en la sala. Al volver, Kris seguía de pie en la entrada, sin moverse.—¿Qué sucede? ¿Por qué no te sientas? —pregunté extrañado.—Es que yo no... —podía notar su nerviosismo. Es lindo verle así; es una nueva faceta de él que estoy conociendo ahora.Caminé hacia él y le sonreí. Él iba a retroceder, pero fui más rápido y le tomé de la mano y le guié hasta el sillón, obligándole a sentarse.—Desde ahora esta es tu casa. Deja de actuar como bobo —dije riendo para quitarle peso al asunto.Él, atónico, abrió los ojos; creo que eran tan grandes como los de Do Kyung Soo. Le iba a hablar nuevamente, sin embargo, vi una lágrima correr por su rostro, y entonces me alarmé de verdad.—¿Qué? ¿Qué sucede? ¿Te duele algo? ¿Vamos al médico? —dije parándome de golpe, pero él me detuvo agarrándome de la manga y continuó.—Hacía muchos años que no escuchaba lo de "tu casa"... se siente bien, supongo —dijo bajito, secándose la lágrima con vergüenza.Ahora era yo el sorprendido. No pensé que reaccionaría así por eso. No quería que estuviese triste ni nada parecido, así que decidí cambiar de tema rápidamente.—Mejor comamos antes de que se enfríe la comida —le señalé los envases.El asintió y comenzamos a comer mientras veíamos una película de acción en la televisión. Al terminar, él recogió todo y fue a lavar los platos. Yo no quería que hiciera esfuerzo, pero no hubo manera de que este se quedara quieto, así que opté por barrer las migajas que habían caído al suelo.Cuando me di cuenta ya era tarde, y el sueño comenzaba a ganar. Así que dije un poco nervioso:—Mira... la verdad es que solo tengo una cama en el departamento... —dije sonrojándome sin querer.El sonrió y dijo muy divertido, notando mi incomodidad:—Yo puedo dormir en el sillón, después de todo es tu casa y yo soy el invitado.—¡Ya vale! Que ahora también es tu casa, ya te lo dije. Además, estás convaleciente. El médico me dio indicaciones claras de que debes descansar mucho, por uno o dos días, así que mañana no irás a clases tampoco —dije gruñendo, parecía más su madre que su amigo.—No, yo dormiré en el sillón. Ya es suficiente con que me dejes quedar acá y me cuides —dijo con cansancio en la voz, pero firme.—¡Qué cabezota eres! Te estoy diciendo que no —dije ahora yo molesto por su orgullo tonto.—Ya sabes cuál es mi respuesta —dijo él indiferente, aunque se notaba que le dolía moverse.Estuvimos un rato mirándonos, sin dar el brazo a torcer ninguno de los dos.—Bien... entonces ambos dormiremos en la cama —dije de golpe.Vale, eso sonó peor de lo planeado... bueno, es que no lo planee, simplemente salió.—Yo... —Kris no dijo nada ya que se sonrojo hasta las orejas.Vaya que lindo se ve sonrojado... Espera, toqué mi cara con mi mano, está caliente... ¡Dios, debo estar rojo como un tomate yo también!—Solo es dormir, no es para tanto... vamos —no le di chance a protestar ya que yo ya le estaba jalando hacia el pasillo para llegar al dormitorio.Ya dentro, me volteé a mi armario y saqué una pijama y le entregué una a él.—Puede que te quede pequeña, mañana nos encargaremos de comprar tus cosas. Por mientras, el baño está por allá —dije apuntando a la puerta a la derecha de la entrada, junto al escritorio—. Mañana haremos espacio en el armario para tus cosas —dije caminando hacia la cama para sacar mi pijama de debajo de la almohada—. En el baño hay un cepillo de dientes extra, podrás encontrar de todo allí, así que no habrá problema... ¿entendido? —dije eso último y le miré.Él miraba fijamente la pijama en sus manos.—¿Sucede algo? —pregunté preocupado.Él levantó la mirada y negó con la cabeza.—Bien... me iré a bañar, luego puedes ir tú —dije y me fui al baño, casi corriendo, no quería que se diera cuenta de mi nerviosismo creciente.¿En qué demonios pensaba al traerle aquí? —susurré al cerrar la puerta.Al cabo de un rato me bañé y salí. Él estaba sentado en el borde de la cama, esperando.—Puedes pasar —le entregué dos toallas y prácticamente le metí a empujones dentro para que se duchara y se relajara.Cuando escuché la ducha correr me tranquilicé un poco. Me senté en la cama y comencé a secar mi cabello y me puse mi loción de noche. Al cabo de casi media hora, Kris salió con el pelo mojado y el torso descubierto, solo con el pantalón de la pijama puesta. A pesar de los moretones y los puntos de sutura... Dios, estaba tan... tan... demonios.—¿Por qué sales así? —me volteé para no verle, no porque no quisiera, sino por lo rojo que debía estar mi cara.—La parte de arriba no me queda... eres más pequeño que yo —dijo divertido. Era obvio que se había dado cuenta de mi nerviosismo y de que le miraba.—¡Oh! Bueno... —me pare y me fui a mi lado de la cama, para recostarme y taparme hasta el cuello—. Sécate el cabello, te enfermarás —dije señalando el secador.El asintió y se sentó donde yo estaba antes, pero al intentar secarse debió sentir dolor, ya que se encogió un poco y soltó un quejido bajo.Rápidamente me acerque a él.—¿Estás bien? Déjame, te ayudo —dije quitándole el secador de cabello de las manos.Sin embargo, este se negó y por el impulso del movimiento terminé quedando encima de él, con mis piernas a los lados de sus caderas. Él se quejó un poco por mi peso, me iba a quitar de encima, sin embargo, este me lo impidió sujetándome de la cintura.Le iba a hablar para que me soltara, pero noté que él no hacía más que mirarme fijamente a los labios. Fue ahí que recordé aquella vez que nos besamos en la sala, la primera vez que vino a casa.—Yo... Kris... —no pude evitar mojar mis labios con la lengua.Pero este, en un movimiento rápido, nos dio la vuelta. Ahora era él quien me tenía contra el colchón, y sostenía mis manos sobre mi cabeza con una sola de las suyas. Lentamente se fue acercando hasta que ya no quedaba espacio entre ambos, nuestras narices se rozaban. Fui yo quien terminó con la distancia, yo también le deseaba, demasiado.Comenzó con un beso tierno, que lentamente fue subiendo de intensidad. No sé cómo, pero terminó mordiendo mi labio inferior. Me dolió un poco, pero también causó una sensación extraña, como cosquillas en mi vientre que me hacían querer más.Él soltó su agarre de mis manos, sin embargo, rápidamente agarró las dos con una de sus manos para dejar libre la otra, y con la otra mano la metió por debajo de la parte de arriba de mi pijama. Cuando sus dedos rozaron uno de mis pezones, no pude evitar gemir alto. Él sonrió sobre mis labios, satisfecho por mi reacción.Entonces entré en razón entre tanta sensación.—¡Kris! Tus puntos... se... se abrirán... ah! —dije entre gemidos, esto está más intenso y mejor que la vez anterior.—No pasará nada... de verdad... ¿quieres que me detenga? —dijo suplicante y excitado, mirándome a los ojos, buscando la verdad.¿Qué se supone debo responder ahora? No quiero que se detenga, pero tampoco quiero que se lastime más por mi culpa.Le miré un rato y el terminó soltándome y sentándose al borde de la cama, dándome la espalda.—Lo siento... no quería incomodar. Es solo que me vuelves loco —dijo eso casi más ronco que antes, con la respiración agitada.Note que se estaba parando de la cama, dirigiéndose a la puerta.—Será mejor que duerma en el sillón.Le miré y por inercia tomé su mano y jale de él con fuerza para que no se fuera.—No te vayas... no es que no quiera, es solo que no quiero que te lastimes, me asusta —dije suplicante para que no se fuera, tirando de su ropa.Él se volteó y se subió nuevamente a la cama para abrazarme fuerte.—Estaré bien. Pero si es por ti, esperaría por siempre... solo espero que no sea así, porque me vuelves loco de verdad —dijo eso muy ronco, a lo que yo reí nervioso.—Mejor dormimos, es tarde —susurré.El asintió y al final se acostó con el pelo aún húmedo. Yo me acerqué y me acurruqué en su pecho, pegando mi oreja a su corazón. Era cálido y suave. Jamás he estado así con alguien y me gusta... quizás pueda acostumbrarme a esto.

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