Capítulo 54: Te deseo

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Punto de vista: KrisYa es casi un mes donde he estado viviendo con mi pequeño panda. Me ha estado ayudando mucho, tanto en mi recuperación como en mis clases. De hecho, me propuse hacer un trabajo de investigación; de eso en eso estaba cuando mi pandita me llama y enseguida voy.Sonreía ante cada palabra suya. ¿Y cómo no aprovechar su cercanía? Un beso nos llevó a la cama, quedando yo sobre él.—Lo siento, bebé... ya me controlo, sí —dije al escucharlo gemir. No quiero que piense que me quiero aprovechar ni nada; yo en serio estoy enamorado de él.Él me sonríe. Siento sus manos cálidas en mi rostro y me acerca más a él.Punto de vista: TaoSus labios y sus caricias me hacían enloquecer. Sin querer gemí, pero al sentir que se detenía y se alejaba, me decepcioné un poco. Sin embargo, al escucharle hablar, sonreí aliviado y atraje su rostro más cerca de mí.—Ya no hace falta que te controles... te amo y te deseo más que nada en el mundo. Deseo ser tuyo... ahora, en nuestra casa... en nuestra cama... ser completamente tuyo —le confesé con el corazón a mil.Él me sonríe y asiente, besándome dulcemente. Es extraño... siempre pensé que sería un bruto en la cama, pero el gran dragón de la escuela me estaba tratando como un pequeño jarrón de porcelana, con muchísimo cuidado y cariño.Abro mis piernas para que se acomode mejor entre ellas. Lentamente me desnuda; sí, me sonrojé mucho, pero me sentía a gusto, seguro y muy amado.—¿Confías en mí, pequeño panda? —escucho su voz tan ronca que me hizo estremecer con fuerza.Asentí levemente y moví mis caderas, haciendo chocar mi entrada contra su gran miembro, que ya estaba expuesto, pues él también estaba desnudo. Su cuerpo es realmente estupendo, bien marcado, y aunque aún se ven sus cicatrices para mí es maravilloso, perfecto.—Te deseo... y confío en ti con mi vida, amor —le respondí mirándolo a los ojos.Él me sonríe y, sin preparación alguna, entra de golpe en mí. Arqueo mi espalda con fuerza, sintiendo cómo me abría en dos. Sin embargo, era un dolor que me gustaba, una sensación de pertenencia. Una lágrima recorre mi rostro por la intensidad.—Amh... Kris... dame duro, sí, amor... —gemí alto. Jamás pensé en decir cosas así, pero era como si fuera otra persona, dominada por el deseo.Él me miraba; podía ver su asombro y todo el deseo que tenía acumulado hacia mí.—Cómo lo deseas, mi pequeño panda.Alza mis caderas hacia él y comienza a penetrarme con fuerza y despiadado. Comienzo a gemir sin vergüenza, parecía a esas mujeres de las películas para adultos que parecen perras en celo, y me encantaba ser así para él.Me aferro a las sábanas con fuerza, sintiendo cómo su miembro entra y sale, una y otra y otra vez. El sonido de su cuerpo y el mío chocando hacía eco en nuestro cuarto, mezclado con sus gruñidos graves y mis gemidos agudos.—Amh... Kris... más... ahí, amor... más... así... duro... amh... —rogaba entre jadeos.Mis manos recorren su espalda y le arañan la piel. Mis piernas, a su vez, las enrollo fuertemente a sus caderas. Él entraba y salía de mí con brutalidad medida. De pronto, una de sus grandes manos toma mi miembro, que ya estaba rebosante de mi esencia pre-seminal.—Amh... Kris... si haces eso me correré... —gemí muy alto.Él no se detiene; en vez de ello, aumenta la fuerza y velocidad de sus embestidas, haciéndome ver estrellas.—Mmm... estás tan jodidamente estrecho, bebé... me encantas —gruñó en mi oído, y dejó caer una nalgada fuerte que seguro me dejaría marcas por días.—Ohm... solo si me llenas, sí... —le dije moviendo mis caderas contra él de tal manera de hacer que su gran miembro entrara aún más profundo en mí, buscando el fondo.En cosa de segundos me corro, y mi cuerpo se contrae fuertemente apretando su gran miembro. En ese momento siento cómo su esencia se vacía completamente en mi interior, caliente y abundante.—Amh...... Kris... —gemí llamando su nombre y el mío propio entre suspiros.—Amh... Tao...Caigo rendido en la cama y él a mi lado, ambos con la respiración entrecortada y pesada.—Amh... sí... sí, definitivamente... dragón, te va muy bien —reí levemente, totalmente satisfecho.Él sonríe y me besa en la mejilla y luego baja hasta mi cuello, llenándolo de besos húmedos.—Bueno... este dragón ya está listo para la segunda ronda —dijo con voz llena de energía.Abro mis ojos de par en par, más aún ante la sensación de su miembro, nuevamente erecto y duro, chocar contra mi vientre cuando se subió sobre mí de nuevo.—Ah... a... amor... pero si te acabas de venir en mí hace un momento —le dije sin aliento, sorprendido de su resistencia.Él sonríe con malicia y comienza a besar coquetamente mi cuello. Subió una de mis piernas a su cadera y acarició mi entrada, aún sensible y abierta, con la punta de su miembro.—Pues me vendré cuantas veces sea posible, mi pequeño panda... hasta que no puedas ni moverte —me susurró.Y así nuevamente me lo hizo, una y otra vez hasta el amanecer. Todas y cada una de esas veces terminando dentro de mí. No sé cómo hizo, pero hasta en la ducha lo hicimos unas tres veces más antes de que saliera el sol.

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