Capítulo 11: Peleas de perros y gatos

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Punto de vista: BaekhyunComo de costumbre, me levanté, me bañé, me cepillé los dientes y me arreglé con la ropa que había dejado preparada la noche anterior. Bajé, desayuné, y al salir subí a mi auto para manejar hacia el instituto.Al entrar al estacionamiento, vi a lo lejos cómo dos depravados se estaban pegando el lote en un auto rojo muy llamativo.1... 2... 3... ASCO.Traté de no darle importancia, tomé mis cosas y bajé. Cuando iba pasando cerca del vehículo —lo cual lamentablemente debía hacer para llegar a mi destino—, me di cuenta de quiénes eran: el "poste con patas", con su complejo de Dumbo. Él se percató de mi presencia y me miró directo a los ojos, mientras besaba más intensamente a la chica que le colgaba del cuello. Me sonrojé; no podía soportar ver esos penetrantes ojos.Entonces sonó mi móvil. Vi quién era y contesté, mientras me apartaba rápidamente de aquel lugar:—Dime, cariño.—Ya, sí lo sé... sí, ya estoy llegando... sí, yo... —no terminé de hablar, ya que choqué con alguien.Era el "sin expresión" (Sehun). Se notaba algo adormilado. Entonces le grité al ver que mi móvil estaba en el suelo, con la pantalla totalmente rota:—¿Eres ciego o te haces?—¿Quién te crees, princesita? —dijo molesto.—¡Que no me digas princesita! —le grité.Iba a golpearlo, pero alguien me detuvo. Me giré: era el que hace poco se estaba "comiendo" a una chica en el auto.—Suéltame, mutante —le dije, refiriéndome a mi captor (Chanyeol).Este sonrió, pero no me soltó; de hecho, me aprisionó contra su torso e ignorando completamente mi protesta, le habló a Sehun:—¡Eh, bro! ¿Qué sucede? ¿Por qué la princesa te quiere golpear como niña?Al escucharlo, comencé a pegarle más fuerte en el pecho. Noté cómo ambos reían, así que opté por el camino más rápido y efectivo: le di un rodillazo fuerte en sus partes bajas.Este me soltó al instante y cayó al suelo sobándose, tratando de reprimir el dolor. Entonces me agaché a su altura y le dije muy serio:—Con que me vuelvas a llamar "princesita", te juro que te las corto.Me giré y escuché cómo maldecía por lo bajo. Miré al otro idiota, y él instintivamente se cubrió sus partes. Reí y me acerqué seductoramente, colgándome de su cuello. Lo vi tragar duro. Entonces, cuando bajó la guardia, le di un cabezazo tan fuerte como me había enseñado Tao. Este también cayó al suelo cubriendo su parte afectada.Ahora los miré a ambos desde arriba y les advertí:—Con que vuelvan a meterse conmigo, les costará sus futuros hijos.Entonces me fui contoneando mis caderas con total seguridad.Al entrar al edificio, vi a un chico parado frente a mi casillero. Me acerqué y, cuando me vio, me sonrió ampliamente y dijo:—¡Eh, tanto tiempo sin verte!Vaya... tenía una voz muy ronca y agradable, pensé. Lo miré extrañado. Este rio con alegría y dijo:—Supuse que no me reconocerías... soy Tae.Tae..., pensé unos instante y luego me quedé boquiabierto. ¡El Tae! Mi mejor amigo de la guardería. Pero cómo... si era muy feíto por aquel entonces, de hecho le molestaban mucho por ello y yo siempre me metía en problemas defendiéndolo.Pero ahora lo vi completamente: ¡estaba como un Dios Griego! Incluso muchísimo más alto que yo.Él siguió sonriendo y finalmente logré hablar:—Pero ¿cómo es posible? Lo último que supe de ti y de tu familia es que se mudaron a Japón.Este asintió y respondió:—Sí, bueno... hemos vuelto. Pensé que ya lo sabías, ya que tu familia está haciendo grandes negocios con la mía.Yo negué y hablé tan rápido que ni lo pensé:—No he visto a mis padres en semanas. Como me mudé hace más de un año, no los veo seguido.Este sonrió, y no sé por qué me sonrojé ante su mirada:—¡Qué alegría! Podríamos tomar algo esta noche, ¿te parece?Yo asentí, pero entonces recordé mis planes:—Lo siento... esta noche mis amigos irían a mi departamento. Como mañana es sábado, nos quedaríamos comiendo golosinas y hablando hasta tarde.Este dejó de sonreír, pero entonces volvió a hacerlo con entusiasmo y dijo:—Mira, mis amigos quieren conocer a los tuyos... podemos ir con vosotros, ¿no?Yo, algo sorprendido, iba a negar al principio, pero finalmente acepté al ver su cara de ilusión.Hablamos unos minutos y, mientras tanto, le entregué mi número de móvil y mi dirección. Me iba a despedir, cuando alguien me empuja bruscamente y caigo directo en los brazos de Tae.Me volteé para mirar a mi atacante y me estremecí al ver la cara de pocos amigos que traía el idiota de Chanyeol. Cuando formulé un reproche, este me cortó:—Serás zorra... así como así entregas tu número. De ser así, me lo podrías haber dado a mí primero.Eso me dolió profundamente. Siempre me trataba de "princesa", era la primera vez que me trataba de esa manera tan hiriente. Iba a llorar, pero entonces Tae tomó mi mano y me miró en forma de apoyo. Le sonreí a duras penas.—Será mejor que nos vayamos... este lugar apesta —dijo mi amigo con desprecio. Yo asentí lentamente.—¿Qué acabas de decir, idiota? —le gritó Chanyeol a mi amigo, alterándose de golpe.Le miré sorprendido; sabía que se cabreaba con poca facilidad, por ello me sorprendió verlo en este estado de energúmeno. No me di cuenta cuándo este me tomó del brazo y me jaló con él con fuerza.Traté de soltarme, pero era inútil. Al final le seguí sin protestar. Entramos a los baños; había unos chicos dentro, de los cuales no quedó ni rastro al ver la cara de enfado de mi opresor.Cerró la puerta de golpe y golpeó el espejo del lavabo tan fuerte que el vidrio se rompió y él se cortó la mano.Sin evitarlo, me acerqué a él y tomé su mano herida. Este la apartó de golpe, pero yo protesté con mucha rabia:—¡Con el demonio! Déjame ver o te dejaré caer otro golpe como el que te di en el estacionamiento.Este se calmó de inmediato y me dejó mirar su mano. Tenía cortes por todo el puño, no tan profundos, pero sí eran muchos y sangraban.Abrí la llave del agua y comencé a sacar algunos pedazos de cristal que se habían quedado clavados en su carne. Lo escuché quejarse, pero no le miré a la cara, estaba demasiado enfadado.Después, puse su mano bajo el chorro de agua limpia y le dije:—Déjala ahí un minuto.Comencé a buscar en mi mochila: siempre llevaba crema para heridas y un pañuelo, ya que mi amigo Lay siempre se lastimaba al ser tan despistado. Al dar con lo que buscaba, atraje su mano hacia mí nuevamente, la sequé con una toalla de papel del baño, le puse bastante crema y la vendé con cuidado.—Será mejor que la vea un médico luego —le dije sin mirarlo.Fue entonces que noté que me miraba fijamente. Me sonrojé y, molesto por esa intensidad, le dije:—¿Se puede saber qué demonios ocurre contigo? Me empujas, te enojas sin razón, luego le das golpes al cristal...Sin embargo, yo seguía rojo por la forma en que me miraba tan atento, como si quisiera memorizarme.—No lo sé... —fue todo lo que dijo.Hasta que alguien tocó la puerta. Iba a abrir, hasta que la persona habló:—¡Eh! Ábreme... ¿estás bien, Baek?Era Tae. Supongo que nos había seguido hasta aquí.Iba a abrir, pero Chanyeol me lo impidió parándose frente a la puerta. Me acorraló contra la madera y, con sus manos a mis costados, me susurró al oído:—Dile a ese bastardo que se vaya... o se arrepentirá de haber nacido.Tragué duro. Sabía que él no amenazaba en vano. Al estar en el centro estudiantil, teníamos acceso a sus registros de conducta, y más de una vez había visto su nombre en las listas de futuras expulsiones. Siempre se metía en peleas. Recuerdo una vez que él y sus amigos se pelearon con un grupo de otra escuela y casi los matan a golpes. Claro, la institución no hizo nada, ya que se había confirmado que lo habían hecho para defender a unas compañeras... o eso dijeron ellas. Por ello solo se le había reprendido y nada más.Un tanto temeroso, grité para que mi amigo escuchara desde afuera:—Es... estoy bien, Tae. Yo puedo solucionarlo... te veré en mi departamento esta noche, ¿sí?Miré a los ojos al "poste con patas". Vi cómo sus ojos se volvían más oscuros, estaba molesto... mucho. Escuché cómo afuera mi amigo protestó, pero al final se fue y se escucharon sus pasos alejarse.—¿Qué se supone que harás esta noche con ese idiota? —dijo molesto, pero aun muy cerca de mí, tanto que podía sentir su respiración en mi cara.—Yo... —no sabía qué decir, nunca le había visto así de celoso y furioso.Le vi. Me miraba a los ojos, luego bajaba a mis labios y viceversa. Poco a poco se comenzó a acercar más a mí.No supe qué hacer, así que le empujé lejos con fuerza y le grité:—¿Qué demonios sucede contigo?Este, muy molesto y con desdén, dijo:—Pensé que si te la dabas de zorra, podrías ser mío.Abrí mis ojos desmesuradamente. Estos empezaron a picar y sentí mi cara húmeda por las lágrimas. Le miré con odio y le dije:—No soy zorra de nadie, bastardo.Este, al notar mis lágrimas y cómo le miraba con rechazo, dio un respingo de arrepentimiento. Se iba a acercar para disculparse, pero yo me aparte rápido, abrí la puerta y salí corriendo de ahí.Al llegar al salón de clases, mis amigos ya estaban dentro. Al verme llegar así, D.O. se paró y corrió junto a mí. Me abracé a él y él comenzó a consolarme. Me había herido... siempre era así: él era el único que podía hacerme daño de verdad. Los demás me molestaban, pero él... él me hería el alma.Los demás se acercaron preocupados. Entonces D.O. preguntó:—¿Qué ha pasado?Yo negué con la cabeza, sin poder hablar. Entonces mi amigo me apartó un poco y miró detrás de mí. Me volteé y me petrifiqué: era él. Por inercia me oculté detrás de mi amigo, agarrándome fuerte de su ropa.Mi amigo, al verme así, miró con mucha ira a Chanyeol y le dijo:—¿Se puede saber qué diablos hiciste, pedazo de estiércol?Este dio un respingo, pero entonces sus amigos aparecieron detrás de él. Sehun fue el que habló:—¿Por qué le hablas así, Ojón?Entonces, mientras yo me sonaba la nariz, vi cómo Kai y Suho —mis amigos secretos— le daban un leve golpe en la cabeza a Sehun para que callara. Vi a mi amigo D.O. reír levemente por eso.Sehun se sobó la cabeza, molesto, e iba a empezar una pelea, pero no le hicieron caso.Miré nuevamente a Chanyeol, y este me miraba con pena y arrepentimiento. Me estremecí. Finalmente, grité lo que todos pensaban:—¡Pueden dejar de comportarse como perros y gatos! ¿Es que no podemos dejar de pelear nunca?D.O., ahora, me miraba a mí y dijo en tono de reproche:—Es que todo comenzó por ti.Tenía razón... demonios. Sentí mucha culpa. Entonces Chanyeol suspiró fuertemente y dijo para todos oír:—Lo siento... no lo haré nuevamente.Lo miré atónito. Nadie sabía aún lo que había pasado en el baño, así que nadie excepto él y yo sabían a qué se refería exactamente.Lo observé mientras se marchaba a su lugar y tomaba asiento cabizbajo. Después sentí diez pares de ojos sobre mí y los ignoré para ir a mi lugar y sentarme, esperando a que empezara la clase.

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