003

1.7K 178 59
                                        

Daniel.
—Hmm.
—Te quiero demasiado. —sonreíste y abriste tus ojos para mirarme.
—Yo también te quiero demasiado, amor. —te devolví la sonrisa, pero la mía fue más grande. —No espera, yo te quiero más.
—Pero... Vamos, nosotros no somos los que pelean por lo de yo te quiero más y eso. —me burlé. Él sólo río.
—Entonces, nosotros no diremos eso y solo será un yo también te quiero. —asentí y él me abrazó apoyando su barbilla en mi cabeza. — Entonces, Doyeon, yo también te quiero.

Yo también te quiero.

Idiota, idiota, idiota. Soy una idiota. Por qué confíe tan ciegamente en ti, por qué me haces esto. Pero tú eres más idiota.

—Ya amor, basta.

¿Amor? Cállate. No sigas, por favor. Sentí como caía una primera lágrima y luego venía otra, me encontraba llorando en silencio tapándome la boca tratando de no hacer bulla alguna.

Siempre te ves hermosa, lo sabes.

Lo escuché sonreír, sollocé en silencio más fuerte. Trataba de no interrumpirte, yo trataba de escuchar más.

Sabes que yo no la amo.

Eso fue suficiente para alejarme de la puerta del baño llorando con mi mano tapándome la boca para evitar el ruido de mi llanto. Dejé el departamento con la única fuerza que me quedaba para caminar. Al tocar el piso de la calle, lloré sin temor a que alguien me escuchara. Lo recuerdo muy bien, caí al piso porque no tenía fuerzas para estar parada, solo las tenía para llorar. Recuerdo que ese día lloré a más no poder.

Solo necesitaba un abrazo de alguien, no me importa si era un extraño. A veces, solo necesitas un abrazo. Traté de tranquilizarme, abrazándome a mí misma, pero me era imposible porque siempre llegaba a recordar aquellas palabras que salieron de su boca. Aquellas palabras que alguna vez me las dijo a mí.

Me dirigí a una de las cafeterías más cercanas de nuestra casa, pedí un café algo ya calmada. Al sentarme, traté de no llorar. Traté. Pero a veces solo necesitas expresar tus emociones, si las contienes será peor. Lloré mucho, pero nunca pensé que iba a llorar aún peor más tarde.

Daniel, perdóname. Lo siento por haber dejado que me dejes de querer. Yo sé que no te gusta verme sufrir, no me gustaba verte sufrir. Te odié tanto ese día, te odio más ahora. Las lágrimas no dejaban de caer, me sentí tan tonta. Porque yo dependía tanto, tanto de ti que no me di cuenta qué sería de mí si en caso me dejaras de querer. Quizás en ese momento, aún sentía esperanzas de ir y encontrarte esperándome pidiendo mi perdón. Fui tonta al volver creyendo que tal vez  iba a encontrarme con esa escena. 

Ya había dejado de llorar al abrir la puerta del departamento. Con lo primero que me topé fue con una camiseta tuya tirada en el mueble, la camiseta blanca que siempre utilizabas. Tomé con mis dos manos el polo del mueble y lo olí; te dije alguna vez que me encantaba tu olor. Tú siempre me decías que ello no se comparaba cuando me olías y te encontrabas con tu olor y el mío. Por Dios, te extraño tanto. Lo sentí por completo cuando olí esa camiseta tuya. Dejé la prenda de vestir en su lugar y comencé a caminar a nuestro cuarto, abrazándome a mí misma. 

Nosotros podemos arreglar esto, Daniel. 

Abrí la puerta de nuestro cuarto sin temor alguno. Los dos se detuvieron y me miraron al instante, te paraste maldiciendo. Yo, yo, yo no sabía qué hacer. Comencé a hiperventilar cuando te acercaste a mí. Estabas desnudo. Cuándo empezaron a caer estas lágrimas y por qué cada vez se hacían más fuertes, yo ya no sentía nada. Me miraste mientras agarrabas el picaporte de la puerta. Traté de encontrar algún sentimiento de culpa o emoción alguna, pero solo me miraste serio. Abrí la boca mostrando mi indignación para luego cerrarla, traté de no insultarte. Solo traté de no decir nada. 

 Vete al otro cuarto. 

Cerraste la puerta luego de decirme eso. No vi tu mirada cuando me lo dijiste, ya no me veías cuando me dirigiste la palabra. 

Yo te hice caso. Ese día creo que me quedé sin lágrimas. Sentí que me quedé seca  sin lágrima alguna para toda mi vida. Lloré abrazándome a mí misma mientras estaba echada en la cama, no tenía a nadie que me abrazará aparte de ti. Ahora yo ya no tengo a nadie más que me abracé que no sea yo misma. 

Lloré por ti y sé que no fui la única que lloro esa noche. 

Más que ayer.  »KangDanielDonde viven las historias. Descúbrelo ahora