|Blake Gray|

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La antes llamada "premio de consolación" estaba derramando lágrimas, sola en el baño de su escuela. Claramente se sentía mal, su amor platónico la había hecho sentir de la manera más horrible que podrían tratar a una chica.

Todo comenzó esa mañana cuando llegó y atravesó los pasillos de su escuela, sin ánimos pero dirigiéndose a su respectivo salón. Y frente a ella se encontraba el antes nombrado, la razón de sus lágrimas, Blake Gray el chico rubio que ahora la hacía llorar, con el ceño fruncido mientras arrugaba una fotografía.

Gray levantó la mirada y la posó en la chica, alguien ya conocida para el puesto que tenía conocimiento de los sentimientos que provocaba en ella, así que caminó hacia a ella y la atajó.

— Lexa, tengo que hablar contigo — Se limitó a decir y la dirigió a un aula cercana que se encontraba vacía. La chica se recargó en la pared esperando que este hablara de nuevo.

— Terminé con Ariel — Para su mala suerte, su voz había salido quebrada, que era lo que menos quería. Lexa levantó las cejas en forma de sorpresa pero su expresión cambió rápidamente a una de confusión.

— ¿Y a mí qué? — Habló cortante y sin ninguna intención de averiguar más.

— Se que yo te gustaba y...

— ¿Buscas una consolación? — Interrumpió, su voz sonaba dolida y sin pensarlo dos veces atrapó los labios de Blake con los de ella y comenzó un beso delicado.

El cual no duró mucho, sus ojos estaban vidriosos y sin decir nada más salió de ahí en dirección a los baños, donde se encontraba ahora llorando. No quería ser la segunda opción, sabía que no debía besarlo pero simplemente no pudo, el corazón quiere lo que quiere, y ella se lo dió, sin pensar en las consecuencias que este traería, por ejemplo ahora, el dolor de ese beso arrebatado.

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