Cuando lo vi ahí mirando hacia el hogar de Pony, mi hogar, sentí cómo se me doblaban las piernas, un sudor frío me recorría la espalda y el temblor en mis manos regresó. Después, un fuerte mareo me hizo detenerme y tuve que sostenerme de un extremo de la vieja cerca de madera junto a mi.
Las fuerzas me estaban abandonando, ¿estaba enferma? ¿Por qué justo ahora que necesitaba de todas mis energías, mi orgullo y mi atractivo porte para caminar frente a él me estaba ocurriendo esto?
Anthony no soltó mi mano, con su tierna mirada parecía querer adivinar qué me sucedía, pero ni yo lo sabía entonces.
-¿Mamá qué tienes?
Albert corrió a ayudarme y todo me daba vueltas, no podía enfocar su rostro, ni mucho menos su mirada.
Percibí claramente su perfume y me revolvió el estómago, como si mi cuerpo por completo lo rechazara, me aguanté como pude las náuseas hasta llegar al hogar, mi aún esposo me llevaba en brazos y poco faltó para que le decorara su elegante traje con el almuerzo ingerido momentos antes. La hermana María me revisó pero Albert no se alejó de mi lado, se encerró conmigo en el baño y me detenía frente al escusado mientras yo devolvía el estómago, hasta que el techo y las paredes dejaron de girar ante mis ojos y pude descansar de las náuseas. Me ayudó a incorporarme y lavé mi boca y rostro.
-Gracias Albert, ya estoy mucho mejor.
No dijo nada, me miraba como queriendo cuidar cada palabra, sus ojos se llenaron de lágrimas mientras me miraba de una forma como nunca lo había hecho, con dolor, con ternura, con amor. Se hincó ante mí y besó mi vientre, lloró y me pidió perdón mientras hundía su rostro en mi vestido.
-Candy, mi vida, perdóname... nunca te he sido infiel, desde que apareciste en mi vida como mujer sólo tú has sido quien llena mi pensamiento, mi corazón, mi cuerpo. Dame una oportunidad te lo ruego, sólo una necesito... sé que tienes un corazón noble y bueno, sé que eres capaz de encontrar lo blanco en lo negro, puedes encontrar amor en donde sólo pudiera haber rencor y resentimientos y lo comprobé hace un momento, cuando te llamó mamá. Incluso te has ganado su amor antes que yo. Candy amor, vuelve conmigo te lo suplico.
El dolor agudo de un nudo en la garganta y una opresión en el pecho me dificultaban hablar.
-Todo este tiempo sin ti Albert, he analizado tanto y he comprendido tanto más. Me duele el pasado, me duele imaginarte en los brazos y en el cuerpo de otra. Me duele pensar que mientras estás conmigo pudieras quizá comparar a otras conmigo... y si no compararlas, tal vez recordarlas.
-¡No Candy, jamás!
-Déjame hablar... porque si no lo digo, va a quemarme para siempre esto que llevo en mi corazón. Tengo un corazón noble, pero también orgulloso, sabe amar, pero sabe también olvidar. Sabe odiar aunque no lo creas, pero también sabe perdonar. Te odié Albert... te odié al pensarte compartiendo con ella lo que creí sólo mío. Era mucho pedir tanta felicidad, tanto para mí sola... tal vez. La odié a ella y quizás aún la odio; por darte un hijo, por darte primero que nadie el regalo más preciado.
Pero, no pude odiarlo a él. Él es... simplemente un ángel, él no tiene culpa, él... es puro en su alma y es inocente. Su corazón me atrapó y yo lo dejé hacerlo. Ahora me pregunto cómo voy a hacer para no lastimarlo, el me dice mamá, apenas empezó a hacerlo ayer y hoy ya vienes por él...
-Por los dos Candy.
-No Albert, yo no me iré contigo.
-Candy te lo ruego...
ESTÁS LEYENDO
ENSÉÑAME.
Roman d'amourLa vida de Candy y Albert, después de superar difíciles pruebas...
