37. Mío, mi destino

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Lo supe cuando te conocí, cuando levanté la mirada y te vi por primera vez... Supe que eras tú. Simplemente lo supe. Estabas destinado a ser mío, a ser mi hombre.
(Mary Calmes)

* * *

POV ALEC

Siento cada milímetro de mi cuerpo temblar, el fuerte latido de mi corazón en los oídos, y aquel "Alexander" retumbando fuerte, ecos esparciéndose por todo mi ser, acelerando mis células, enloqueciéndome...tal vez literalmente.

Mis manos están temblando cuando las extiendo en el momento en que él me empuja dentro de una habitación que nunca antes había visto. Siento un nudo en la garganta que me impide volver a hablar, preguntarle qué hacemos aquí, qué lugar es este, cómo sabe mi nombre, qué va a hacer conmigo... Suplicarle que me perdone...

Un suspiró se me escapa. Siento la mirada de Magnus clavada en mí, en mi espalda, cuando escucho la puerta cerrarse.

Quiero voltear, mirarlo, perderme en esa mirada que me atrapó desde el primer día cuando me ofreció su mano sin dejar de mirarme y besó la mía, delicadamente, pero lo suficiente para hacer arder no sólo mis mejillas, mi sangre ardía por todo mi cuerpo. Ya entonces debí saberlo, con ese "Magnus Bane", la voz profunda, la mirada sincera. Yo estaba perdido, condenado desde ese primer momento, atrapado en un vestido cuando lo conocí...al hombre de mi vida.

Pero no me atrevo a enfrentarlo, así que, en su lugar, miro la habitación. Todo lo que puede abarcar mi mirada. Hay una estantería llena de libros, hay juguetes y cuentos esparcidos, una cama, una mecedora. Todo parece en desuso, pero limpio...

-Era la habitación de mi mamá -la voz de Magnus suena más cerca ahora, no me atrevo a voltear ni siquiera cuando el calor de su cuerpo empieza a hacer arder el mío, muerdo mis labios y espero que siga-. No la que compartió con mi papá. Esta era nuestra, suya y mía. Aquí se sentaba a leer mientras yo jugaba, me leía cuentos, a veces nos quedábamos dormidos ahí...

Me atrevo a mirarlo, por su tono, tan triste que me dan ganas de abrazarlo hasta que vuelva a sonreír.

Tiene una sonrisa rota mientras señala la cama.


POV MAGNUS

-...ella murió antes de que yo pudiera aprender a leer. Lo primero que hice cuando lo logré, fue leer y releer los cuentos que ella me había leído. Pasé días y noches encerrado aquí, llorando, sintiendo ecos de su presencia, pero sabiendo que lo único que tenía era su ausencia.

Camino, como un autómata, hasta la cama, me siento en la orilla, sin mirarlo. De repente, me doy cuenta que no puedo. Es más difícil de lo que creí.

En su lugar, sigo hablando: -Después dejé los juguetes que me recordaban épocas felices, risas y sonrisas mientras ella se sentaba ahí y leía, echándome miradas e interrumpiendo sus lecturas para venir conmigo. Se sentaba ahí, conmigo, sin importar las normas, sin importar la suciedad o los vestidos... Creo que por eso me gustabas, princesa, porque también eras auténtica.

Una risa amarga se me escapa.

-No volví a jugar, pero leí cada libro suyo. Tratando de imaginar cómo lo leyó ella, qué impresión le causó, le gustó o no le gustó. Era sólo un niño que tuvo que crecer de golpe. A pesar de lo bueno que es mi papá, yo supe cuando ella partió que la felicidad no era para mí, que quedaba sólo el deber. Con ella perdí la felicidad y la pureza de la vida. Entonces cuando mi padre me habló de la alianza entre los Lightwood y los Bane, a pesar de saber mi único sueño roto, el último que me quedaba, yo acepté. Acepté, esperando que aunque no hubiera amor, hubiera compañerismo, que fueras una buena mujer, una buena princesa...

Princesa. La maldita palabra clavándose poco a poco cada vez más, rompiendo el sueño, rasgándolo a tiras hasta dejar la cruel realidad a la vista.

Mi princesa.

Mi princesa no existe, mi princesa es un príncipe.

-...entonces te vi, el azul en tu mirada era tan puro y tan profundo que me hundí ahí mismo. Dispuesto a ahogarme en ti, por ti. La sonrisa que perdí, hace años, de niño, la recuperé, en unos días, contigo. Y entonces pensé que el destino me compensaba, me traiga algo bueno y sincero, me decía que tal vez mi sueño no fue el que siempre creí, el que siempre imaginé, que el género no importa, que yo anhelaba un hombre y bien podía venir mi alma gemela en el cuerpo de una mujer, de una princesa. Pero no era así, ¿cierto, Alexander Lightwood? Mi princesa no existe, la princesa era el disfraz. Nunca hubo...nada...

Él no dice nada. Me atrevo a levantar la mirada, que había permanecido clavada en el piso, y encontrarme con la suya.

-¿Quién eres, Alexander? ¿Quién está detrás de mi princesa?






CONTINUARÁ...

Pues no, no iban a la habitación de Magnus 😜

Los leo en el siguiente, gracias por seguir leyendo y sus comentarios y votos, de verdad me alegra que les guste ❤

Mi princesa (Malec)Donde viven las historias. Descúbrelo ahora