*Sidney P.O.V.*
Otro día más, ya habían pasado dos semanas, todo se afianzaba, la confianza, las amistades, y las relaciones…
Estábamos sentados en una mesa, habíamos acabado de comer y el profesor había pensado que la mejor manera de resolver dudas y explicar el plan hoy sería ahi.—¿Y si no sale bien? ¿Que va a pasar si el plan no sale bien? —Preguntó Río.
—Pues haber, lo mismo de siempre cariño. —Dijo Nairobi. —La vuelta al trullo, el cigarrillo del patio, los cuatro langostinos por Navidad… los vis a vis de vez en cuando…
—Un lujo vamos. —Dijo Oslo con ironía.
—Lo jodido es si nos sale bien. —Dije yo. —A ver que hacemos con tanta pasta.
—Yo arreglaré unos asuntos. Y luego a darme todo tipo de lujos —Dijo Nairobi.
—Pues yo me voy a comprar un Maserati, color azul cielo eh —Intervino Dénver riendo. —Y montaré un gimnasio de artes marciales.
—A este con tres millones le sobra. —Dijo Cairo.
—Y para ti unos pulmones. —Le dijo Dénver a su padre. —Que los tienes hechos mierda de la mina.
—¿Te vas a gastar el dinero en eso? ¿En unos pulmones para mi? —Preguntó Moscú.
—¿Y se puede saber de donde vas a sacar unos pulmones? —Rió Tokio.
—¿No hay gente que compra riñones? Pues yo pulmones.
—Pues yo quiero una isla. —Dije.
Empezamos a hablar de lo que haríamos con nuestro dinero, todos compraríamos muchas cosas si, pero estaba claro que por mucho que comprasemos nunca se nos acabaría el dinero. Y sin saber como Moscú y Dénver acabaron cantando una canción, y todos siguiendolos, montando una mini fiesta en un momento, eso era lo mejor de estar alli, que juntos hacíamos un buen equipo.
—Mañana daremos un curso de primeros auxilios. —Dijo el profesor.
—¿Para qué? —Dijo Helsinki.
—Porque quizás no vayais a hacer una operación neuronal a alguien, pero en el caso de que uno de vosotros esté herido, podreis salvarle la vida.
—Esta bien… —Le respondió.
A la mañana siguiente me quedé en mi habitación, era algo temprano y no me apetecía desayunar nada, además no tenía ganas de mucho más que de quedarme ahí sentada… no tenía animos de nada. De repente la puerta se abrió, me levanté y vi que era Cairo, definitivamente era el chaval mas raro que nunca había visto.
—Eh ¿que haces? —Pregunté.
—Shh. —Dijo Cairo y entró.
—¿Que, que haces? ¿Que quieres?
—Me aburría, y quería estar, con alguien. —Le miré. —¿Molesto?
—Quería descansar, pero da igual.
—Te puedo hacer un masaje. —Dijo riendo.
Acepté, no se por que pero lo hice. Pero para mi los masajes siempre han sido mi debilidad, me encantaban, sus manos grandes, venosas y suaves estaban cerca de mi cuello, cerré los ojos y suspiré, y de repente sentí su aliento en mi cuello.
—Sabes, desde el principio… me atraiste. —Dijo con una voz bastante sexy.
—¿Qué? —Pregunté confusa.
—Ahora entenderás.
Bajó el tirante de mi camiseta, y comenzó a darme besos desde la clavícula hasta el cuello, mordí mi labio y suspiré, no entendía por que, pero me apetecía mucho hacer algo con él en ese momento… Así que me giré, miré sus carnosos labios y le besé. ¿Por qué hacia eso? ¿Y por que no le detenía? Eran las palabras que retumbaban en mi cabeza… Pero de alguna forma no quería que parase.
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La Casa de Papel || Sidney
ActionA C A B A D A. El mayor atraco de la historia en el que hay que cumplir tan solo tres normas; nada de nombres, nada de preguntas personales y nada de relaciones personales. Aunque todo el mundo sabe que las normas están para romperse, ¿o no es así? ...