Habían pasado dos días desde que fui al palacio de Alfonso por última vez y tuve ese breve encuentro con su pequeña hija Selene. Normalmente trataba de asistir todos los días con la esperanza de poder verla aunque fuera una vez más, pero considere que no era apropiado en esa ocasión, si Alfonso o alguien más descubría que me estaba interesando cada vez más y más en la joven eso podría ocasionar una discusión entre él y mi padre, y él ya tenía suficientes problemas con la enfermedad de mi madre, y no solo eso, mi padre ocupaba un puesto importante en el gobierno así que su relación con Alfonso no solo era de amistad si no que compartían un estrecho lazo laboral que, en caso de dispararse un problema entre ellos ocasionaría problemas económicos en mi casa con los cuales la salud de mi madre podría empeorar. Debía evitar todo eso a como diera lugar.
Todos estos pensamientos pasaban por mi mente mientras me encontraba de pie tocando para Alfonso, que me observaba embelesado al oírme tocar una sonata romántica. La balada aunque era compleja mantenía un ritmo lento lo cual me permitía mantener mi mente en otras cosas. La habitación se encontraba bien iluminada y él se encontraba sentado plácidamente en su trono mientras yo me encontraba justo en medio de la habitación, la sonata seguía cuando un recuerdo invadió mi mente "Lo sé muy bien, siempre te veo tocar" había dicho ella. Al recordar su rostro sonrojado mientras decía tales halagos, hacía que mi corazón diera un vuelco que casi me hizo desafinar, para mi fortuna Alfonso no lo noto. ¿Estaría viéndome incluso ahora? Escondida en algún rincón de la inmensa habitación, aquella niña que comenzaba a robarme el sueño nocturno, aquella que cuya belleza me rociaba con solo verla cual luz de luna, "Tocas muy hermoso" , otro vuelco, esa vez se me hizo más difícil disimular mi tropiezo, incluso Alfonso que aunque disfrutaba mucho de mis melodías pero no era muy conocedor del tema pareció notarlo por un momento, eso era precisamente lo que tanto quería evitar, que se viera mi interés por ella, su pequeña hija de apenas doce años. Apenas doce años y ya comenzaba a despertar aquella sensaciones en mí.
Decidí cambiar el tono de la melodía a uno más acelerado mientras mi mente volaba en torno a ella, "Cada vez que tocas, me haces soñar, bailar, querer ser libre, me haces sentir que soy capaz de..." ¿De qué? ¿Qué era lo que había callado?, la velocidad de la tonada aumentaba cada vez más mientras mi pecho se aceleraba, "Lo sé muy bien, siempre te veo tocar" si ella me estaba viendo en aquellos momentos no tocaría para ella la bazofia que tocaba a su padre, no, tocaría algo más fuerte, más dinámico, algo que la hiciera soñar nuevamente. Aun cuando me encontraba justo frente a su padre, aun cuando Selene solo tenía doce años, haría que con esta melodía esos sentimientos que inconscientemente hacía que nacieran en mi llegaran a su corazón, en ese momento rogaba que si existe, ha existido o existiría algún Dios en el mundo, hiciera que estos sentimientos llegaran hacia ella al oír esto y si fuera mucho pedir, que fuera capaz de corresponder a estos.
Mis pensamientos me hacían sentir culpable, mi nombre estaba inspirado en aquel personaje literario que había ido al infierno por su amada, me pareció irónico, mi amor por esa joven seria culpado con las llamas del infierno, pero aquellos ojos verdes me fascinaban.
La pieza llegaba a su final cuando oí a mi espalda en medio de esa melodía unos inconfundibles pasos alejarse, era ella, ¿Había estado escuchando? entonces ¿Por qué se alejaba?¿Por qué?
Cuando por fin termine no pedí permiso a Alfonso, simplemente me gire hacia atrás y camine hacia la entrada de la habitación.
- ¿Sucede algo Dante? – pregunto angustiado ante mi reacción tan repentina.
- No... solo... pensaba si podría ir a tomar algo de agua.
- Claro – movió las manos despreocupándose – es más, si quieres puedes salir un rato al jardín antes de tocar la última melodía del día para mí.
- Muchas gracias, me serviría mucho, con su permiso – me retire de la habitación hacia la cocina.
Camine unos cuantos pasillos y no había rastro de Selene, parecía que tendrían que pasar otra vez bastantes días antes de que pudiera volver a verla. Entre a la cocina y pedí un vaso con agua, la cual me fue realmente refrescante. Haber tocado la melodía mientras Selene estaba en mi mente había sido todo un reto.
Salí del palacio y me recargue en la entrada del jardín, observe todo lo que acontecía, a la madre de unos pajarillos dándoles alimento, a un colibrí chupando una rosa y a Selene... a esa pequeña niña sentarse cerca de un árbol mientras leía un libro regordete y pesado a simple vista.
- Selene – me acerque a ella.
- Oh, hola Dante – me miró un poco apenada mientras cerraba su libro.
Si lo cerró es porque hablaría conmigo, me dije a mi mismo antes de seguir la conversación. Cuando me dispuse a hablar me interrumpió abrazando su libro contra su pecho recargando sus pequeñas manos sobre el.
- Hoy te escuche tocar, no pude evitar acercarme y verte, lo hiciste muy bien.
- G-gracias.
- Fue realmente hermoso, nunca había escuchado algo así ¿Es tuya la melodía?
- No – suspire temiendo decepcionarla con mi respuesta – solo las toco, aun no creo alguna.
- Hay una que me gusta bastante – volvió a abrir su libro y lo hojeo sacando de el una partitura – me gustaría que la tocaras para mi padre.
- Lo haré – guarde la hoja y la mire un poco confuso.
- Esa melodía era la favorita de mi madre, la tocaron en su boda, fue la que ambos escucharon cuando se conocieron y supieron que eran el uno para el otro – me miro sonrojada.
- A-ah... s-si que es especial – voltee apenado a otro lado tocándome una mejilla levemente – sin duda la tocare para él.
- Ha estado muy triste desde la muerte de mi madre, y sé que le alegrara escuchar la melodía – se levantó – en fin, solo vine al jardín para verte y darte la partitura, tengo clases de pintura y me escape un rato no tardaran en encontrarme – sonrió.
- ¿Quieres que la toque hoy? – mire la hoja intentando memorizar las notas.
- Mañana, estaré en clase de pintura y tal vez no pueda escaparme para verte tocar.
Me quede mudo y la deje retirarse, lo último que me dijo me dejo pasmado "Tal vez no pueda escaparme para verte tocar" ¿Acaso eso significa que lo hace siempre?
Me retire del jardín y volví a la habitación, ahí seguía Alfonso sentado, sonrió al verme entrar.
- Continúa por favor.
Tome mi violín nuevamente y comencé a tocar una melodía menos exigente que la sonata que había tocado anteriormente, una con una historia romántica por detrás, la de un joven pueblerino que estaba enamorado de una princesa, no era mi caso, pero se acercaba un poco, Selene y yo nos encontrábamos en el mismo estatus social de alguna forma, pero nuestra edad hacía todo mas difícil.
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Cantarella
RomanceNuestros ojos se empiezan a encontrar Dentro de este mundo de inquietud Deja de fingir, sé que sabes bien el secreto de mi obsesión Mi corazón traté de esconder esta emoción que cubre mi ser el calor de esta pasión no se va a detener... Un amor comú...
