Capitulo IV: La gratitud del Rey

393 32 5
                                    

La noche caía sobre el reino mientras revisaba la partitura que Selene me había entregado encomendándome que le tocara a su padre la próxima ocasión que visitara su palacio. Revisándola bien parecía ser una tonada sencilla por lo que sería fácil comprenderla en cuestión de horas, pero debido a que era una pieza que mi adorada Selene me había pedido que tocara para su padre, deseaba hacerlo con maestría como solo un favor pedido por ella podía ser cumplido.

 Tras asegurarme de que las notas quedaran grabadas en mi cabeza después de leer la partitura más de una vez, comencé a practicarla con el violín, aun cuando la tonada era sencilla, el nerviosismo por hacerlo en honor a mi querida Selene hacia que desafinara e incluso sostuviera el violín de manera incorrecta.

Esa pieza que fue escuchada en la boda de Alfonso con Cecilia debía ser tocada perfecta y escrupulosamente ante él, aun cuando ya sabía de antemano que esta pieza tal vez no lograría el efecto que quería en Selene, lo cual comenzaba a hacer que mi rabia creciera y apretara el cuello de mi violín con tal fuerza que al tocar logre romper por accidente una de las cuerdas de este, haciendo que mi frustración aumentara, dando un grito ensordecedor en la oscuridad de la noche ahogándose en la soledad de mi hogar.

Comencé a reparar mi violín mientras un millón de pensamientos pasaban por mi mente ¿Por qué me esforzaba? ¿Por qué me frustraba tanto la idea de que aun cuando lograra tocar esa pieza a la perfección, no llegara a su corazón y peor aún, ni siquiera llegara a sus oídos?

Una repentina y alocada idea paso por mi mente justo después de cambiar la cuerda dañada, como planeaba tocar una pieza especial le pediría a Alfonso que deseaba tocarla enfrente de toda su familia, así aun cuando ella se encontrara en sus numerosas clases podría asegurarme  de que la escuchara, es más, podría ver su expresión cuando me viera tocar. Ese simple pensamiento levanto mi animo e hizo que me volviera más decidido a tocar esa tonada perfectamente, con mi espíritu renovado me mantuve practicando hasta avanzada la madrugada rindiéndome a mi cansancio quedando finalmente dormido en el suelo de mi habitación, afortunadamente antes de caer dormido había logrado tocar la melodía a mi gusto aunque aún no lo consideraba suficientemente bueno.

Era increíble como cuando la tenía en mi mente mis fuerzas aumentaban y lograba hacer las cosas bien. Recordando la última vez que toque para Alfonso, cuando el simple pensamiento de que ella estuviese ahí para que lograra dar una de mis mejores actuaciones hasta la fecha, aun cuando para él no me esforzaba en tocar particularmente bien ¿Por qué seria eso?

Al día siguiente, después de horas de incesante práctica que incluso mi hombro izquierdo el cual sostenía el violín comenzaba a doler, me dirigí hacia la puerta con intenciones de asistir a su casa y tocar para él, sin embargo la voz de mi padre se escuchó a mis espaldas y me detuvo dejándome aun de espaldas apenas acariciando el picaporte de la puerta.

-          Oh, eres tú Dante ¿Vas hacia casa de Alfonso?

Respondí afirmativamente a la vez que giraba para dirigirle la mirada, sostenía un grupo de papeles bajo el brazo indicando que él también estaba por salir de la mansión, en seguida se vino a mi mente que tal vez iría a casa de Alfonso o me daría esos papeles para que yo los llevara, lamentablemente una de mis sospechas era cierta y fue confirmada dejando fuera mis planes.

-          Espera solo un momento mientras llamo al cochero, tengo unos... asuntos pendientes que atender con Alfonso por lo que iré al palacio y te acompañare, aunque no me hayas dejado dormir anoche – sonrió vacilante – además podré verte tocar por primera vez desde que tu madre enfermo.

Asentí y me giré nuevamente hacia la puerta para salir y esperar el carruaje sentado en las escaleras de la entrada. "Esto va mal" pensaba mientras el carruaje se aproximaba a mí.

-          Buenos días mi señor, su padre...

-          Lo sé – me levante – no necesitas decir más – abrí la puerta por mí mismo y subí al carruaje, solo tuve que esperar unos minutos para que mi padre hiciera lo mismo y emprendiéramos viaje hacia la residencia de  Alfonso.

Con mi padre ahí no sería capaz de pedirle a Alfonso lo que pensé anoche, no me sentía capaz de hacerlo, en seguida se daría cuenta de lo que me sucede, de porque he estado comportándome tan extraño y de porque me esforcé tanto en la melodía que se escuchó toda la noche en mi hogar.

Cuando llegamos por fin al palacio una de las sirvientas a cargo de Selene fue quien nos recibió, dado que esta vez no estaba acompañada por la pequeña que robaba toda mi atención pude observarla bien. De cabello castaño, recogido con un gran moño negro y unos finos lentes sobre el rostro, esa chica era en realidad bastante atractiva, su piel estaba algo tostada por el sol del verano, pero sin duda era una chica atractiva, incluso, seria digna de recibir el apelativo hermosa, de no ser por su expresión de seriedad absoluta. Ahora que recordaba mejor, ella era quien siempre estaba sosteniendo a Selene cuando ella huía de sus criadas, su semblante adusto causaba en realidad un contraste enorme cuando lo compraba con el hermoso rostro y la expresión de inocencia de aquella niña que ocupaba mis pensamientos de día y de noche, sea como sea, aquella criada después de una seca bienvenida nos dijo que esperáramos en la sala principal mientras llamaba a su patrón.

Mi padre y yo quedamos a solas por lo cual comenzó a bromear acerca de esa criada diciéndome que yo ya estaba en edad de contraer matrimonio y bromeando con que debería buscarme una chica divertida que lograra quitarme aquella seriedad mía, él no sabía que en ese mismo lugar vivía aquella persona que lograba que a pesar de las desgracias yo sonriera de vez en cuando.

Luego de que Alfonso llego a donde nos encontrábamos esperando, cambiamos de habitación a la misma sala donde toque la vez pasada, no me atreví a hacer mi petición, menos ahora que mi padre acaba de sacar a luz el tema del matrimonio, conociéndolo, bromearía con que me casara con la joven Selene y no sería capaz de mantener el porte en esa situación haciendo que mi fachada se viniera abajo.

Comencé a tocar suavemente, luego de horas de practica la melodía estaba grabada en mi cuerpo y memoria, incluso esta ya salía naturalmente, pura perfección.  Seguía sorprendiéndome aquella niña, como ella sin saberlo me inspiraba a mejorar cada día.

Una vez que termine, mi padre aplaudió con fuerza mientras Alfonso se quedó en silencio, unos momentos después se llevó las manos al rostro dirigiéndose a mí  con una voz que era muestra fidedigna de que el poderoso gobernante de nuestra nación, estaba llorando.

-          F-fue hermoso... no había escuchado esa melodía desde hace años.. ¿Cómo?... ¿Cómo fue que descubriste esa tonada? ¿Cómo te enteraste de ella?

Al retirar sus manos, podía ver como gruesas lagrimas caían por su rostro, su pregunta no me la esperaba ¿Cómo fue que no pensé en esa posibilidad? , pensé en mentir, pero al ver ese rostro llorando no pude evitar una respuesta honesta.

-          La última vez que vine aquí, mientras me refrescaba encontré a su hija, platicamos un momento y ella me la recomendó para usted, me alegra que le haya gustado tanto.

Limpiándose las lágrimas mientras mi padre le daba suaves palmadas en la espalda en señal de apoyo Alfonso me agradeció honestamente e hizo otra cosa que no esperaba.

-          Traigan a Selene aquí – dijo con voz fuerte mientras uno de sus sirvientes de quien no había notado presencia asintió  - ella también debe escuchar esta melodía ¿No te molesta verdad? Si no es mucha molestia me gustaría que la tocaras de nuevo para mi hija, y para mí.

Mi corazón dio un vuelco, intentando contener mis nervios conteste.

-          No me molestaría en lo absoluto.

Mi voz sonó tan neutral a la situación como pudo, tratando de hacer como si no fuera la gran cosa, mientras el sirviente salía de la sala en búsqueda de mi querida Selene.

CantarellaDonde viven las historias. Descúbrelo ahora