Capítulo XX: Un príncipe para Rosella

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La visita de Madame Karin no se hizo esperar, en lo que entré a mi habitación lo hizo tras mío.

 — Querido, primero que nada, quiero felicitarte, la señora Agreste incluyó un poco más de dinero en tu paga, se nota que hiciste un buen trabajo — sacó un enorme fajo de billetes con el cual se abanicó de forma burlona.

— Gracias Madame — respondí sin ninguna expresión en mi rostro, no me agradaba nada esa mujer.

— Lamentablemente ya sabes las reglas... — se guardó descaradamente el fajo entre sus pechos — aunque... sabes Dante, hay una manera en la que puedes tener una ganancia extra, una que realmente sea para que te des algún gusto, una joya, ropa nueva, una chica...  —carcajeó al mencionar lo último.

— ¿Puedo saber de qué se trata?

— Si no me acompañas, no lo sabrás  — sonrió y salió de la habitación.

Dejé de lado todo pensamiento para seguirla hasta donde se encontraban las mesas, el acto de Giselle había terminado, ahora era otra bailarina la que ocupaba su lugar en el escenario. El señor que había visto instantes atrás se levantó y me saludó cortésmente mientras me miraba de arriba hacia abajo. Creo que esperaba otra clase de persona.

- Parece un noble.

- Te lo dije – sonrió triunfante – Dante, toma asiento – me dio una palmada en el trasero para invitarme a acompañarlos, lo hice sin dudarlo, su gesto fue desagradable y no buscaba que se repitiera – como te comenté tenemos una misión para ti, una muuuy especial.

No dije nada, solo fingí sorpresa, realmente lo único que me interesaba era cómo podría aprovechar la situación para salir de ese horroroso lugar.

— Bueno, primero me presento, soy Ernesto Modellory, seguramente has escuchado de mi familia — no hice gesto alguno, no quería ofenderlo, pero al escuchar su apellido nada referente vino a mi cabeza — pero eso no importa en este momento — contestó ante mi incomodidad e hizo una pequeña pausa — necesito que... te encargues de mi pequeña y única hija, Rosella.

— No solo eso, ya cuando la tengas aquí — Madame extendió su mano abierta con una pequeña moneda y después la tiró — la dejarás caer... debes estar consciente de que es una noble, y ¡es obvio que no puede estar con un chico como tú! — hizo una pausa para componer su exalto  —... Pero queremos que le pongas los pies sobre la tierra, que vea que no existe un príncipe azul.

 — Sólo eso, nada más, no quiero que te aproveches de ella, tiene un serio problema para diferenciar la realidad de la fantasía.

—¿Y qué haré? — pregunté con seriedad, debía convencerlos de que era totalmente apto para la labor.

— No voy a llevarte a casa, le he presentado chicos y eso no funciona, siempre encuentra la manera de resaltar sus defectos. Mañana irá a la biblioteca central de Llyrian, no sé cómo, pero quiero que la cautives, me dijeron que eres un profesional, y por ello estoy pagando.

Asentí y escuché algunas otras cosas más que no fueron de relevancia para mí, me hablaron de ella para identificarla, pero respecto a su personalidad, me sería imposible no diferenciarla de las demás chicas, parecía ser demasiado distraída, como si siempre estuviera soñando acerca de su destino amoroso. Al terminar la conversación di un apretón de manos, Madame estaba casi brincando de felicidad, pues el señor Modellory nos pagaría bastante dinero si lográbamos cumplir con el trato; incluso nos dio un adelanto. La misión especial me parecía completamente absurda, no podía creer que un padre pagara para que enamoraran a su hija y al mismo tiempo, le rompieran el corazón, supuse que tenía fuertes razones para hacerlo, pero aún así era absurdo.

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