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Vega estudió a Andria cuando regresaron al Rilsa. Su expresión era una máscara neutra que no dejaba traslucir nada de lo que estuviera ocurriendo en su interior. Sólo sus vivaces ojos violáceos daban algún indicio de sus sentimientos. Cenaron sin pronunciar palabra. Andria parecía perdida en sus pensamientos, y Vega repasaba lo que había sabido esa tarde. Creía comprender por qué había compartido esos momentos con él, si bien no lograba captar todo su significado porque no conocía en detalle lo que había ocurrido durante la Segunda Prueba de Andria, eso que la había atormentado tanto que sólo recordarlo la turbaba.

Cuando la muchacha se levantó para recoger sus platos, Vega la detuvo con un gesto. Ella asintió y permaneció callada, de pie ante él, con la vista baja, aguardando instrucciones. Vega apretó los dientes. La tristeza de su Discípula, como tantas de sus emociones, lo alcanzaba con claridad. Una conexión tan profunda resultaba inquietante.

—Esta noche hay algo más importante que lavar los platos.

—Sí, Maestro.

Vega puso una de las colchonetas sobre el suelo frente al fuego y se sentaron lado a lado, de cara al hogar. Él extendió su mano.

—Revisemos esa Segunda Prueba —dijo—. Tal vez ahora puedas descubrir cosas que en ese momento te pasaron desapercibidas.

Andria apoyó su mano en la de él con una honda inspiración. Inclinó la cabeza al cerrar los ojos y procuró relajarse mientras su mente retrocedía a aquella mañana gélida en el Campo de Deportes del Sector Occidental, seis años atrás.


Un cuadrado de cinco metros de lado había sido limpiado en el estadio al aire libre, cubierto por la copiosa nevada que cayera en la víspera. Iara ocupaba el palco, envuelta en su grueso manto de pieles, flanqueada por sus dos secretarias. Inmediatamente tras ella se había ubicado Pollux con media docena de auxiliares de Seguridad. Una fila más arriba se encontraban las cuatro Maestras restantes con sus ayudantes y las Tutoras, y el resto del personal auxiliar se había repartido a ambos costados.

Al otro lado del estadio, las Pupilas permanecían separadas en grupos con una ayudante de Pollux junto a cada uno. Todas presenciaban en completo silencio el desarrollo de la lucha entre dos muchachas en el cuadrilátero. Aquel torneo no resultaba novedad para ellas. Pollux organizaba uno cada verano, según decía, para evaluar comparativamente el progreso de los grupos. Sin embargo, nunca habían tenido que combatir tras un Ayuno de tres días, y menos aún con el debilitamiento que había implicado la Primera Prueba.

El combate acabó con la victoria de una muchacha muy rubia y pálida, de contextura delgada, dotada de una gran agilidad. Andria y sus hermanas sabían que su nombre era Vania, y la conocían porque el verano anterior había llegado a poner en aprietos a la mismísima Lune, ganadora invicta de todas las competencias de lucha.

Cuando la Pupila derrotada dejó el cuadrilátero, la ayudante de Pollux señaló a Lune. Las demás le dirigieron sonrisas alentadoras, aunque daban por descontado que vencería. Desde su lugar, Andria vio que Pollux se inclinaba hacia adelante para susurrar algo al oído de Iara. Ya en el cuadrilátero, un movimiento de Lune atrajo la atención de Andria: Lune había desatado el lazo negro de su cintura y lo enrollaba en torno a su brazo izquierdo. Señal de luto por Ilón, comprendió. La ayudante en el cuadrilátero alzó la vista hacia el palco en busca de instrucciones, y un gesto de Iara le indicó que no interviniera. Se trataba de la favorita de Pollux, bien podía perdonársele esa pequeña rebeldía.

La oponente de Lune escogió el bastón por arma, una gruesa vara de dos metros de largo. Ella prefirió luchar con las manos desnudas, para confirmar que era la mejor. La otra Pupila optó por una guardia defensiva, consciente de que su arma y ser más alta que Lune no significaba ninguna ventaja. El combate duró unos minutos. Lune recogió su manto, dirigió una orgullosa inclinación de cabeza a la Asistente y se retiró con paso firme, dejando que la otra volviera a su lugar en las gradas como pudiera.

Las Hijas de SyndrahHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora