dieciséis

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Isabella.

no sabía que responder ante la pregunta de Natalia, ella tenía razón. ¿qué éramos?

Ignacio notó mí confusión y habló.

— no sabemos— miró a la mamá— todavía— agregó.

— que lindo que estés con alguien que te haga bien— miró a su hijo como si fuera la cosa más hermosa del mundo.— no sos un pan de Dios, pero sos bueno con la gente que se lo merece. e Isabella se lo merece.

sonreí.

puse mí mano sobre la suya y miré a Ignacio, éste estaba mordiendo su labio inferior de vergüenza y sus mejillas se habían tornado a un color rosa.

—:provecho— habló.

(...)

estábamos caminando hacia mí casa con Ignacio, ya que mí papá me avisó de que estaba solo y de que era un buen momento para conocer mejor a Nacho.

— ¿estás seguro?— pregunté— mirá que te podes ir— apreté su mano.

— estoy Seguro— rió.— entremos, dale.— me animó.

abrí la puerta de mí casa y entramos.

—¿papá?— alcé un poco mí voz.

—¡ya bajo!— exclamó.

miré a Ignacio y suspiré. éste me sonrió y puso sus manos en mí cintura.

—  ¿quedo como un goma si te digo que estoy nervioso?— reí negando.— no sé si le voy a caer bien.

— a él seguro que si— lo animé — mí mamá va a ser lo más difícil.— reí y puse mis manos en sus mejillas.

Ignacio cerró los ojos ante mí tacto y suspiró.

— hola— habló mí papá bajando las escaleras.

— ho-hola— respondió nervioso, Ignacio.

mí papá se acercó a él y le extendió la mano, Nacho la aceptó y se saludaron.

— hola hija— me sonrió.

— hola— le sonreí también.

— vamos a sentarnos — apuntó a los sillones.

mí papá se sentó en uno individual e Ignacio y yo, en uno de dos cuerpos.

sabía que mí papá quería intimidarlo y eso me daba algo de gracia, ya que lo estaba consiguiendo.

tomé la mano de Ignacio y la entrelacé con la mía.

— y ¿a qué te dedicas?— preguntó mí papá.

— trabajo con mi hermano de mecánico— respondió.

— que bien— le sonrió—¿de qué cuadro sos?— apoyó sus codos en sus rodillas.

ésta fue la pregunta clave, si Ignacio respondía bien, mí papá lo iba a adorar.

— del mejor— habló— de boca.

mí papá sonrió de oreja a oreja y me miró.

— yo también

Ignacio soltó el aire que tenía en sus pulmones.

los dos empezaron a hablar de cosas la cual yo no les prestaba atención, estaba entretenida con mí celular, dejando a los dos hablar tranquilo.

— me caíste bien Ignacio— acotó riendo mí papá, dando por terminada la conversación.

— usted también— rió.

— me tengo que ir a trabajar— miró la hora, se levantó y nos saludó — nos vemos otro día Nacho, chau isa.

salió de la casa y escuchamos como arrancaba el auto.

— re capo tu papá— Ignacio besó mí mejilla.

—¿vamos arriba?— pregunté.

Ignacio me miró pícaro y asintió.

∆∆

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