cuatro

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isabella

—isabella, son las cuatro de la tarde ¿tanto pensas dormir?— ian me pegó con un almohadón.

—¿sabes lo que fue escucharte cantar por casi veinte horas?— pregunté mientras me acomodaba para seguir durmiendo.

— ¡no te duermas!— exclamó, lo ignoré y cerre mis ojos.— te venía a avisar que Ignacio, por lo que pude chusmear, está solo en la casa.

abrí los ojos y solté un suspiro.

— te veo abajo.— ian salió de la pieza, cerrando la puerta detrás de él.

me levanté y agarré mi celular, tenía muchos mensajes de mis papás, contesté solo el de mi papá, diciéndole que estaba bien, a los demás, los ignoré.

después de ducharme y arreglarme un poco, un poco bastante, bajé hacia la cocina y ahí estaban cami e ian jugando a las cartas.

— ¿querés jugar?—preguntó cami.

— no, no quiere.— interrumpió ian.— ella se va a hablar con ignacio, ¿no isabella?

asentí.

—suerte. — mi mejor amiga me sonrió.

salí de la casa, y caminé hacia la de al lado. La música súper alta molestaba un poco, pero eso no importaba ahora.

golpeé la puerta y nadie atendió ¡que estúpida! ignacio no me escucharía con la música súper alta.

caminé por el pasillo que tenía al costado de la casa y recordé el día en el que le pedí perdón.

entré por la puerta de atrás y subí las escaleras, la música cada vez se hacia más presente, me paré en frente de su puerta y suspiré.

entré sin golpear y vi a Ignacio, el estaba con su pantalón negro y sin remera, su vista se encontró con la mía y su cara no era de muy buenos amigos.

— ¿qué haces acá?— se cruzó de brazos.

—te vengo a explicar todo. — cerré la puerta. — y no me voy a ir hasta que le escuches.

antes de que ignacio intente abrir la puerta e irse, la cerré la con llave y deje la misma entre mis pechos.

— vos tampoco te vas a ir hasta que me escuches. — hablé.

ignacio suspiró y se sentó a la cama. La misma cama en la cual me pidió que intente no gemir.

al parecer, Ignacio se acordó de lo mismo y soltó una risita.

— te escucho.— habló. Ésta vez su voz no sonaba fría.

— primero; me fui de argentina, si, pero no porque yo quise, sinó porque mi mamá me obligó. — Ignacio rodó los ojos. — cambié de celular, y perdí contacto con las personas que más quería, y eso era lo que quería mi mamá, después de insistirle por varios días, pude conseguir el número de camila.

me alejé de la puerta y me apoyé en el escritorio de él.

— segundo; ese chico con el que me viste ayer, se llama ian, y solo es mi amigo.— conté. nacho pasó una mano por su pelo.— y si me viste feliz, fue porque realmente estaba segura de que ésta vez iba a hacer las cosas bien. De que me iba a quedar con vos...Perdón Ignacio.

el morocho se paró de y se acercó a mi, extraba tanto su perfume, sus abrazos, sus besos, lo extrañaba tanto a él...

rodeó sus brazos al rededor de mi cintura, apoyando su cabeza en mi hombro.

— está todo bien, isa.—susurró. — pero alejate de mi.

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