extra

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isabella.

— me siento un sapo de otro pozo.— habló ignacio mirando a su alrededor.

reí.

a mis papás los invitaron a una cena llena de gente con clase.

— estás bien.— habló mi mamá. — solo no abras la boca.

ignacio rodó los ojos y me miró.

— dios, esto está lleno de caretas, me quiero ir.—habló.

—dale, son solo unas pocas horas.— agarré su mano.— después te lo recompenso.— hablé en su oído.

me miró pícaro y sonrió. Nos adentramos al lugar y nos sentamos en la mesa asignada.

compartíamos mesa con la familia Flórez, nos odiabamos mutuamente pero aparentabamos que no.

— hola isa ¿cómo te va?— ámbar, su única hija, me miró y me sonrió falsamente.

—bien.— respondí y miré a ignacio, que tenía cara de culo y miraba la mesa.

— ¿no nos vas a presentar al muchacho?— habló el señor Flórez.

— el es ignacio, nuestro yerno.— lo presentó mi papá. — ignacio, la familia Flórez. Él es Tobías, ella es Ingrid y ella es ámbar.

— un gusto ignacio.— sonrió Tobías.

la cena transcurrió en comentarios súper ofensivos, la familia Flórez derrochaba soberbia y mis papás no se quedaban atrás.

de vez en cuando los papás de ámbar le preguntaban cosas a ignacio, el cuál le respondía de la manera más turra que existe, haciendo que éstos hagan caras raras.

ámbar de vez en cuando miraba a ignacio, y le sonreía, también lo hacía conmigo para no quedar mal.

— ignacio ¿querés bailar?— preguntó la pelirroja.

— eh, re piola.— respondió asintiendo.— ¿vamos isa?

reí y asentí.

nos paramos y fuimos hacia la pista, la cual sonaba música lenta.

puso sus manos en mi cintura y yo en su cuello.

— no los banco más. — habló. — los odio, son como tu mamá, pero más caretas.

— yo también los odio nacho. — miré hacia la mesa.

mi mamá hablaba con la mamá de ámbar y mi papá nos miraba con ternura, ignorando completamente a Tobías.

— igual es lindo estar acá con vos, bailando, esa pollera me vuelve loco. — juntó su frente con la mía.

besé sus labios con ternura y hablé.

— es una falda.— ignacio se encogió de hombros.

[...]

los papás de ambar le preguntaron a los míos por qué dejaban que su única hija se mezcle con gente de clase social baja, ignacio contestó súper mal y se pudrió todo.

— ¡por dios! ¿cómo pueden convivir con esta bestia?— preguntó ingrid.

—bestia es la que me cuelga, señora.—respondió nacho.

mordí el interior de mis cachetes para no reirme, pero lo hice al escuchar una carcajada de mi mamá.

—¿en qué te convertiste?— miró a mi mamá.

— en algo muy opuesto a vos, nos vamos.— agarramos nuestras cosas y nos fuimos de aquél lugar.

— eso fue de muy mal gusto ignacio. — reclamó mi mamá una vez dentro del auto.— pero te lo agradezco, no los aguantaba más.

agarré la mano de ignacio y nos miramos sonriendo.

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