epílogo

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Isabella; Punta del Este, Uruguay.

tres meses. Tres meses de que me fui de Argentina sin poder explicarle a Ignacio el porqué.

lo extraño tanto...

mí mamá está más tranquila, eso me alegra, mí papá está igual, de vez en cuando hablamos de Ignacio, pero no mucho, ya que sabe que me hace mal.

mi mamá me obligó a cambiar el celular y de número, cosa que ya no pueda comunicarme nunca más con Nacho.

a mis estudios lo estoy terminando gracias a internet, estoy en último año, así que termino y seguramente empiece a estudiar para ser Contadora, como mis papás. Es aburrido, pero tengo que tener un futuro asegurado.

tal vez tenga que soltarlo a Ignacio, tal vez ya sea hora de superarlo, tal vez ya tenemos que seguir con nuestras vidas, tal vez la distancia si es un problema.

¿quién iba a pensar que me terminaría enamorando de Ignacio? de un "clase baja", ¿quién iba a pensar que Ignacio me volvería loca en todos los sentidos?

unos ruidos provenientes de la planta baja llamaron mí atención.

—¿qué pasó?— pregunté bajando las escaleras.

— el imbécil de tu padre tiró el jarrón— mí mamá me miró— andá a arreglarte, nos vemos a cenar.

asentí y corrí a cambiarme.

después de unos minutos ya estaba cambiada y arreglada.

bajé nuevamente las escaleras y me senté en el sillón, esperando a mis papás.

agarré mí celular y le mandé un mensaje a Camila, la extraba, y era la única con la que tenía contacto.

Cami
en línea

t extraño...

y yo a Voss nena.
y alguien más también

no sabes la falta que me hacen

m tengo q ir, nos olemos al rato .

qué??
√√

me clavó el visto, genial. El ruido de los tacones de mí mamá se hicieron presentes en el living, guardé mí celular y me paré.

— ¿vamos?— pregunté.

mis papás asintieron y caminos hacia el auto.

durante el viaje, ninguno de los tres habló, era incómodo. Siempre hablamos de algo, pero ésta vez no.

— llegamos— miré por la ventanilla y era un restaurante, muy elegante.

nos bajamos del auto y entramos al lugar.

—¿cómo están?— una señora de unos cuarenta años nos sonrió amablemente.

—¡Ángela!— mí mamá la abrazó.— ¿y tu familia?— preguntó.

la señora apuntó hacia una mesa y ahí estaban dos chicos y un señor. El señor parecía tener más o menos la edad de Ángela, los que parecían ser sus hijos, uno aparentaba tener mí edad, y el otro unos diez años mínimo.

—mucho gusto— saludó mí papá cuando nos acercamos a la mesa.

el resto de la cena fue súper incómoda, ya que no paraban de insinuar que entre Ian y yo debía pasar algo. Prácticamente nos estaban obligando a estar juntos, no nos lo decían, pero nos tiraban indirectas.
De cómo sería si estuviéramos juntos, las cenas que tendríamos en familia, nuestros hijos, horrible.

— voy a tomar Aire— me paré.

— Ian ¿la querés acompañar?— preguntó Ángela, su mamá.

Ian se levantó de la mesa rodando los ojos y caminamos hacia la salida del restaurante.

— perdón por el momento que te está haciendo pasar mi familia— se disculpó.

— perdón por la mía— lo miré.

— si supieran que soy Gay— rió.

— ¿sos gay?— pregunté. El asintió.— entonces no hay probabilidades de que estamos juntos— sonreí.

— obvio que no— rió— pero mis papás no lo saben, y si se enteran, no lo van a aceptar.— hizo una mueca.

— la mía me alejó de la persona que más quiero— recordé a Ignacio.

—¿por eso estás acá?— asentí.

— a veces me gustaría irme— se cruzó de brazos.— dejar todo y vivir tranquilo, sin prejuicios.

— pienso lo mismo...— miré el auto de mis papás.

—¿vos decís?— preguntó entendiendo mí referencia.

—¿vos querés?— pregunté.

Ian asintió y nos sonreímos.

voy por vos Ignacio Spallatti.

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