My Little Sin, Epilogue.

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Aquella tarde se tornó cálida en Seúl. Las nubes se mostraban tan blancas y puras que, a Yoongi se le hacía difícil no sonreír.

Había terminado sus estudios hace una semana, las vacaciones de verano se hacían sentir de una forma sutil. Por las tardes se dedicaba a su trabajo de medio tiempo. Las ancianas que iban cada día a MyMang, le llenaban las mejillas de pellizcones y halagos. 

Cuando la panadería cerraba, se despedía de Jimin, Hoseok, Taehyung y Jungkook, antes de dirigirse a casa del mayor. Una sonrisa surcaba sus labios al entrar a aquel departamento, a tan solo unas cuadras de su antiguo hogar. Se descalzaba en la entrada y cerraba la puerta tras de si.

Las agujas del reloj rozaban las seis de la tarde, o al menos, eso hacían cada día que miraba el reloj, tras repetir su rutina. Se encaminaba a la cocina, tomaba un vaso de jugo de frutas, antes de sentarse frente a su regalo de cumpleaños número diecinueve. Sus manos levantaban la tapa, acariciaba las teclas y sonreía una vez más.

Si bien no era el de su infancia, aquel piano vertical color marrón, ahora, era su confidente. Chopin y  Schumann rezonaban por la estancia, al tiempo de que Bach le invitaba a despejar su mente y dejarse llevar por su imaginación.

En más de una ocasión, Nam llegaba en ese instante. Y, no importaba que tan cansado estuviese, dejaba su maletín sobre el sillón de la sala. Tomaba una de las sillas de comedor continuo, girándola con la mayor delicadeza posible; luego se mantenía a cierta distancia, sentándose en silencio, apoyaba sus antebrazos  sobre el respaldo de la silla, y descansando su mentón en ellos. Y, aquella tarde, no fue la excepción.

Yoongi mantenía los ojos cerrados, inmerso en sus melodías y sentimientos. En más de alguna ocasión, había vuelto a la realidad ahogándose en su propio llanto. Más la tristeza, dejaba paso a la sorpresa al recibir un abrazo del mayor...

Existían también otras ocasiones en las que la rabia le inundaban... Storm de Antonio Vivaldi, eran su más fiel aliado en ese tipo de ocasiones. Aunque en más de una oportunidad, era Nam quien se encargaba de disipar todo mal. 

Los besos recorrerían sus pieles, al tiempo de que el amor, el placer y la dicha les abrazarían con tal fervor, que tan siquiera ellos, eran capaces de soportar.

NamJoon por su parte, aquella noche, vió una versión pura, dulce y transparente de Yoongi. Una versión que le llevaron a preguntarse tantas cosas... 

¿Cómo es posible de que alguien pudiese dejar a un alma tan pura, en soledad? 

¿Es que Yoongi no sentía curiosidad por saber algo de quien le dio la vida?

Y finalmente...

¿Cómo es posible de que él mismo pudiese sobrevivir tanto tiempo, sin su bebé?

-Oh, Nam hyung~- El menor volvió a arrancarle de sus pensamientos,  sonriendo le con esa dulce ternura que le caracterizaba.

-Lo siento, bebé. No pude evitar admirar el mini concierto que acabas de dar. - respondió Nam, abandonando su postura para acercarse a su novio y besarle en los labios.

Una risita escapó de Yoongi, abrazó al mayor por la cintura y hundió su nariz en el pecho ajeno, inhalando ese embriagado perfume que tanto le encantaba.

"My Little Sin" (NamGi)Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora