Después de la sorpresa, pensé que Amaia estaría aún más efusiva, pero cuando vuelvo de la rehabilitación a mediodía, me la encuentro nerviosa, agitada.
¿Qué te ocurre, cuquita?
No me responde. Sus ojos me rehúyen, y eso hace que me preocupe un poco. Por la tarde, en vez de estar conmigo como de costumbre, se excusa diciendo que necesita salir a dar una vuelta para despejarse. Y reconozco que su actitud me llena de angustia.
Vuelve tarde, cuando yo ya estoy acostado. Después de las emociones del día, no podía con mi cuerpo, y mamá decidió que era hora de meterme en la cama aún en contra de mi voluntad, que era esperar a Amaia.
Oigo la puerta y los ojos, que ya se estaban cerrando, se me abren de repente. Espero muy quieto, sin moverme, con el corazón latiéndome con fuerza. Amaia saluda a mis padres y luego abre la puerta de nuestra habitación despacito, tratando de hacer el menor ruido posible. Entrecierro los ojos y la escucho acercarse por mi espalda. Me acaricia y me da un beso en la mejilla. Y no sé si me quedo más tranquilo, pero ese beso me ha parecido sincero.
Ya sabes que me lo puedes contar todo, Amaix...
Pero solo la oigo suspirar y volver a salir del cuarto sin decir palabra.
Al día siguiente, cuando me despierto, Amaia ya se ha levantado de la cama y está vistiéndose. Necesita salir temprano, pero no me dice a dónde, y esto hace que se disparen todas mis alarmas de nuevo. La miro con ojos inquisidores, pero de nuevo ella rehúye mi mirada, me da un beso en la mejilla y se marcha. No vuelve casi hasta el final de la tarde. Y para entonces, ya me siento bastante enfadado.
Nada más la siento entrar, empiezo a tocar en el teclado las notas de su nombre. Y no paro hasta que no la veo aparecer por la puerta de la habitación.
Amaia, creo que me debes una explicación.
Pero ella simplemente me echa los brazos al cuello y se lleva ahí varios minutos, respirando muy cerca de mi oreja, pero sin decir nada. Poco a poco, los latidos de mi corazón se van acompasando. Y al final se separa y me mira a los ojos. Toca mi nariz con su dedo y sonríe.
-Entonces..., ¿estás preparado para cumplir años mañana? –me pregunta.
Y, aunque no ha respondido a mi muda pregunta, sus ojos me dicen que no hay nada que temer. Y vuelvo a confiar, porque sé que, lo que quiera que le haya ocurrido a Amaia, me lo manifestará cuando se encuentre preparada. Lo sé, y no pasa nada.
Por eso, el despertar al día siguiente es uno de los más dulces que he tenido en mi vida, y eso que en los últimos meses estoy siendo muy afortunado con ellos.
Los nervios me pueden, y me despierto muy temprano. No quiero perderme el momento en el que Amaia abre los ojos y, aunque no siempre mira hacia mí, hoy tengo la suerte de que sí lo hace. Siento que está recobrando la conciencia y empieza a parpadear, cada vez más rápido. Me encanta verla abrir los ojos, porque es como verla volver a mí, sus ojos en los míos. Y esta mañana no es distinto.
Se dibuja una sonrisa somnolienta en su rostro y la veo ubicarse poco a poco, mientras parpadea perezosamente.
Gracias por seguir a mi lado, Amaix. No habría imaginado que iba a pasar este cumpleaños contigo.
Se sobresalta, probablemente porque ha recordado que no es una mañana como las demás, que tiene algo distinto. Sin palabras, se va arrimando a mi pecho y la escucho suspirar.
Trato de mover el brazo con cuidado: quiero acariciarle el pelo, enterrar mis dedos en su melena, sentirlo enmarañado y recrearme en él. Algunos mechones se me enredan, y sé que le doy tirones cuando se me van algunos movimientos descontrolados. Pero Amaia no se queja. Sigue respirando de forma regular, y se me derrite el corazón.
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El camino a casa
Fanfic"¿Te imaginas abrir los ojos y descubrir que ya nada es como antes, que estás perdido en tu propio cuerpo, que tienes que empezar de cero? Pero entonces encontré sus ojos frente a los míos, dispuestos a enseñarme... el camino a casa". En "Te presto...
