Narra Mel
Después de comer todos siguieron con sus cosas, me acerqué al ambulatorio para visitar a Ángel.
Estaba alborotado entre sus papeles.
- ¿Cómo estás? – le pregunté apoyada en el marco de la puerta
- Lo tenía aquí...dijo levantando unos papeles
- ¿Qué buscas?
- Unos apuntes que tenía... - respondió agitado
De repente, se apoyó en la mesa, perdió el color. Intentó recomponerse, dio varios pasos hacia delante y se desvaneció ante mis pies.
- ¡Ángel! – Me arrodillé rápidamente junto a él.
Le di varios golpecitos en la mejilla, al instante reaccionó. Estaba un poco aturdido y mareado, le ayudé a tumbarse en la camilla.
- ¿Qué ha pasado? – dije como si yo fuese la que se había desmayado.
- Nada... estoy muy abrumado y me ha sobrepasado. – respondió intentando recomponerse.
Me quedé un momento parada, observándolo e interpretando lo que acababa de decir.
- ¿De verdad te has desmayado por eso?
Suspiró resignado. – Acércame esa caja. – dijo señalando a una fiambrera metálica que estaba en una estantería. La abrió.
- Llevo unos días racionándome la insulina, quería que me durará lo máximo posible hasta ir a Madrid. Pensé que si no hacia grandes esfuerzos no tendría consecuencias graves.
- Ángel no puedes hacer eso. – dije cogiéndole de la mano, si necesitas algo dilo y más si es algo tan imprescindible como la insulina.
Estaba algo mareado y aturdido así que simplemente asintió. Me dio las instrucciones para administrarle el medicamento y me quedé cuidándole.
Acabamos de cenar, todos se fueron a sus cuartos. Ángel, tras pasar unas horas en el ambulatorio por la mañana, lo llevé a su cuarto y se quedó descansando el resto del día.
Nick se ofreció a ayudarme a quitar la mesa, no sé porque tienen Dani y Fer tanto recelo hacia él, es una buena persona, víctima de todo esto, como nosotros.
- Me siento extraño. – dijo mientras apilaba los platos sucios. – Y más si cabe con esto de la muerte de vuestra amiga, no he sabido reaccionar adecuadamente.
Cogí los cubiertos y ambos fuimos a la cocina.
- Es totalmente comprensible que te sientas y actúes así, pero esto nos ha pillado desprevenidos a todos. No le des más vueltas. – respondí abriendo el grifo y poniéndome a fregar.
- Si todos fuesen tan comprensivos como tú... - dijo mientras dejaba una bandeja en la pila, apoyando su mano en mi cadera.
- ¿Por qué dices eso? – pregunté mientras él volvía al mostrador.
- Vamos Mel, no sabré español, pero no soy tonto, sé que no he caído en gracia, y que tú te has comido el marrón por ello.
- Es solo que... Paré un momento. Cerré el grifo y me giré apoyándome en el fregadero. – Tienes que perdonarles, son buena gente, pero un poco territoriales.
- Si te soy sincero ellos no me importan, pero que tú hayas tenido que cargar culpas innecesarias me quema.
Se giró y metió unos cubiertos en el fregadero, yo seguía quieta, por un instante sentí su respiración en mi cuello, se me erizó la piel. Se apoyó en el mostrador, mirándome fijamente, con una sonrisa que medio dibujaban sus labios. Pasamos unos instantes así, se rio mordiéndose el labio y bajando la cabeza.
- ¿Qué te hace gracia?
- Tú
- ¿Yo? – dije sorprendida - ¿Y eso?
- Nada... - se giró y siguió con lo suyo
Fruncí el ceño, ¿A que venía eso? No quise insistir, así que me di la vuelta y seguí fregando.
Escuché sus pasos acercase a mí, sentí su cuerpo pegado al mío, su mano rodeando mi cintura de nuevo.
- Es una pena que te conformes con las migajas de alguien que ni siquiera te valora. – me susurró al oído.
Se limpió las manos con el trapo y se fue.
- Que descanses. – se despidió mientras se alejaba.
ESTÁS LEYENDO
Supervivientes
Teen FictionUna catástrofe a nivel mundial obliga a un grupo de personas muy distintas entre sí a convivir en un pueblo donde no estarán del todo a salvo.
