Narra Dani
Hacia un rato que había anochecido, habíamos dado varias vueltas al pueblo buscando, cada vez más preocupados a Miguel.
Estábamos volviendo a la gasolinera, por tercera vez, con la esperanza cada vez más escasa de encontrarlo allí.
- No esta – Negué ya empezando a desesperarme
- ¿De verdad creías que estaría? – Me preguntó René exhausta, sentándose en el suelo, mientras se apoyaba en la rueda del coche.
- ¿Qué le habrá pasado?
- Dani – dijo incorporándose – no le ha pasado nada, estará por ahí buscándonos, lo mejor que podemos hacer es quedarnos aquí y esperar a que se le ocurra volver
- Tenemos que volver – dije dándome media vuelta, camino del pueblo
- ¡Dani! – corrió hacia mí y me detuvo – Ya es de noche, no encontraremos nada que no hayamos encontrado ya – me di la vuelta y abrí el maletero del coche. Saqué una linterna
- Quédate tú, si quieres. Pero yo me vuelvo a buscarlo – suspiró indignada, cogió otra linterna y corrió hacia mí.
- ¿De verdad crees que lo encontraremos? – me preguntó en voz baja mientras recorríamos una estrecha calle.
- No sé qué está pasando, ni porque ha desaparecido, pero es mi amigo y no podemos dejarlo así. – se quedó callada un momento y en mitad de un silencio solo roto por el ruido de nuestros pasos me dijo.
- También es mi amigo, pero tenemos que ponernos en lo peor.
Desembocamos en la misma plaza donde vimos la bolsa de patatas tirada en el suelo.
- Me niego a pensar eso
- ¿Has oído eso? – dijo mientras ambos analizábamos ese débil sonido que provenía de nuestra derecha.
René llevo lentamente la mano a la empuñadura de la pistola cuando una luz nos sacudió de frente y quedamos cegados momentáneamente.
- Yo que tu dejaba esa mano quieta – dijo una voz tras la luz.
Tras apartar el foco de su linterna de nuestros ojos, y estos adaptarse al cambio, pudimos ver a un hombre joven, tal vez de mi edad, apuntándonos con una pistola y cara de pocos amigos. René y yo nos miramos, ¿Quién coño es este? Me dijeron sus ojos.
- ¡Ey chicos, están aquí! – gritó apartando su atención un momento de nosotros.
Entonces René le pegó una patada en la mano, haciendo que la pistola saliera disparada en medio de la calle y le pegó un tiro en la pierna. Cogió la pistola de aquel tío y salió corriendo agarrándome del brazo.
Corrimos calle abajo, sin saber muy bien de que huíamos, escuchamos otros hombres hablar y correr tras nosotros, al acabar la calle giramos hacia la izquierda y seguimos avanzando rápidamente.
- ¡Pégate a la pared! – me intentó susurrar ella.
¿Quiénes eran esos? – yo todavía seguía en estado de shock
Acabamos la calle, René paró en seco y se agachó, yo hice lo mismo.
- ¿Qué demonios? – entonces vimos pasar una ranchera con seis hombres armados dentro. Pasaron de largo y René cruzó la calle agachada, yo seguía flipando con la situación.
- ¡EH! Vamos, no te quedes parado – me dijo desde el medio de la calle.
- ¡Están ahí! – escuché una voz que se aproximaba hacia mí por detrás. Salí corriendo, perdí a René, que salió corriendo hacia la otra calle. Yo solo pude esconderme tras un coche.
- Estaban aquí, los he visto – dijo un chico que aparentaba unos quince años.
- No estarán muy lejos entonces – dijo otro algo más mayor. Se acercó al coche tras el que estaba escondido, intenté moverme, pero el otro chico me impedía hacerlo sin ser visto. En ese momento me sentí perdido, y solo podía pensar en ella, en Mel.
De repente se escuchó un ruido en dirección contraria a la que estábamos.
- ¡Vamos están por allí! – gritó el mayor corriendo tras ese sonido
Suspiré aliviado, me dejé caer sobre el suelo, paralizado por la situación. Entonces me di cuenta de una cosa, estaba solo.
René había corrido en la misma dirección en la que esos tíos habían ido, seguramente ese ruido seria suyo.
Ir tras ellos sería un suicidio, y más desarmado. Así que caminé agachado entre los coches con la linterna apagada por miedo a ser visto. Con el pulso acelerado, el sonido de mi respiración inundaba mis oídos. No sabía qué hacer, así que vagabundeé por un par de calles oscuras y desiertas, sin dejar de ocultarme tras los coches. Llegando al final de una acera paré en seco. Escuché a alguien correr calle abajo, me agaché entre dos coches e intenté mantener la calma y prepararme para lo peor. Solo había una persona, si me abalanzaba por sorpresa tendría oportunidad de quitarle el arma que seguramente llevaría.
Caminaba un poco más despacio apuntando al frente con una linterna. Cuando llegó hasta donde yo permanecía agazapado, me abalance sin pensarlo. Caímos traspasando el ventanal roto de una tienda. Era una mujer joven, su voz me sonaba, pero en ese momento solo podía pensar en reponerme de la caída y defenderme como pudiera.
- ¿Dani? – dijo ella - ¿Qué coño haces?
- ¡René! – exclamé aliviado
- ¿Por qué no me seguiste? – me pregunto mientras me ayudaba a incorporarme
- Esos tíos vinieron muy rápido, pero pude esconderme tras unos coches, luego siguieron por donde te fuiste y tomé el camino contrario – nos agachamos y nos pusimos contra la pared por si venia alguien.
- Quise salir tras ellos y ayudarte, pero no hubiere servido de nada, iban armados. Lo siento – agaché la cabeza.
- Hiciste lo correcto, yo les distraje para que me siguieran, si no te hubieran cogido – paró y miró hacia la calle para asegurarse de estar a salvo.
- Son muchos, demasiados. Lo mejor será que subamos a una azotea y vigilemos sus movimientos, pero si son minuciosos no podremos evitar que nos pillen. – se incorporó y saltó el muro. Yo la seguí
Antes de cruzar la calle, sacó la pistola que le quitó a uno de esos tíos y me la dio.
- Así, si te vuelves a perder, estaré más tranquila – ambos reímos.
Corrimos hasta el edificio de enfrente y subimos a la azotea. Desde allí se podía ver parte de la plaza donde nos encontramos a ese tio al que René disparó y algunas calles más, me senté y me apoyé en el muro, ella se quedó mirando la calle de cuclillas a mi lado.
- Has disparado a ese tío – dije rompiendo el silencio
- Le di en una pierna, sobrevivirá
Me reí ante su aparente frialdad
- Y nosotros ¿sobreviviremos?
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Supervivientes
Fiksi RemajaUna catástrofe a nivel mundial obliga a un grupo de personas muy distintas entre sí a convivir en un pueblo donde no estarán del todo a salvo.
