Deseaba poder concentrarme en la magnífica sensación de la brisa contra mi piel, de lo increíblemente genial que se sentía poder estirar mis alas con libertad y disfrutar de pasar entre las nubes, de surcar los aires libremente, como si cualquier preocupación pudiera olvidarse de esa forma; sin embargo, mi realidad era otra, avanzando con rapidez con la ayuda de inexpertos movimientos que pronto se volvieron sincronizados, feliz de que todo dragón supiera volar sólo por el simple hecho de ser dragón.
Llegué a las cercanías del castillo y traté de pasar rápidamente por la parte del pueblo, intentando no llamar la atención, escondiéndome detrás de las inmensas nubes que anunciaban que posiblemente llovería pronto.
Sin embargo, aunque esas nubes me ayudaban a esconderme y no ser visto, no me impedían observar a través de ellas, encontrándome con que, justo detrás de ese inmenso castillo, de una especie de coliseo adherido a este, varios guardias sacaban a un dragón. Y no cualquier dragón, yo la conocía como si fuera mi hermana, pues me había criado con Mina desde que tenía uso de razón.
Ella forcejeaba lo mejor que podía contra esos humanos, pero eran tantos y la sostenían con cadenas por cada una de sus patas, otra en su hocico y una más en su cuello. Incluso su cola se encontraba firmemente sujeta, mientras la hincaban con diferentes armas y otros le lanzaban latigazos por todo su cuerpo, dejándola caer al suelo cuando forcejaba de más, pisoteándola hasta que accedía a dar otro paso.
"¡Dense prisa! ¡La reina quiere divertirse con el primer dragón de esa manada!"
"¡Es demasiado fuerte! ¡No parece una hembra!"
Los gritos ruidosos de Mina se oían claramente, escuchando después los demás gruñidos de los otros dragones, quienes estaban encerrados en ese inmenso coliseo. Sin poder contenerme más, bajé de los cielos cuando, justo ante mis ojos, observé como varios soldados escoltaban a una humana rubia que avanzaba con una sonrisa burlona. Lo relacioné, "es la reina" me repitió mi cabeza. Y lo demás fue totalmente involuntario, dejándome llevar por mi deseo de acabar con ella.
Bajé en picada contra esos hombres, aunque estos se alertaron rápidamente y sacaron sus armas. Pronto, observé varias flechas ser lanzadas hacía mí, pero conseguí endurecerme lo suficiente para que estas reboten contra mis escamas. Los guardias se volvían locos buscando cómo evitar mi ataque, pero la reina pareció tener otro plan, avanzando entre la cantidad de hombres yendo y viniendo, caminando hasta Mina y quitándole una de sus espadas a alguno de los humanos, sosteniéndola y alzándola contra el cuello de la dragona, mientras sus subordinados la sujetaban firmemente para mantenerla quieta.
Observé eso y todo mi cuerpo se detuvo, admirando los ojos vacíos de esa mujer, entendí que ella estaba totalmente dispuesta a matar a Mina si es que no me contenía. Los demás soldados dejaron de moverse cuando notaron que llegué a tierra sin ninguna especie de intención de atacarlos, y pronto me rodearon con una gran cantidad de armas.
"Siempre me han dicho... Que los dragones son muy románticos, ¿no?"
Por primera vez en mi vida oía la voz de la asesina de la mayoría de mis iguales y pude afirmar que ni en mis peores pesadillas sonaba tan horrible. Como si el mismo infierno se hubiera materializado en una persona y esa fuera su voz, la más asquerosa y repugnante que pude escuchar.
"Kirishima... Estás... Estás vivo..." Mina intentaba hablar, con su hocico contra la tierra, mientras sus ojos oscuros, tan firmes y valientes, se llenaban de lágrimas. "Nosotros creímos que tú..."
"Tranquila, Mina" Susurré en un pequeño quejido "Todo estará bien ahora, ¿si? Ya estoy aquí... Los sacaré de este lugar, sólo quédate quieta."
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El batir de sus alas | Bakugou Katsuki x Kirishima Eijiro
FanfictionAU Medieval. | Kirishima, un inmenso e imponente dragón rojo, desde muy temprana edad fue víctima de las injusticias que caían sobre sus iguales. Con el corazón lleno de dudas y una misión de vida que no deseaba, tomó la decisión equivocada y termi...
