#2O.

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"¡Están abriendo la puerta! ¡Todos calmados! ¡Manténganse firmes y que no se lleven a nadie más!"

Oí la voz de mando de Fatgum y me desperté lentamente. El suelo era jodidamente incómodo y me sentía mucho más débil que antes de caer dormido, pero conseguí apoyarme en mis propios brazos y darme media vuelta, observando la cegadora luz que entraba por la única salida de ese lugar, mientras las enormes puertas se abrían y una persona se encargaba de empujarlas.

"¡Kirishima, tú tranquilo! ¡Te protegeremos!" Escuché a Sero gruñir, mientras toda mi manada se colocaba en posición defensiva, esperando que entre esa persona.

Quise decirle a Sero que no debían protegerme, que yo era quien tenía que estarles ayudando a escapar de ahí, sin embargo, mi voz no salía. Había llorado y gritado durante tanto tiempo que al parecer inflamé mis cuerdas vocales.

Me sanaría, obviamente, incluso las heridas desaparecerían con el tiempo, pues los dragones y nuestra capacidad de regeneración era algo envidiado por muchas especies, pero las alas o alguna extremidad implicaba un nivel diferente, algo que ni nosotros podíamos recuperar.

Sin embargo, miré a uno de mis mejores amigos y continué encontrando lástima en sus ojos, del mismo modo que me imaginé él hallaba pena y arrepentimiento en los míos.

"¡Kirishima!"

Y mientras todos los dragones se sorprendían ante el grito que soltó aquel humano, yo me giré drásticamente hacía la puerta, como si sacara fuerzas de algún lugar escondido en mi pecho, mientras mi corazón se aceleraba y parecía anhelar saltar fuera de mi cuerpo. Una vez la puerta estuvo lo suficientemente abierta, la figura que brillaba demasiado para ser vista, avanzó adentrándose en el coliseo y dejándose reconocer por fin.

Estaba seguro de jamás haber visto a Katsuki tan hermoso como en ese momento. Él observó sin miedo a cada uno de los más de veinte dragones que se hallaban ahí y continuó gritando mi nombre mientras me buscaba, hasta que sus ojos se encontraron con los míos y corrió a mi lado, lanzándose al suelo y dejando que el impulso ayude a que llegue hasta donde me encontraba, tomándome en brazos rápidamente, aferrándose a mí.

"Oh mi... Mierda, Kirishima... Te encontré. Demonios, maldito dragón, juro que llegué a pensar que ya era demasiado tarde."

Su cálido cuerpo se aferró al mío con desesperación, mientras yo lo sostenía con cuidado, con temor, temiendo que la perdida de sangre me llevara a alucinar de la forma más cruel posible. Sin embargo, el dolor cuando tocó donde debería estar mis alas y ahora sólo se encontraban las raíces secas fue tan real que comprendí que ni la más fea pesadilla podía ser tan cruel como mi realidad.

"Ka... Kaaa..." Quise hablar, quise apartarlo para ver la verdad en su mirada, su reacción al saber que ahora era sólo un dragón sin alas, pero él no me lo permitió, abrazándome con más fuerza, tratando de no presionar sobre mis heridas.

"No hables, idiota, no hables... Todo... Todo va a estar bien. Maldición, te juro que todo va a estar bien, no te dejaré sólo nunca. Nunca más."

Me aferré a su cuerpo con la poca fuerza que me quedaba, mientras Katsuki hacía lo mismo y me permitía llorar en su hombro, oliéndolo, inhalando profundamente de aquel aroma que había extrañado, de la persona que más amaba, del dueño de mi corazón, de todo lo que era. Aunque no pudiera entregarle nada, todo mi ser siempre le pertenecería a él.

"Salgamos de aquí, Kirishima" Murmuró.

Nos alejamos lo suficiente para ver su rostro, encontrándome con su mirada preocupada y sus ojos llorosos. Lágrimas resbalaban por sus mejillas mientras a la vez su gesto reflejaba tranquilidad, alivio, como si encontrarme hubiera calmado una parte de su corazón, mientras otra se lamentará por no haber llegado antes.

El batir de sus alas | Bakugou Katsuki x Kirishima EijiroHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora