"Kirishima, espera... N-No muerdas ahí..."
Solté un quejido al sentir que tiró de mis cabellos, alejándome de su cuello. Suspiré al verlo jadear, totalmente sumergido en lo que yo le hacía sentir. Bonito, bonito, tan mío. Eso era lo que pasaba por mi mente cada que conseguía su aprobación para marcarlo de nuevo.
Dos semanas completas habían pasado desde que surgió en mí aquel deseo de monopolizar a Katsuki y esas ansias parecían no tener planes de detenerse. Él, sin embargo, empezaba a acostumbrarse, sentándose en el suelo cada noche y sólo dejando que me acerque entre pequeños gateos, abriendo sus brazos y separando sus piernas para colocarme ahí, sólo frotándome contra su pecho y ronroneando de la misma forma que durante el primer día.
Las caricias que Katsuki dejaba en mi cabello cuando lo hacía se sentían demasiado bien también, como si ese momento intimo fuera el único en el que recibía su cariño sincero, pues después de ello dormíamos y al día siguiente volvíamos a ser lo mismo, un sirviente y su amo sobreviviendo en medio del bosque.
Sin embargo, últimamente mis ganas de morderlo incrementaron y al ver que no me detuvo una primera vez, empecé a dejar las marcas punteadas de mis dientes sobre varios espacios de su piel mientras mi corazón se regocijaba en mi pecho, orgulloso de llenarlo de mí tanto como me era posible.
No podía comprender del todo lo que me estaba sucediendo, pero agradecía que Katsuki ponga de su parte para no hacer esos cambios más complicados. Y aunque pensé en un momento ir a la villa para hablar con Fatgum al respecto, descarté la idea al imaginar que, con sólo verme ahí, los demás me cargarían con sus preocupaciones y con mis deberes.
¿Cómo vas y le dices a tu gente que no planeas aparearte con ninguna hembra? O que no estás seguro de ser la cabeza de la familia, tampoco si tendrás hijos alguna vez, porque Katsuki era un humano y uno macho, incapaz de llevar a mis bebés en su vientre. ¿Cómo podía sólo ir y admitir que había sido corrompido, de la peor forma posible, por anhelos humanos provocados por una causa desconocida? Sería la deshonra de la manada, seguro me exiliarían de ella y, aunque eso me abriría paso para vivir con Katsuki de por vida, no deseaba que me recuerden lo mucho que mis padres debían estar decepcionados de mí para ese punto.
Porque lo sabía, seguro ellos estaban retorciéndose de dolor desde el cielo de los dragones y no podía culparlos. Tampoco podía exigir que me entiendan, únicamente esperaba algún día esos sentimientos que sólo sabían crecer, fueran aceptados por alguien. Y fue ahí cuando descubrí que no sólo Katsuki estaba huyendo de sus iguales, sino que yo ya no podía ser considerado un dragón digno, no después de caer encantado ante la belleza de la persona a la que le pertenecía.
"¿Terminaste?" murmuró.
Observé sus pupilas dilatadas y escuché sus potentes jadeos, mientras admiraba el trabajo provocado por mis dientes. Relamí mis labios y me incliné para besar sobre cada una de las marcas, oyéndolo resoplar, sacándome una sonrisa.
"¿En serio se siente tan mal?" pregunté.
"No mal" respondió con claridad "Sólo es jodidamente incómodo".
"A mí me gusta."
"Se nota, ronroneas como un puto gato de más de cien kilos... Y deja de materializar tu maldita cola, pelos de mierda, sigue pesando"
"Lo siento, es que..."
Me giré suavemente a observar la larga extremidad que surgía de detrás de mi cuerpo, bufando al verla removerse de lado a lado, como si de un perro me tratara. Concentrándome, la escondí de nuevo y acabé sólo apoyándome en el pecho de Katsuki, manteniéndome en silencio.
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El batir de sus alas | Bakugou Katsuki x Kirishima Eijiro
FanfictionAU Medieval. | Kirishima, un inmenso e imponente dragón rojo, desde muy temprana edad fue víctima de las injusticias que caían sobre sus iguales. Con el corazón lleno de dudas y una misión de vida que no deseaba, tomó la decisión equivocada y termi...
