"¡Kirishima! ¡Va hacía ti!"
Oí claramente el grito de Katsuki y sonreí emocionado, lanzándome por los aires justo cuando ese ciervo corría debajo del árbol donde antes me encontraba. Me trepé sobre su lomo y, debido a mi peso, el delgado pero veloz animal se tropezó entre sus propias patas, cayendo al suelo. Le pedí disculpas antes de matarlo y este dejó de luchar para escapar después de que nuestras miradas se encontraron. Luego saqué la cuchilla que Katsuki me había regalado y le quité la vida tan rápido como fue posible.
Los dragones teníamos un silencioso tratado con la naturaleza. Uno del que nunca se habló, pero del que se supo desde la existencia de los primeros reptiles alados en el mundo. Como seres carnívoros, necesitábamos de animales para vivir y estos parecían aceptar su destino cuando eran capturados por nuestros dientes; claro, nunca se tomaba más de lo necesario y siempre se intentaba mantener a salvo el bosque, porque ese era el ciclo, del mismo modo como, ya muertos, los dragones acabábamos siendo uno con la tierra, como los animales también lo eran. El bosque era nuestro hogar, coexistir era necesario y normal dentro del patrón de la naturaleza.
"¿Terminaste de rezarle a la carne que te comes, idiota?"
"¡No le estaba rezando!"
Le levanté de encima del animal y lo cargué con cuidado sobre mi hombro, mientras Katsuki guardaba su espada y comenzamos a caminar de regreso a la cueva.
Dos meses habían pasado desde que conocí a Katsuki. No estaba seguro de la razón, pero conocer y aprender más sobre los seres humanos se volvió algo extremadamente entretenido para mí. Katsuki poco a poco fue volviéndose, también, más comprensible ante mis ojos, aprendiendo de sus actos, de sus palabras, incluso de esos momentos en donde me tenía paciencia y me enseñaba a usar las armas humanas, o me explicaba sus estrategias de casería.
Al fin, un día antes del actual, se había animado a que lo acompañe a cazar, así que me encontraba extremadamente emocionado al serle de utilidad. Y él parecía bastante más relajado también, pues rodeando a los animales era mucho más fácil conseguir cazarlos sin tener que perseguirlos por largas distancias en ese inmenso bosque.
Bajé el cadáver del ciervo al suelo de la cueva y suspiré emocionado, estirando cada uno de mis músculos. La ropa se sentía bien ahora que me había acostumbrado a ella, pues antes pesaba mucho sobre mi cuerpo y Katsuki tuvo que regañarme varias veces por tratar de quitármela. Y, por supuesto, aún conservaba la tela que me regaló cuando apenas nos estábamos conociendo.
"¿Cuándo iremos a ver a Tsuyu-chan, Katsuki? ¡Quiero disculparme con ella de nuevo!"
"Ya deja ir esa mierda, idiota"
Katsuki se sentó en el suelo para empezar a limpiar la carne que comeríamos. Yo hice un pequeño puchero al oírlo, sólo suspirando y obedeciendo. Después de dos meses, había aprendido medianamente bien cuándo responder y cuándo no hacerlo, y a mi parecer Katsuki lo apreciaba, pues ya no me insultaba tanto como antes, a menos que realmente lo desespere con alguna de las cosas que me costaba aprender.
"Oye, Katsuki"
"¿Qué quieres?"
"¿Está bien para ti siempre estar solo?"
"¡¿Huh?!"
Me estremecí ligeramente al oír su amenazante tono. Sí, había tocado un tema que parecía no agradarle, pero de vez en cuando me picaba aquella parte curiosa y mi boca parecía no querer callarse hasta que la pregunta terminaba saliendo.
"¡N-No me lo tomes a mal! Es sólo que... Mi mamá siempre me dijo que los humanos eran seres sociables, ¿no? Como los dragones. ¿Es normal para ti no ir a la aldea ni una sola vez?"
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El batir de sus alas | Bakugou Katsuki x Kirishima Eijiro
Fiksi PenggemarAU Medieval. | Kirishima, un inmenso e imponente dragón rojo, desde muy temprana edad fue víctima de las injusticias que caían sobre sus iguales. Con el corazón lleno de dudas y una misión de vida que no deseaba, tomó la decisión equivocada y termi...
